El Chikung (qigong). ¿Efectos, riesgos?.

       Tras una llamada de emergencia de un alumno que ha tenido una desagradable (aunque no grave) experiencia a consecuencia de una práctica de Chikung sin hacer caso a las normas que el mismo conlleva, he decidido hablar un poco del tema.

      ¿Que es el Chikung?. Bien literalmente la traducción es “trabajo del Chi”. Y en la práctica es una denominación extremadamente amplia en la que se recogen entrenamientos de lo mas diverso, desde meras gimnasias suaves, a ejercicios dinámicos de alta dificultad. Desde inocuos trabajos de movimiento corporal acompañados con un ritmo y modalidad respiratoria “natural” a complejos ejercicios en los que movimientos y respiración, se acoplan en intensas y extenuantes series. Desde ejercicios de simple factura y ejecución o trabajos que implican una atención extrema y que “juegan” con procesos que por lo general quedan fuera del ámbito de lo voluntario, como puede ser el control o mejor dicho el “modulado” del metabolismo.

 

                                                       ¿Es efectivo el Chikung?.

        Claro que lo es. pero hay que ser racionales. Más allá de que este tipo de trabajos puedan afectar de modos “incomprensibles”, hay que pensar que todo irá en consonancia con la constancia e intensidad de nuestro trabajo.

        Existen trabajos de Chikung “duro”, que implican un considerable esfuerzo muscular, conjugado con una presión abdominal con o sin retención de aire, o de una respiración extremadamente lenta, o de una máxima inspiración con tensión y relajación muscular perfectamente localizadas. Este tipo de ejercicios son muy “efectivos”, entendiendo por “efectivo” que aportan resultados de forma bastante evidente y rápida. Lo malo es que dichos resultados pueden no ser los esperados si cometemos errores ya sea de técnica o si los realizamos con una intensidad superior a la que permite nuestra condición física y entrenamiento previo.

      Del mismo modo que cualquiera puede levantar su propio peso en “Press de banca” (un ejercicio habitual entre quienes trabajan con pesas), nosotros podemos llevar a cabo “hazañas” equivalentes en el ámbito del Chikung. Pero lo que NO HACEN los que entrenan con pesas, es trabajar de entrada con más peso de que realmente pueden manejar. Y en los inicios ese “peso” puede parecer incluso ridículo.

      Los que piensan “que ellos si que pueden” quemar etapas sin entender que hay que “poder”, pero con seguridad y corrección y actúan por lo tanto “alocadamente”, son esos que enseguida se estancan y que además, lo hacen disfrutando de “placenteras” lesiones que les devuelven de nuevo e  inexorablemente a la cruda realidad.

      Con el Chikung, pasa exactamente lo mismo. Los ejercicios básicos o de “nivel principiante”, son los que por un lado te ponen en el tono adecuado para  poder soportar los que te esperan después, sin lesiones ni sustos y por otro, te familiarizan con lo que viene a continuación en tu entrenamiento.

        Hay que señalar que el Chikung trabaja sobre ciertas áreas y funciones que no son fácilmente cuantificables desde fuera y que visualmente no son ni llamativas ni seguramente apreciables.  Por  ello es que un ejercicio “básico”, puede ser realizado a diferentes niveles, según se hallen implicados o no determinados elementos  y según la intensidad con la que se trabajen los mismos, sin por ello diferenciarse ni visual ni “técnicamente” del mismo ejercicio realizado a un nivel más modesto.

      Igualmente, como pasa con todo en la vida, cada ejercicio de Chikung tiene sus indicaciones y contra indicaciones, efectos secundarios, posología y “normas de uso”. Pondré un ejemplo con medicamentos.

      Las aspirinas, son un medicamento relativamente inocuo. Han de tomarse acompañadas de alimento, para evitar su negativo efecto sobre el estómago y han de ser consumidas con precaución o incluso evitadas en caso de ciertas enfermedades o en interacción con otros medicamentos. Pero una persona con una salud “normal” puede tomarse tres aspirinas de golpe sin acompañarlo de ningún alimento y no por ello sufrir un grave accidente que implique hospitalización.

       Imaginemos ahora que en vez de aspirinas, nos encontramos ante barbitúricos, somníferos, antidepresivos, anti psicóticos… Aquí el mero consumo sin receta o con mayor gravedad el consumo sin atender a las normas de uso, pueden ser fatales ya a la primera ocasión.

      Volviendo al ejemplo de las aspirinas, un error puntual carece de importancia pero un consumo incorrecto prolongado en el tiempo, podría llegar a ser fatal incluso con sustancias en principio relativamente inocuas.

       Bien, el entrenamiento de Chikung comienza con el equivalente a una aspirina infantil. Y eso y no más es lo que la mayoría va a recibir, aprender y entrenar en su vida respecto a sus prácticas de Chikung. No tanto porque su práctica sea errónea, sino porque está repleta de carencias, ausencias y falta de intensidad, constancia y duración. Y es que la mayoría ni tiene acceso a expertos con un conocimiento genuino, ni está dispuesto a someterse a la disciplina que estas prácticas implican, ni tiene capacidad para soportarlas ni la necesaria “fe” inicial para comprometerse a fondo con algo que para muchos “adeptos” no pasa de ser más que una agradable práctica ocasional en un marco social de “terapias de grupo” o simplemente de ocio.

       Si nuestro entrenamiento es serio, completo y progresivo, los resultados y la propia característica de intensidad del  mismo, hacen que pasemos de una “aspirina infantil”  al equivalente en intensidad a una inyección de morfina. Lo que pasa es que para lograr con ejercicios básicos ese nivel, hay que entrenar mucho y muy duramente. En equivalencia, habría  que tomarse tal cantidad de aspirinas infantiles para lograr los efectos anestésicos de la morfina que en la práctica sería inviable.

       Por eso hay ejercicios que parten de la premisa de que uno ya puede “soportar la dosis y el efecto” de un “tazón de aspirinas” para poder iniciarse en la práctica de ejercicios de mayor nivel, dificultad y también de RIESGOS si uno hace tonterías o comete errores.

      Insisto en que el riesgo está en hacer las cosas mal (y en ese caso, el fallo se detecta en los inicios y el efecto es anecdótico), o mucho peor, en hacer “tonterías”, en cuyo caso el riesgo es evidente y ya potencialmente mucho más grave, aunque por suerte es algo poco frecuente ya que se precisa de un “tonto entrenado con mucha seriedad”, algo que en niveles de principiante-enteradillo, no es muy habitual y en niveles más avanzados resulta una conjunción altamente improbable.

      En definitiva, en nuestro ejemplo pasaríamos de las aspirinas a anestésicos más fuertes y habría que ir con ciertas precauciones.

      Por supuesto, cuanto mas nivel tiene un determinado ejercicio, menos margen para el error tenemos y ahí si que las cosas son muy serias.

