¿Pero quien demonios querría ser “maestro”?

Por supuesto, todo depende de como definamos la palabra “maestro”.

Si es simplemente alguien que da clases a cambio de dinero, pues la única cuestión es si se gana lo suficiente.

Pero si hay una vocación de transmitir un determinado legado a una nueva generación…, ¡bufff!, ahí las posibilidades de conseguir resultados satisfactorios se complican mucho.

Hace años escribí un artículo en el que definía como veía yo la figura del maestro, en sus dos variantes más extremas, desde el punto de vista de un alumno más o menos comprometido. Ahora aquel artículo, actualizando simplemente algunos elementos circunstanciales y desde mi actual puesto de “profesor”.

Modelos de escuela

En el caso de mi experiencia dentro de la escuela del maestro Liu, la relación era realmente familiar. Inicialmente, con el maestro Liu, aprendimos que nuestro deber era aprender lo mejor posible y ayudar a los “hermanos pequeños”. También estaba claro que debíamos considerar “familia” a los compañeros. (Hay que entender que este status de “familia” ha de ser de “doble dirección”, es decir, no sólo el maestro y el resto de los compañeros han de considerar a un alumno en particular como “familia”, éste también debe ver así las cosas. En caso contrario este tipo de relación carece de sentido).
La primera vez que el que esto escribe escucho de boca del maestro Liu que “…todos aquí sois hermanos, una familia...”, pensó que el hombre no tenía las ideas muy claras. Realmente yo no quería ser “hermano” de alguno de los elementos que por allí aparecían. Y sin embargo me equivocaba. Primero, por que realmente hoy por hoy, a los compañeros de aquel tiempo, si se les considera “hermanos” y sobre todo, por que gracias a este sentimiento de unidad, la escuela en su conjunto elige una dirección de progreso común que atrae a las personalidades afines y tiende a mantener alejadas a las de características incompatibles. De esta forma, personas de buen carácter recibieron una cordial acogida y las que buscaban seguir una simple moda, el lucro o la fama personal, simplemente no se ven atraídas por nuestro grupo y nuestra dinámica.
Toda escuela tiene un aspecto “piramidal”, en la cúspide el maestro y por debajo, los alumnos más avanzados, luego los de nivel medio y finalmente, los principiantes. Según la escuela, esta estructura piramidal lógica, adopta una de estas dos líneas de actuación:

Algunas escuelas son como una pira, los alumnos nuevos son la “leña” que alimenta la escuela (sobre todo, las arcas de la escuela, con cursos, derechos de examen, cuotas, etc). Según se asciende en la jerarquía, a uno le “queman” menos cada vez, al tiempo que adquiere privilegios y según el caso, beneficios económicos. En la cúspide de la pira, se encuentra el maestro, que brilla en lo mas alto, inalcanzable para las masa de alumnos…
Este tipo de escuela suele reservar “conocimientos secretos” para los alumnos que más avanzan en la jerarquía, (que no necesariamente en su nivel y esfuerzo), con mucha más facilidad cuanto mayor sea su aportación a la caja…, permaneciendo vetados a quienes no adquieren el status de “elite”.

Luego existe otro tipo de escuela, también con una estructura “piramidal”, aunque sería más correcta la analogía de trineo tirado por perros:

A la cabeza, corriendo al lado de los perros, siempre hay una persona que los anima y dirige. En nuestro caso esa es la figura del maestro, que es quien asume este papel. Por supuesto es el puesto más fatigoso y complicado.
Detrás van los alumnos más avanzados. Su misión es “tirar” del carro, llevar a la escuela, es decir, al resto de los compañeros, a niveles cada vez más altos.
Por último, están los alumnos nuevos, que aunque también tienen su correspondiente dosis de esfuerzo, aun no tienen un alto nivel de compromiso. En nuestra analogía, salvando las distancias, ellos van subidos al trineo.