       Como anécdota, cuando yo me inicié con el maestro Liu, nos hablaba en alguna ocasión de otro practicante chino, según él de muy alto nivel (superior al suyo propio), que no obstante sufrió un grave accidente entrenando Chikung, siendo afectado por una hemiplejia. Esta persona viajó a Taiwan, donde “los suyos” le curaron advirtiéndole que todo era fruto de compaginar ese entrenamiento de tanto nivel, con el estrés que le suponía su labor empresarial y los disgustos asociados a la misma.

      Llegado  España, siguió tanto con su práctica como con su negocio y unos meses después, sufrió una embolia cerebral y murió.

      Por supuesto, podemos o no creer que hay alguna relación entre ambos fenómenos, o simplemente pensar que estaba enfermo y se murió como nos pasará antes o después a todos…, pero aunque no sea más que “por si acaso”, conviene tener en cuenta las recomendaciones de quienes idearon estos ejercicios, que algo sabrían.

      Por mi parte, yo sufrí un “accidente” de baja gravedad a causa de practicar un ejercicio de forma “correcta” pero con una intensidad muy superior a la que debía. El ejercicio en cuestión implica mantener seis posturas de forma consecutiva, en apnea continua durante todas ellas, con ritmos de unos 21 segundos en cada una de ellas, acompañada con tensión muscular máxima. Esto resulta en apneas mantenidas ininterrumpidamente de más de dos minutos con tensión muscular muy intensa. Como esas eran las instrucciones, lo intenté en casa por una semana, sin lograr alcanzar estos tiempos evidentemente, pero “luchando” por conseguir esas marcas con tesón.

        Fruto de la tensión física y de la “angustia respiratoria”, la respiración que debía de ser abdominal acompañada de una intensa “presión abdominal”, fruto de la misma, se trasformó en pectoral, con “cierre” en la garganta  para evitar que se escape el aire, en vez de controlar el con el diafragma, que es lo correcto. Esto conlleva generar una fuerte presión en la zona alta del pecho y en el cuello. Como efecto secundario, a la semana de práctica empecé a sufrir unas altamente dolorosas y muy preocupantes punzadas en el corazón, que llegaban ya fuera en reposo ya en actividad.

      Enseguida consulté a mi maestro que un tanto horrorizado me dijo que esas marcas que me había dicho, eran el objetivo, una meta  a logar en un plazo de cinco o diez años (o veinte o nunca) y sobre todo FRUTO DE UNA PRÁCTICA REGULAR Y GRADUAL. Desde luego no para mi, que en base a mi nivel. debía de retener el aire entre cinco y diez segundos en cada postura y tomando y soltando aire en cada una de ellas. O sea, seis apneas de diez segundos frente a una apnea mantenida y global de más de dos minutos….

Abandoné el ejercicio por una temporada y los efectos desaparecieron de inmediato. Y cuando lo retomé, lo hice ya con un criterio más lógico, alcanzando un nivel “aceptable” en poco más de un año.

       En esta anécdota, no hay lugar a dudas, pues fue confirmada por repetición. Mi maestro hablaba en una jerga basada en el inglés que solo él y sus alumnos podíamos entender y fue a razón de mi “error”. Pero al año de la historia que cuento, mi hermano pequeño se había incorporado a los entrenamientos y sufrió exactamente los mismos problemas, a causa de una muy mal entendida prisa por obtener resultados. Y los obtuvo, por supuesto, pero no los que buscaba, sino que conoció a mis viejas amigas, las punzadas cardíacas.

       Gracias a los maestros Mantak Chia y Yang Jwing Ming entre otros, hay dos categorías de ejercicios, las basadas en la circulación del “chi” por ciertos canales y el de potenciación y reutilización de la energía sexual, que se han hecho accesibles al gran público a través de sus libros. Y eso es bueno, pues se trata de información que por diversas razones siempre a permanecido oculta o al menos de complicado acceso.

Lo “malo” es que se trata de métodos, que para evitar problemas necesitan constancia, seriedad y sobre todo realizarse de forma gradual y sensata, siempre sobre la base de trabajos previos bien consolidados, éstos si mucho más divulgados y accesibles al público y de hecho de fácil aprendizaje, aunque no tan “fascinantes”.

      Y aunque este punto es remarcado siempre por los expertos, es el que sistemáticamente ignoran los que se acercan a estos trabajo de nivel avanzado, sin la preparación previa necesaria, sin guía y sobre todo sin la cordura necesaria para entender que no es lo mismo hacer gimnasia en el parque respirando suavemente, poniendo caras bucólicas y acompañados de de mucha “tontería energética” sólo imaginada y nunca sentida, que hacer cosas más serias, del mismo modo que no es lo mismo tocar los bornes de una batería doméstica de 5 voltios, que meter los dedos en un enchufe a 220V…

        Para que no quede todo en contar cosas que no valgan para nada, voy a citar algunas “reglas”, que han de respetarse para que la práctica de Chikung sea no sólo efectiva, sino también “segura”.

1. No practiques en situaciones de máxima agitación emocional.

2. Tras practicar evita mojarte o beber, especialmente evita hacerlo con sustancias frías.

3. No entrenes bajo la lluvia, o con mucho viento. Evidentemente esto es más importante si entrenamos al aire libre que en una sala, pero a altos niveles, se hace extensivo a cualquier circunstancia. Y añado una de mi cosecha personal, no entrenes entre la niebla.

4. Descansa. Duerme correctamente, lo que implica acostarse en cuanto tienes sueño y despertarse cuando no. La práctica de Chikung reduce las horas de sueño necesarias para recuperarse del cansancio del día, lo que es bueno, pero no debe utilizarse de forma habitual, para ir más allá de los límites del propio cuerpo.

5. Come de forma adecuada. Sin excesos y sin defectos, dieta variada y sin comer hasta hartarse. según e maestro Liu, los más altos niveles están vedados a quienes no son vegetarianos, aunque él comía de todo…

6. Evita vicios como el tabaco, alcohol, ruidos, etc. No es que debas llevar una vida recluida, pero esta clase de prácticas no casan bien con un “animal de fiesta”.

7. Se moderado con el sexo. Y la moderación pasa en el caso de ciertos ejercicios por guardar periodos prolongados de castidad absoluta y en otros simplemente por dejar alardes y proezas de lado. y vivir con una cierta moderación.

8. Al terminar de entrenar, muévete un poco. No te tumbes sin más, a menos que exista una indicación expresa en la normas del ejercicio.

9. Entrena TODOS LOS DÍAS. Ser constante es lo único que te permitirá incrementar la intensidad de tus ejercicios y obtener resultados.

10. ¡HAZ CASO DE LAS ADVERTENCIAS DE QUIEN TE ENSEÑA!

       En fin, que todo se resume en que esta clase de prácticas deben acompañarse de una forma de vida tranquila, seguir las normas y hacer uso del menos común de los sentidos, el SENTIDO COMÚN.

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Tai Chi Chuan, ¿beneficios a largo plazo?.

      Otra de las frases que con más frecuencia se escucha en el mundillo del TCC es la que hace referencia a ciertos logros sensacionales que lamentablemente, sólo se alcanzan a un plazo largo o muy largo.

      Y claro, es verdad. Ciertos logros implican una madurez y experiencia que no se pueden adquirir sino tras largos años de entrenamiento diligente. Esperar obtenerlos en un plazo inmediato es de ilusos. Pero aquí es donde está la verdadera trampa, el TCC no es un arte marcial (o sistema de salud, longevidad o cualquiera que sea el objetivo que nos marquemos) con resultados EXCLUSIVAMENTE a largo plazo. Como todo método, posee beneficios a corto plazo, a medio plazo y a largo plazo. Quizás el porcentaje de cada uno de ellos sea sensiblemente diferente a frente los que se producen en actividades “similares” como otros estilos de artes marciales, deportes o artes de desarrollo personal, pero invariablemente hay logros a corto, medio y largo plazo.

       Como es lógico aventurar, una vez que se superan esos logros a alcanzar a corto plazo, se va avanzando en los que se desarrollan a medio plazo y finalmente con el tiempo, vamos alcanzando logros de la última categoría. Y es en ese orden, pues todo logro está relacionado con nuestro nivel y si no están consolidados ciertos logros básicos alcanzables a corto plazo, es de ilusos pensar en obtener logros de mayor dificultad .

      Al iniciarnos en el TCC, vamos alcanzando logros “modestos” en periodos de tiempo razonables, que a su vez son el sustento de logros más “elaborados” que llegan como fruto de la maduración de los primeros.

      ¿Cuales son esos logros ” a corto plazo” que uno debe alcanzar con relativa facilidad con la sola condición de entrenar de un modo correcto y diligente?. Los desgranaré en tres aspectos. Salud, Longevidad y Habilidad marcial.

      En el campo de la salud, me remito a la entrada anterior, pero pasan por alcanzar una resistencia ante factores externos como fatiga, calor, frío, hambre, dolor, etc, así como al equilibrio metabólico del cuerpo, con mejoras graduales en problemas de insomnio, digestivos, circulatorios, respiratorios, etc y en general, a alcanzar un razonable estado de bienestar y de salud general.

      Lamentablemente, en este ámbito de a salud, hay poco margen a pruebas y comprobaciones más allá del control estadístico. Será imposible demostrar que si no nos contagiamos de gripe, es por nuestra práctica y no “por que somos inmunes de forma natural”. Lo único a lo que podemos referirnos es al hecho de gozar de mejor salud por falta de enfermedades y al hecho subjetivo de encontrarnos “siempre” bien. Por supuesto siempre podemos intentar poner a prueba el efecto de la práctica sobre nuestra la salud, “atentando” voluntariamente contra la misma, pero sería de idiotas siquiera el plantearse hacerlo.

       En el marco de la longevidad, es evidente que de todos los logros del TCC, éste es que para quedar demostrado exige el paso de mucho tiempo, cuanto más mejor. Pero ya a corto plazo, hay varios “logros” que deben ser alcanzados. El primero es la adquisición de mecánicas corporales que eviten lesiones ya sean de carácter “activo” como caídas, lesiones tendinosas o musculares, etc, fruto de accidentes provocados por una técnica incorrecta o por carecer de los atributos que conlleva una buena práctica (fuerza, elasticidad…), así como la ausencia de lesiones “pasivas” como las causadas por malos hábitos de todo tipo, como son los posturales, alimenticios, de ocio o adicciones diversas. El deseo y la voluntad de abandonar costumbres y hábitos nocivos, son también logros a corto y medio plazo relacionados tanto con la longevidad en si misma, como con la longevidad funcional, que implica el ser independientes y capaces hasta el último momento de nuestra vida y que para mi sería la mejor definición de “Longevidad” inseparable del término “Funcional”.

      En el ámbito marcial es donde la frase de “eso es algo que llega después de muchos años” se escucha con más frecuencia. Y hay una “lógica perversa” en esta clase de afirmaciones, pues al ser la dimensión del TCC más susceptible de poder ser sometida a pruebas y comprobaciones, da poco margen al fraude y la subjetividad, por lo que genera la evidente desazón y reticencia a tratar el tema entre aquellos que carecen de toda habilidad al respecto, pero que no por ello renuncian al efecto de “aura de superioridad y misticismo” que otorgan fantásticas habilidades marciales a ser transmitidas al alumno, por supuesto en un futuro muuuuy lejano…

       Cuando una persona te dice que la habilidad marcial llega con los años, no te miente, es cierto que cuanto más entrenas y más sabes, mejor eres y que el alto nivel llega con el tiempo, pero sólo tras haber superado logros de bajo nivel e inmediato plazo de adquisición así como los de medio plazo y nivel. Pero en demasiadas ocasiones esa frase implica que quien la dice no posee ni a menor habilidad marcial, ni siquiera en los niveles más básicos e inmediatos.

    Toda persona que entrena el TCC en su dimensión marcial, esto es, forma, tuishou y aplicaciones, así como las habilidades propias de la práctica de Chikung aplicables a este ámbito, ve incrementada desde el primen momento su habilidad en la misma, del mismo modo que un niño que aprende a leer y escribir, inicialmente no sabe “nada”, en “poco tiempo” conoce las letras, luego aprende a leer palabras sueltas y asociarlas con el sonido correspondiente. Luego aprender a leer y escribir frases, a leer cuentos y libros y por último, pueden llegar a escribir sus propios textos. Y algunos llegarán a ganar el premio Nóvel de Literatura, pero sólo podemos esperarlo de aquellos que aprendieron a leer desde los estadios más “humildes” de conocimiento hasta llegar al más alto dominio de la escritura y la creatividad. En definitiva, los niveles más altos dependen de la consolidación de otros mucho más humildes y también en gran medida de la genialidad personal. 

       Cuando una persona se inicia en un arte marcial, el que sea, lo primero es aprender las técnicas y movimientos básicos. Esto puede llevar más o menos tiempo, pero un año es mucho más que suficiente para que una persona conozca una forma corta y tenga ya un cierto dominio del uso de los movimientos que ésta incluye. Es radicalmente FALSO que hasta que uno no domina la forma en toda su complejidad y detalles no puede ni debe atreverse a efectuar un estudio de las aplicaciones así como del Tuishou (empuje de manos). Y en todo caso, si las cosas fueran así, NADIE debería osar enseñar si sigue ese criterio, antes de haber alcanzado ese nivel.

     La realidad es que el estudio de las aplicaciones, así como del empuje de manos constituyen parte fundamental del entrenamiento y aprendizaje de las formas y que sin ello, dicho aprendizaje se realiza a ciegas, sin método, sin objetivo y sobre todos sin elementos de control sobre los cuales corregir nuestros INEVITABLES errores de entendimiento y apreciación del TCC y sus principios.