Como puede verse, el papel de alumno avanzado, no es precisamente el más cómodo (por no hablar del rol del profesor), de hecho, cuanto mayor es el nivel alcanzado, mayor es el esfuerzo que esto conlleva. ¿Por que entonces desear este puesto de “alumno directo“, “alumno interno” , “primer alumno”, etc?. Muy simple, este puesto implica más conocimientos. Esto es lo que anima a continuar, el deseo de saber más cada día. Por otro lado, este tipo de estructura, favorece que entre alumnos se comparta el conocimiento, sin grandes reservas. La razón es muy simple. Cuanto mejor sea nuestro compañero, mejor será nuestro entrenamiento de parejas y más rápido y eficaz nuestro progreso. Sin contar que también las responsabilidades se reparten….

Mención aparte merece el tema de las relaciones personales. Más aun que la enseñanza (que por supuesto es vital), lo que fundamenta la escuela es la posibilidad de compartir experiencias con personas de similares intereses. Es difícil para la mayoría de las personas, entender que uno quiera levantarse con el amanecer en frías mañanas de invierno y ponerse a entrenar, cuando lo sensato parezca quedarse en cama… También resulta reconfortante poder compartir con personas que tienen la mismas sensaciones, los distintos estados por los que se va progresando en el estudio del Taiji Quan. La práctica seria y comprometida de un arte marcial (y sospecho que de cualquier actividad que implique cambios y evolución en tantos aspectos como lo hace el TCC), supone vivir situaciones y sentimientos que sólo pueden ser comprendidos y compartidos con alguien con experiencias similares.

En una ocasión el maestro Liu comparó el aprendizaje del TCC con subir a una montaña atravesando una selva. Uno inicialmente va en coche por una autopista, con mucha gente que va en la misma dirección. Luego pasa a carreteras secundarias, a caminos de tierra. Luego debe de andar y según asciende, el camino y los compañeros van quedando atrás. Al final, uno avanza en soledad abriendo su propio camino entre hierbas y lianas. Pero que duda cabe, ayuda mucho no quedarse solo demasiado pronto en ese viaje, por más que al final uno haya de recorrerlo solo..

Y si el puesto de alumno “aventajado” es ya “complejo”, con tantos atractivos como complicaciones, el de “maestro” se las trae.

Lo siento por quien ambicione el puesto. No son más que quebraderos de cabeza, por supuesto, hablamos de alguien con vocación (y capacidad) real. Si sólo hablamos de “negocio”…, bueno, tampoco soy el mejor para ilustrar a nadie.

Pero como decía, si complejo es evolucionar uno mismo, dirigir el progreso de otros es bastante más difícil. Has de analizar en todo momento  que  necesita cada alumno en cada momento para progresar. Y lo que necesita, no siempre coincide con lo que le apetece o desea. Sería mucho más cómodo plegarse a los “deseos del cliente” , pero, ¿serviría para algo más que “caer bien“?.

Tener alumnos, te supone estar permanentemente atento para ver como están, si reciben lo que necesitan, si de verdad les das lo mejor que tienes y de un modo que les aproveche… Y todo ello de modo personalizado.

Incomprensión, ingratitud, decepción.., esas suelen ser las compañeras del que enseña con vocación y pretende dar al alumno las herramientas que le permiten progresar, por más que él no lo entienda en ese momento. Dedicar tiempo, esfuerzo e ilusión en alguien que luego decide “que esto tampoco le interesa demasiado”, al que su falta de comprensión le lleva a pensar que tú le escondes algo, o que no buscas su mejora… O ver como esa persona simplemente por circunstancias ajenas a su voluntad, no puede seguir ante imperativos laborales, familiares o de cualquier otro tipo.

¿Que te anima a seguir entonces en a brecha de la enseñanza?

Por un lado una rebeldía pertinaz a consentir que lo que te enseñaron termine sólo en ti. Algo que te obliga a seguir, porque aceptar el fracaso hace que no sólo fracases tú, sino también la ilusión que sientes que pusieron en ti tus profesores y maestros.

Y por otro, la esperanza de encontrar a gente, al menos a uno, que sea capaz de tomar el relevo algún día y que quiera hacerlo. Alguien que se te parezca en esa pasión que tu sientes por tu arte y que te haga sentir que al menos, en ti no se ha roto la cadena, y al que la vida le permita cumplir con sus deseos y tus expectativas.