      En ese tiempo prudencial de uno o dos años, el estudiante debería haber practicado con compañeros aplicaciones basadas en los movimientos que ha estudiado en forma y conocer un número variable de aplicaciones diferentes para cada uno de ellos. Y dicha práctica debería empezar siendo absolutamente colaborativa por parte del compañero para GRADUALMENTE ir transformándose en una actividad cada vez más libre y sujeta a variaciones imprevistas en las acciones del compañero que habrán de ser “ajustadas” por el practicante.

      ¿Debería ser capaz el alumno de usar estos movimientos y técnicas en combate o en una situación de enfrentamiento real?. Bueno, capaz si, el que tenga buenos resultados ya es otro cantar. Aquí si que hay que admitir que el TCC es un estilo “difícil” que implica para ser eficaz estar en posesión de ciertos atributos así como un entendimiento de los sutiles principios técnicos y de estrategia del sistema que evidentemente requieren tiempo para consolidarse. Posiblemente enfrentado a un rival que tenga un tiempo de entrenamiento similar en otros estilos más “prácticos”, en los inicios la balanza se incline en nuestra contra. Pero con el paso del tiempo, los resultados se equilibran  debiendo incluso llegar a decantarse significativamente a favor del practicante de TCC, por el hecho de que hablamos de un estilo que concede gran valor  a los logros a largo plazo en relativo detrimento de los logros a corto plazo.

      Así pues, a corto plazo, un practicante serio debería de lograr mejorar su estado general de salud, siendo una persona más vital que la media, debería de aprender conductas que mejoran su capacidad de longevidad funcional y abandonar las que no. Y a nivel marcial, debería conocer y ser capaz de aplicar en entornos controlados las técnicas del estilo, así como haber alcanzado unas habilidades mínimas de adherencia, escucha y neutralización gracias a la práctica del tuishou.

      A medio plazo, las enfermedades “ocasionales” deberían haber sido prácticamente erradicadas y “contenidas” al menos las de índole crónica. A nivel de longevidad, debería notarse una evidente diferencia a nuestro favor respecto a la gente de la misma edad (aplicable esto evidentemente a adultos) y a nivel marcial, ser razonablemente capaces de hacer frente a una agresión sin armas por parte de una sola persona.

      A largo plazo, la salud ha de ser inquebrantable, con valores de analítica impropios de la edad avanzada, con unos niveles de autonomía y lucidez que no decaen con los años, así como prolongados hasta edades superiores a los 80-90 o incluso más años. Y a nivel marcial, ser capaces de enfrentarnos sin armas contra varios individuos armados y vencerles, incluso sin necesidad de hacerles daño.

      Por supuesto que los niveles a corto plazo no son sólo deseables sino razonablemente fáciles de alcanzar. Los logros a medio plazo, implican también un “medio plazo” de actividad diligente y con esa premisa, se deben alcanzar sin otra dificultad que el tiempo necesario para hacerlo.

      El “largo plazo y alto nivel”, son para muy pocos. No es muy realista basar nuestros deseos de entrenar y aprender en lograrlos, porque aunque posibles, no son de evidente consecución y precisan la unión de factores como conocimientos, constancia y diligencia, pero también a otros sobre los que no tenemos forma alguna de actuar, como es la propia genialidad personal.

       Y una última reflexión. Si a corto plazo no has obtenido resultados evidentes de mejora en los tres aspectos antes mencionados, o practicas poco, o practicas mal o no te enseñan correctamente.

      Si a medio plazo un practicante se ha estancado en logros alcanzables a corto plazo, o peor aun, no ha alcanzado ninguno de ellos, entonces ha recibido una pésima enseñanza o es que él es un pésimo estudiante y desde luego no está ni capacitado ni destinado a enseñar ni transmitir un arte que desconoce.

       Si a largo plazo, el practicante no es una persona con habilidades y características “fuera de lo normal”, estamos ante un fracaso ya de aprendizaje, ya de enseñanza o de ambos. Sin necesidad de entrar en lo “mágico” ni mucho menos, en este nivel no cabe ya el refugiarse en “eso se logra, se ve o se estudia a largo plazo” y debería haber ya muchos logros consolidados susceptibles de ser puestos a prueba a solicitud de los alumnos a los que se les promete un futuro “de espléndidos logros”.

        Ya que el TCC es un arte con miras al “largo plazo”, podemos considerar que los niveles y “grados” se alargan en el tiempo por encima de lo que pudiera parecer razonable para los términos corto, medio y largo plazo, pero desde luego, el plazo de uno a cinco años puede ser considerado “corto plazo”, entre cinco y quince años como mucho hablamos de nivel intermedio y de veinte en adelante, ya deberíamos hablar de “largo plazo” y niveles acordes con el mismo.

¿Cuales son los beneficios de practicar Tai Chi Chuan?

      Esta es una pregunta que surge con frecuencia a cerca del TCC y sobre la que hay una gran leyenda a cerca de sus milagrosas propiedades.

     Lo primero es intentar centrar en que campos es razonable esperar mejoras y en cuales no tanto. Mi maestro siempre decía que los beneficios de nuestro Tai Chi Chuan giraban entorno a tres pilares, la Salud, la Longevidad y la Habilidad Marcial.

       En esta ocasión me voy a centrar en la salud, que es donde el TCC ha logrado una mayor fama y difusión.

       En primer lugar hay que entender que el dedicar una hora a la semana a realizar una forma, como si de un lento baile de tratara, proporcionará unos beneficios muy reducidos y equivalentes a realizar un paseo de duración equivalente. Para que la práctica de una forma posea las virtudes que se le atribuyen, son muchos los factores que ha de contener en su interior y que sólo se pueden entrenar de forma efectiva tras una práctica y entendimiento prolongado en el tiempo y que suelen ser fruto de una variada colección de entrenamientos básicos y no tanto de la mera repetición de una determinada secuencia. Eso es algo que implica un trabajo muy duro y por supuesto muy alejado de la imagen de “relax” y “disfrute  perezoso” normalmente asociado a la práctica del TCC.

     El entrenamiento global pasa por la práctica de ejercicios básicos, chikung, formas y entrenamiento por parejas. La suma de todos ellos es lo que proporciona los beneficios esperados.

      ¿Que es razonable esperar del Tai Chi Chuan en el ámbito de la salud?. Lo primero que uno nota al empezar a entrenar en muchas ocasiones es un agravamiento leve de todas sus dolencias. La razón es doble, por un lado nuestra capacidad para “escuchar” al propio cuerpo aumenta notablemente y adquirimos “dolorosa consciencia” de todo lo que no va bien. La segunda es que el proceso de autocuración, suele “despertar” dolencias latentes. No obstante, esto es algo que cuando se da, resulta pasajero.

       En poco tiempo, la salud general empieza a mejorar, reduciendo y eliminando ciertos síntomas y enfermedades “menores”, como el estreñimiento, malas digestiones, trastornos del sueño, pies y manos fríos, etc. La eliminación de todas estas dolencias que en su estado más leve padece prácticamente toda la población, nos hace ser conscientes de que nuestro estado de salud “normal” es en realidad un tanto precario y una vez que uno recupera una salud “real” de normalidad se da cuenta de lo mala que era su salud y de la poca calidad de vida que tenía antes de iniciarse en el TCC.

      Personalmente, creo que nunca había podido respirar por la nariz de forma normal hasta que no llevaba ya unos meses entrenando. Eso supone que te despiertas con a garganta y la boca seca y la posibilidad de sufrir catarros, ronqueras, afonías, etc, crece de forma notable sobre quienes respiran por la nariz. No fui consciente de lo mucho que se reducía mi calidad de vida con esa forma “normal” de respirar en mi, hasta que una vez recuperado, mi alergia de primavera me taponó la nariz y me vi obligado a respirar de nuevo según los antiguos y altamente molestos patrones anteriores. Otra “dolencia menor” pero muy molesta que pasó a ser un triste recuerdo del pasado, son los pies  manos fríos, sobre todo en invierno. Los que me conocen pueden dar fe de que salvo ocasiones muy puntuales y generalmente asociadas a la falta de sueño, mis manos están siempre extremadamente calientes en invierno.

      Según uno recupera su “salud normal”, el entrenamiento continúa haciendo efecto y dolencias más graves se van mitigando o incuso desapareciendo. Así hay documentados casos de recuperación completa de migrañas, úlceras gástricas, asmas y alergias y otras dolencias de moderada gravedad. Estos logros ya implican una práctica de una duración e intensidad considerables. Es decir, esa recuperación no resulta “gratuita” sino que es fruto de un considerable esfuerzo personal.

      Simultáneamente, la “salud normal” se ve fortalecida de modo que nuestra resistencia a agentes externos se ve notablemente incrementada. Resistencia al frío, calor, sueño, hambre, sed, cansancio, etc. Y también a enfermedades “leves” como catarros, gripes, que pasan a ser recuerdos del pasado, pues no te afectan o en el peor de los casos, ponen de relieve otro beneficio del entrenamiento que es el aumento de la velocidad de recuperación, de modo que una gripe se pasa en dos o tres días y lesiones como cortes, golpes, torceduras, etc, se recuperan en tiempos más cortos de lo habitual y con menos molestias.

      ¿Es razonable esperar curaciones milagrosas por la práctica del TCC?. Pues más bien no. Todo lo que sea “milagroso” por lo general no casa bien con “razonable”. Es cierto que casi cualquier enfermedad puede curarse si el cuerpo pone en marcha sus defensas, pero el hecho de sufrir una enfermedad implica que esas defensas no han funcionado hasta ese momento y por supuesto mediante la práctica podemos fortalecerlas, pero partiendo de una situación de debilidad. Así pues los beneficios reales del TCC en el campo de la salud van más de la mano de la prevención que el de la curación.,que no negaremos, pero en la que tampoco podemos poner una fe ciega.

       Es ese estado de buena salud a prueba de bombas, lo que ha de ser objetivo del practicante y que en todo momento ha de regir la pautas de entrenamiento.

      En el argot técnico de TCC hay un término “chingshen” o “Espíritu de vitalidad”, que es nuestro objetivo último en lo que se refiere a la salud. Es un estado de vitalidad y dinamismo que en si mismo implica gozar de una excelente salud a la vez que la alegría de disfrutarla.

      ¿Como se logra alcanzar un espíritu de vitalidad intenso?. La respuesta es simple, practicando de forma constante y razonablemente intensa. De la colección de prácticas que practico habitualmente, son dos las que considero más necesarias a la vez que efectivas. La primera es la práctica constante y comprometida del  Zhangzhuang o posturas estáticas.

      Al respecto, me recuperé de forma completa y radical de un esguince de tobillo que se repetía con frecuencia dada la debilidad residual en la zona tras la lesión (una accidente corriendo en el parque). Desde entonces, en 20 años me habré “torcido el tobillo” por un traspiés tres o cuatro veces y NUNCA más ha supuesto lesión alguna. De hecho una de las primeras sensaciones que recuerdo de mis inicios es “sentir” un enorme fortalecimiento de los tendones de todo el cuerpo.

       “Chingshen” es el resultado último de una buena salud y afecta tanto a a salud física propiamente dicha como a la salud anímica, al estado de ánimo con el que te enfrentas al día a día.

      ¿Y como funciona?.

      En la teoría clásica del TCC y de la medicina china, hay complejas teorías para explicar todos los procesos, fundamentados en los conceptos de Ching (esencia), Chi (energía) y Shen (espíritu). El problema de estos conceptos es que no tienen correspondencias directa con términos de nuestro idioma y cultura.

      “Ching” o “esencia” está relacionado con la fuente de energía básica del cuerpo en su dimensión más orgánica. Dicho de otro modo, tiene que ver con el metabolismo en todas sus dimensiones. La práctica correcta, aumenta la actividad metabólica, pero manteniéndola equilibrada, que es tanto o más importante que activarlo cuando esta “adormilado”.

      El metabolismo está controlado por el sistema hormonal, que en adultos sigue este proceso básico. Las hormonas sexuales (estrógenos y testosterona), entre otros efectos, activan o reducen la actividad de las glándulas suprarrenales, cuyas hormonas, entre otras funciones, regulan la actividad del tiroides, que es quien en definitiva controla el metabolismo asociado con la nutrición. Por supuesto, todo esto es extremadamente esquemático y simplificado, pero nos da las claves de como funciona el entrenamiento de chikung (qigong) en la dimensión de la salud.

      El ejercicio físico, siempre aumenta la producción hormonal y como resultado de ello se incrementa la intensidad de los procesos metabólicos. Basta con comparar a una persona activa con una sedentaria. Sin embargo, la práctica de Chikung o de TCC en su faceta de salud, lo hacen de modo más armónico, en tanto y cuanto por un lado, está diseñado para evitar excesos durante la práctica que puedan resultar perjudiciales, como sucede en la nada saludable práctica del deporte de élite y por otro enfatiza en su acción sobre órganos y glándulas, frente a músculos en la metodología del deporte occidental.

       Sobre el Chi en este ámbito. Digamos que se trata de la herramienta que nos permite actuar sobre el “Ching” y que de forma muy simplificada, se relaciona con la respiración y la intención.

       El Shen o “espíritu”, en este ámbito de la salud, quedan en el manejo de las intenciones y actitudes. Aunque hay mucho más, podemos decir que se trata de la voluntad y actitud con la que dirigimos nuestra práctica.

       Así como relacionar Ching con el metabolismo es algo relativamente simple, no sucede lo mismo con Chi y Shen, que entra en relación con aspectos mucho menos evidentes y no fácilmente relacionables. Tan complicado que aquí termina esta entrada al respecto.

Agresividad

      Hoy he recibido la visita de un buen amigo y alumno que desde hace ya un tiempo reside fuera de España.