Y si eres afortunado, puede que consigas rodearte de un pequeño número de personas con potencial real de llegar a ser continuadores de lo que les quieres pasar. Y entonces si que todo habrá merecido la pena.

Dedicado a mi maestro, Liu Chenyuan, a mis hermanos de escuela y a ese pequeño puñado de alumnos incondicionales que me animan a seguir cada día.

Comentario:  En este blog escribo siempre según mi punto de vista y no hay nada más que “verdades relativas”. Mis definiciones y criterios surgen de como veo y siento las cosas.

No es “la forma buena”, aunque tampoco creo que sea “la mala” . Si no te ves identificado con mi idea de “maestro”, “alumnos”, etc, ni con las obligaciones y connotaciones que yo le doy, no significa nada. Simplemente pensamos distinto.

 

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9 pensamientos en “¿Pero quien demonios querría ser “maestro”?

  1. Pingback: ¿Pero quien demonios querría ser “maestro”? | Blog de Bushi Dojo

  2. No encuentro palabras para expresarte el agradecimiento y el profundo acuerdo con cada párrafo de este artículo.
    No hay nada más tonto que entrenar “para alcanzar el grado de (rellenar con la categoría deseada)”
    Eso es, desde mi punto de vista, una perversión de los objetivos del aprendizaje..
    Alguien me dijo una vez que algunas personas las van de espirituales pero lo único que habían hecho fue cambiar ambiciones terrenales por otras más etéreas.
    Gracias, pero no por peloteo, gracias por dejar un reflejo en el que mirarse y entender las tropecientas amarguras, las veces que te dan la espalda, el desagradecimiento a tu tiempo, las lealtades faltadas…entender que con que alguien coja la antorcha después de ti en parte, aunque sólo sea en parte, todos esos quebrantos habrán valido la pena.

    Se me han aflojado las pestañas y todo.

  3. ¿llegar a donde? ¿La lejanía es una cualidad? El universo y toda la energía que en el se mueve es circular, cuando crees que has llegado al final resulta que estás en el principio.

    • Llegar aun entendimiento y conocimiento profundo y funcional de lo que haces. Hoy por hoy, esa es la meta.
      El deseo de mejorar si es una cualidad positiva, que de modo figurado en nuestro idioma, se entiende como un avance, no necesariamente espacial, sino de logros.
      El universo nadie sabe como es. Si aceptamos (que ya es mucho), que vivimos en un espacio tridimensional, con desplazamiento lineal del tiempo, el universo sería esférico y no circular.
      La energía, no es circular, la energía no tiene forma.
      Pensar que el progreso tiene final, es una forma de limitarse , pensar que da igual en que punto de tu progreso te encuentres, que es algo irrelevante, es simple conformismo. Y no da igual, a mi no me da igual no mejorar en un año, lo consideraría un año perdido. Y tampoco me gusta que se pueda comparar en rango de igualdad a quien progresa mediante su ingenio y esfuerzo con quien no lo hace, sea por la causa que sea.

  4. pero incluslo el avance es engañoso, a veces pensamos que vamos hacia adelante y luego tenemos que rectificar y viceversa, es un poco ilusión como decían los budistas, más si lo aplicamos a boxeos internos donde todo es más sutil y a veces creemos que dimos un salto cualitativo y simplemente nos desviamos y volvimos la cosa más externa…que se yo, por las dudas me voy a entrenar y si hay suerte a pasarlo bien
    (porque cuando las cosas no me salen vuelvo con un reboteeeee 😉 )

  5. El ego es muchas veces lo que motiva aciertos practicantes. Ser llamado “maestro” es para algunos muy atractivo porque alimenta enormemente su amor propio. Creo que la actitud que manifiestas es la correcta, pero no es la que adoptan muchos llamados maestros, que consideran que este simple hecho les otorga un estatus superior, en lugar de sus conocimientos, su actitud y sus conocimientos.

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