        Al “cruzar manos” he comprobado con orgullo que ha mejorado en su habilidad general, pero que aun mantiene un error genérico y es ser muy “pasivo” a la hora de afrontar un ataque “arrugándose” ante el mismo. Sin embargo, cuando las cosas empiezan a ponerse “feas”, hace gala de recursos y reflejos convertidos ya en automáticos que delatan una mejora de sus habilidades marciales muy evidente.

       A raíz de ésto, hemos reflexionado sobre su falta de agresividad inicial y como ha de suplirlo después recurriendo a la velocidad, fuerza y agresividad desatada y descontrolada.

      Analizando el problema, he conseguido acotarlo e identificarlo, lo que además, me permite “afinar” a un más mi habilidad, pues me he hecho consciente de los principios que uso de forma intuitiva y que desde ahora podré aplicar en su justa o al menos razonada medida.

 

                                                               Apuntar.

       Apuntar es algo fundamental. La mayoría al defender un ataque, utilizamos un modelo de pensamiento dual, en el que me defiendo de mi adversario (fase uno)  y luego contraataco una vez anulado su ataque (fase dos). El problema es que hay una separación entre ambas acciones de forma que cuando termino de defender, he de cambiar mi actitud para pasar a atacar y cambiar mi técnica de “huida” (defensa) por una de “acercamiento” (ataque).

       Por contra, lo ideal es que cuando defiendo, intento “anular” su ataque, apuntando en todo momento donde quiero contraatacar yo. Para ser más claro, cuando estoy en guardia, en todo momento vigilo como atacar sus ojos. Aunque me esté defendiendo, mi objetivo es atacar, de forma que durante la defensa vigilo un fallo en la guardia o la atención de mi rival, para entrar como continuación y parte indisoluble de mi defensa con un ataque.  Mi defensa consiste en atacar rodeando o evitando el ataque del rival, mientras persigo mi objetivo. Lo que me lleva a que para atacar, necesito antes conseguir una ventaja clara de posición, conseguir que mi rival no me esté “apuntando” con lo que no preciso estar defendiéndome, y por contra si estar yo apuntando y listo para actuar. Para conseguirlo, me baso en la habilidad de adherirme e interpretar la fuerza del rival, lo que se desarrolla gracias a la práctica del tuishou, así como a la de posicionarme, que fundamentalmente se desarrolla gracias a la práctíca del Sanshou o forma por parejas.

       Aquí hablo de actitudes al usar la palabra “apuntar”. En los clásicos hablan de tener “la actitud de un gato acechando a una rata”, tranquilo y relajado pero listo para saltar. Yo prefiero un ejemplo más de nuestros días, pero similar en su fondo, la de un francotirador que está tranquilo, apuntando al objetivo y que de forma “relajada y tranquila” dispara cuando el mismo es más vulnerable, pero sin haber dejado de apuntar incluso cuando aun no lo era. Repito que la clave en todo esto es la actitud de “fijar un blanco y evadirse de serlo”.

      En ésto, hay implícita una importante carga de agresividad, pero no de violencia o de movimiento. En esencia, te apunto todo el tiempo, si tú me apuntas a mi, me evado de tu área de puntería, pero lo hago sin dejar de apuntar y listo para “disparar” cuando yo no esté en tu punto de mira, pero tú si en el mío. Yo llevo la iniciativa en la actitud de “tenerte en mi punto de mira” y nunca cejo en ello. De ese modo yo llevo la ventaja en el tiempo, pues la confrontación la he empezado a nivel de actitud mucho antes que mi rival.

     La agresividad “explota” cuando una amenaza se hace visible. Para la mayoría, ésto significa que el rival ataca pero para mi, actuar así significa que no has estado atento y que empiezas a reaccionar demasiado tarde. La agresión no comienza con el ataque “físico” del rival, sino con el hecho de que te apunte y se posicione de forma que tú no le apuntes a él.

     No debes permitir a un rival tomar ventaja de su posición y que lo intente debe ser el detonante de tu acción y no el hecho de que él que lance su ataque. Si el rival lo ha hecho bien, defenderse en este punto será complicado y lo harás más en base  reflejos de pánico que a una técnica y estrategia superiores al mero forcejeo.    Porque además, llegados a ese punto del “pánico”, tu agresividad se dispara de modo que ya no la controlas y te obliga a ser “dual” en tus acciones, diferenciando la defensa del ataque, obligándote a ser muy rápido a nivel físico para compensar tu lentitud mental en ese estado. En este estado, recurrir a las habilidades del TCC, es cuando menos complicado y en la mayoría de los casos, un fracaso anunciado.

       Si haces bien las cosas, el resultado es que siempre partes en ventaja sobre el rival y éste ha de poseer habilidades claramente superiores a las tuyas en los ámbitos de velocidad, explosividad y reflejos para compensarlo y superarte.

       Resumiendo, toma la iniciativa de “actitud”, apuntando y tomando ventaja de la posición, impidiendo que el rival te punte y considera como una agresión, iniciando tu defensa-ataque, cualquier intento del rival por posicionarse en una situación de ventaja. Sé agresivo desde el primer momento, con un nivel de agresividad “bajo” que no te ciegue, sino que te permita centrarte en el ataque mientas te defiendes sin dejar de apuntar ni mientras evades ni mientras llevas a cabo tu ataque.

     Evidentemente, necesitarás desarrollar la tanto la actitud de “perseguir y apuntar” como las habilidades de adherencia, escucha y neutralización, así como el conocimiento y destreza en el uso de las técnicas de tu estilo para llevarlo a cabo.

     Todo lo que he comentado se apoya en poseer una técnica con lo que llevarlo a cabo, pero lo importante es la actitud y la estrategia con la que usas esa técnica. Eso es lo que he intentado plasmar hoy…

El combate

                                    El combate

 

      Este será el capítulo más breve. Dentro del combate se pueden distinguir muchas modalidades, el combate desde el punto de vista de la defensa personal, el combate deportivo, el combate en situaciones de guerra, el combate “de duelo”, el combate contra la enfermedad…

       Todo lo expuesto va dirigido a desarrollar las habilidades necesarias para afrontar el combate en el marco de la defensa personal. Bien trabajado, en el Taiji Quan, la faceta de la salud, queda totalmente cubierta. Frente al “combate deportivo”, se cometen muchos “excesos”, entrenando elementos innecesarios como el “Gongfu” y por otra parte descuidando otros, como la forma física. Frente a una situación de “duelo”, el entrenamiento podría mejorarse, pero a riesgo de limitar nuestras posibilidades en caso de una situación de defensa personal, entrenando de una forma en exceso especializada…

      Por último, en el ámbito del combate en situaciones extremas, como guerras, evidentemente el entrenamiento se debería enfocar de un modo muy distinto.

     Algo que si deberíamos tener claro a la hora de luchar es si merece la pena. Esto es algo personal. Para unos, la defensa de sus opiniones es una causa suficiente, para otros, luchar por la vida, propia o de allegados. Para algunos, nunca está justificado…

     Lo que sí debe estar claro es que cuando uno lucha, debería hacerlo por una buena causa y en ese supuesto, lo único que debería importar es no perder, así, en estas circunstancias, el factor mental-emocional estará de nuestra parte. Todo ello sin entrar en el aspecto ético, que queda fuera del objetivo de este artículo, pero que evidentemente es un factor de la máxima relevancia.

El error más común.

      Entre los practicantes de Taiji Quan, es muy común enfatizar el aspecto “neutralizante”, de forma que las habilidades del practicante pueden llegar a ser muy buenas en el ámbito “defensivo”, pero no tanto en el aspecto ofensivo.    Muchos son los que enfatizan en llegar a ser “intocables” y que de hecho, alcanzan un buen nivel al respecto, pero su capacidad para ser resolutivos con el adversario, no está a la misma altura. Si bien es cierto que el punto fuerte del Taiji Quan es su habilidad para neutralizar la fuerza del adversario y utilizarlo en su contra, también existe la habilidad de “inutilizar” al adversario, pero por alguna razón, no se enseña y/o practica con el mismo énfasis.

Conclusión

      Taiji Quan es un completo y sofisticado arte marcial. Lo que he expuesto en estas páginas no es mas que un somero acercamiento al mismo y son muchas las lagunas y omisiones.
     Algunas lagunas son involuntarias y cualquier opinión y comentario será más que bien recibido. Hay omisiones “voluntarias” en el texto. Se han omitido todas las referencias al factor espiritual y meditativo. Esto es así por que ni mi nivel de conocimientos ni me habilidad me permiten hablar de los mismos, también porque es campo abonado a la fantasía y el fraude, pero ciertamente, son factores a tener en cuenta.

Kung Fu, habilidades obtenidas tras un prolongado entrenamiento.

Kungfu

Prefacio

       Entendemos por “Kungfu (Gongfu)” toda aquella habilidad que gracias a un entrenamiento “intenso” y prolongado, nos proporciona una cierta superioridad en el dominio del cuerpo y nuestras técnicas/aplicaciones.

 

Descripción

      Existen multitud de “kungfu” que se pueden desarrollar: activos, como el endurecimiento de las armas corporales (“palma de hierro”), pasivos, como “Camisa de hierro/Campana de oro”, técnicos, como el trabajo de pasos, dominio exhaustivo de unas pocas aplicaciones, internos, como el dominio de las fuerzas del Tai Chi Chuan (Taiji Quan ) Peng, Lü, Qi…, externos, como una gran velocidad, elasticidad…

      En general, cuando uno consigue un nivel superior a la media en una cierta habilidad, a la misma se le puede considerar un “Gongfu”.

Objetivos

      El objetivo a la hora de desarrollar un determinado Gongfu es lograr un nivel tal que al ser aplicado, supere la habilidad del adversario.

Problemas

      La principal “pega” del “Gongfu” es su propia naturaleza, esto es, exige tiempo, mucho tiempo, dedicación y perseverancia. Así pues, no resulta inteligente intentar acaparar demasiadas de estas “habilidades superiores”, o sólo conseguiremos muchas “habilidades mediocres”.
Otro tema a tener en cuenta es que según el tipo de Gongfu que hallamos desarrollado, necesitaremos de otros que los apoyen, para ser útiles. Por ejemplo, si uno desarrolla mucho su velocidad, también debería hacer lo mismo de forma simultánea con su precisión, o fallará siempre, eso sí, de forma “veloz”.

      Si uno desarrolla habilidades como el enraizamiento o “palma de hierro”, debería pensar a la vez en aprender trabajos intensivos de pasos o bien a potenciar su resistencia a los golpes, pues quedarse quieto y resistir embates del contrario, sin más, o confiar en poder golpear muy duramente, pero no llegar nunca a tocar al adversario, no sirve de mucho…, este tipo de razonamiento se ha de aplicar a cada Gongfu que intentemos adquirir. Los distintos Gongfu que uno desarrolle han de ser complementarios y nunca “antagónicos” y han de ser necesariamente, pocos.

       Un grave problema es cómo conseguir adquirir el Gongfu que a uno le conviene, cómo desarrollarlo y cómo evitar graves efectos secundarios si lo entrenamos de forma errónea. La solución, la de siempre, aprender de un maestro cualificado y hacerlo correctamente.

       Para finalizar, no se puede olvidar que si uno alcanza un cierto “poder”, ha de ser capaz de controlarlo. De no ser capaz, mejor dejar pasar el tema.

El “Secreto”

      Aquí me referiré a dos cosas. Primero, que para ser realmente eficaz, un Gongfu ha de ser secreto. Es una habilidad que los demás no deben conocer, o si no, estarán prevenidos contra ella y no podremos aplicarla.

       La segunda es que el modo de transmitir estos conocimientos siempre ha sido de este modo, en “secreto”. Los niveles iniciales de cada Gongfu son muy simples y de hecho, no implican otro misterio que entrenarlos con diligencia. Sin embargo, para acceder a un mayor “poder”, es necesario entrenar de forma mas “sofisticada”, esto es algo que los maestros no desvelan a la ligera, pues el poder que uno consigue, va acompañado de la responsabilidad de controlarlo. Si no se está seguro de poder hacerlo, mejor no tenerlo y la forma más simple, es que no te lo den.

Epílogo

      Conseguir ciertos “Gongfu” es el secreto para la verdadera efectividad y basta con unos pocos, pero bien aprendidos.
Mi experiencia con ciertos maestros siempre ha sido la misma, todos tenían una habilidad en la que eran excepcionales. También sospecho que todos ellos poseían un gran “Gongfu público” que mostraban sin reservas y otro mas reservado, que guardaban como un “as en la manga”.

       Por otro lado, son el complemento de todos los entrenamientos que se han descrito. Tener un Gongfu muy poderoso, pero carecer de técnica, de salud, de calma, etc, es una pérdida de tiempo. Poseer una depurada técnica, pero no tener la habilidad de aplicarla de forma “definitiva”, es algo lamentable. La unión de técnica y Gongfu, eso es lo ideal.

Aplicaciones

Prefacio

      En el Taiji Quan las aplicaciones surgen de las formas, el modo de realizarlas, del Tuishou. Si contemplamos el hecho de que el Taiji Quan es un arte marcial, entonces el conocimiento y la pericia en las aplicaciones resultan ser algo imprescindible para su práctica correcta.


Descripción

     Las aplicaciones en el Taiji Quan pasan por cuatro tipos de técnicas, “Shuai” (Proyecciones), “Ta” (Golpes), “Tienn” (Puntos vitales) y “Na” (Luxaciones y controles).

      Cada movimiento de la forma, es susceptible de ser aplicado según cada una de estas categorías, es decir, de cada movimiento se puede obtener una aplicación en forma de proyección, luxación, golpe y todas ellas pueden llevar aparejado el ataque sobre un punto vulnerable.

       Siguiendo los principios del Taiji Quan estudiados en el Tuishou, el practicante, ante un ataque, debe procurar cerrar la distancia, para entrar en contacto y una vez logrado, pegarse, adherirse, escuchar y neutralizar la técnica del adversario. Una vez logrado (para ello habremos aplicado una técnica que anule la del adversario), aplicaremos, en función de la ventaja obtenida, una aplicación que “finalice” al adversario.

Una característica propia (aunque no exclusiva) del Taiji Quan es que la técnica de defensa, debe ser también la técnica de contraataque, es decir, se usa una sola técnica para ambas funciones. Resulta complicado de explicar, pero se traduce en que mientras que una parte del cuerpo neutraliza, la otra va buscando ya la ventaja y atacando, así pues, no es muy exacta la cronología de: defensa -> neutralización -> contraataque, mas bien, sería algo simultaneo, donde en cada instante predominase una actitud en particular en cada parte del cuerpo, pero donde siempre estarían todas presentes.

Objetivos

      Se trata aquí de aprender a utilizar las técnicas del sistema y a hacerlo según los principios del mismo, es decir, relajación, no choque de fuerzas, etc.
Aun no es combate, pero ya estamos más cerca.

Métodos de entrenamiento

    El método más lógico es analizar cada movimiento de las formas y buscar sus aplicaciones, sin olvidar las múltiples variantes. Luego con un compañero, practicarlas ante ataques predeterminados, variando según mejore la habilidad, la velocidad, fuerza, ritmo, etc.

     Para que la técnica llegue a ser un conocimiento “real”, debemos entrenarla con cuantos más compañeros podamos, mejor. La razón es que de esta manera aprenderemos a hacerlo frente a compañeros de distinta fuerza, tamaño, velocidad, actitud…

      Una buena idea es aplicarla tanto desde el contacto, en el marco del Tuishou como desde la distancia, donde aprenderemos a cerrar el hueco entre nosotros y el adversario (el trabajo de pasos es fundamental aquí).

    Cuando conozcamos de forma “completa” aplicaciones para cada movimiento de la forma, llegará la siguiente etapa.

Un paso lógico

     Una vez que aplicaciones para cada movimiento son ya conocidas, el paso lógico al entrenarlas es “resistirse” a ellas, de forma que el compañero tenga que aplicarse a fondo, (no basándose en fuerza, sino en la técnica), buscando solución a pequeños inconvenientes como son un adversario “rígido”, o un adversario “móvil”, una guardia “incómoda”, etc.

       Esto nos demostrará que la técnica que teníamos prefijada en la mente es, normalmente, imposible de aplicar como tal. Es necesario realizar pequeños ajustes en forma de pasos, dirección de aplicación de la fuerza, control del adversario…, situaciones todas que nos recuerdan al tuishou, que es donde nos nutrimos para solucionar el problema.

       Este modo de entrenar es algo que surge de forma automática en cuanto el nivel de aplicación empieza a ser algo intenso y el compañero busca como anular la incomodidad o el dolor que le produciría una técnica bien aplicada.
Con este entrenamiento aparecen las famosas “variantes” en las aplicaciones, que nos darán una gran riqueza de recursos, dando la impresión que las técnicas se multiplican a partir de unos pocos movimientos.

       Llevando este espíritu de no colaborar con el adversario, debemos intentar anular las técnicas del compañero con una contratécnica propia y de esta forma, llegar a encadenar varios ataques y contras de forma fluida, sin romper los principios básicos.

       Uno realmente conoce una técnica cuando es capaz de aplicarla en sus distintas variantes de proyección, golpe, puntos y luxación, cuando es capaz de crear pequeñas modificaciones sobre la marcha, para responder a la resistencia del adversario y por último, cuando es capaz de defenderse de ellas con otro movimiento/aplicación.

       Otra posibilidad es, al igual que hicimos con el tuishou, ir añadiendo paulatinamente, distintos grados de libertad, de forma que tengamos que responder a distintos ataques, o a un mismo ataque, pero sin especificar si llegará por la derecha o la izquierda…

       Voy a añadir aquí una anécdota del maestro Chan Kowk Wai, de Brasil, ante las preguntas de uno de sus alumnos:

     – Maestro, nosotros ¿cómo podríamos saber tantas aplicaciones de los
movimientos de los KaQi (formas) como sabe usted?

A lo que Chan contestó:
¿ Sabe por qué yo sé todas las aplicaciones de las formas? Mi maestro enseñaba muy simplemente, mostraba los usos más evidentes, simples, no los elaboraba.
De ahí que yo estudié, estudié, comparé estilos, pensé… hasta que terminé
sabiendo la mejor aplicación de cada movimiento…

        Utilizar la cabeza, improvisar y adaptarse a las diferentes variantes, en base a nuestro esfuerzo personal de investigación, nos proporcionará la mayor pericia.

Problemas

      Aquí surgen varios problemas de difícil solución en el entrenamiento, sin que exista una solución que responda de forma completa a todas las situaciones. Por un lado, existe el riesgo de volverse demasiado “blando” por miedo al dolor (propio o del compañero), de forma que las técnicas, aunque potencialmente correctas, carezcan de efectividad. El riesgo contrario es el de las lesiones, que además en algunos casos, como en las luxaciones, pueden llegar con facilidad, pues la diferencia entre una ligera molestia al aplicar un control y una grave lesión, es de unos pocos gramos extra de presión.
Una solución parcial podría ser el uso de protecciones, aunque según para qué clase de técnicas, o bien no resultan eficaces, o bien dificultan la acción, además de reducir el sentido de “alerta”.

      Otra opción, es combinar un cierto grado de control, con la práctica de ciertos tipos de QiGong (del tipo “Camisa de hierro”, etc), de forma que nuestra resistencia se vea aumentada, combinado con un compañero que no se exceda a la hora de poner las aplicaciones a prueba.

      Por último, está la posibilidad de actuar siempre con una extrema “suavidad” y cuidados para con el compañero, aunque de este modo, nuestra efectividad nunca será muy alta.
Hay que asimilar que el dolor, aunque no puede ser el protagonista de nuestras sesiones de entrenamiento, tampoco puede quedar totalmente fuera. Un cierto grado de riesgo es lo que nos hará progresar de modo más completo. El grado que cada uno quiera asumir es algo personal y que no puede forzarse en los demás.

      La práctica de las aplicaciones se puede ver afectada por los mismos problemas y errores que se han descrito en el tuishou y la solución, pasa por respuestas similares.

Epílogo

      Aunque ya se le parece mucho, las aplicaciones no son combate. De hecho, por el término “combate” se pueden entender muchas cosas, y el entrenamiento que hasta ahora se ha comentado resulta útil para responder a ciertas modalidades del mismo, como puede ser una agresión por sorpresa, pero resultan menos válidas para un enfrentamiento del tipo “duelo”.

     Nota: La anécdota sobre el maestro Chan, es cortesía del sifu Horacio Di Renzo, maestro de Artes marciales Chinas en Argentina.