Trucos, técnicas y principios.

Un “truco”.

Al empujar a un rival, pisa su pie adelantado. No solo es que vaya a caer, también sufrirá al menos una dolorosa distensión en su tobillo.

Este “truco” se basa en un principio general que consiste en mantener “hipotecada” una parte del cuerpo de tu rival, que no necesita en el mismo momento del ataque para defenderse, sino que lo precisará después. Es decir, obramos con premeditación.

De este principio general pueden generarse multitud de técnicas altamente eficaces, y lo que es más importante, el número que puede surgir de éstas a partir de un determinado principio estás sólo limitado por nuestra genialidad. Hay por ejemplo una forma “genial” de enfrentarse a un agarre doble de muñecas. Con una de tus manos agarras la otra muñeca del rival y liberas la mano que te tiene cogida con la suya, procediendo a golpearle con a mano liberada. El resultado es que “no tiene manos para defenderse”, puesto que una mano se la agarras tú y la otra…, ¡la mantiene estúpidamente cerrada con fuerza sin darse cuenta que la puede soltar para defenderse. Sólo pasados unos segundos suele uno darse cuenta que agarra con mucha fuerza cuando la impresión que se tiene es que somos agarrados. Ni que decir tiene que se te queda una cara de tonto… Lo que en este caso te “hipotecan” no es tanto tu mano, como tu capacidad de percepción, pero la idea fundamental, sigue siendo la misma.

Sin embargo, considerada cada una de estas técnicas por si sola y ajena a principio común, no admiten extrapolación alguna ni generan variantes, o lo que es más importante, técnicas claramente diferentes, frente a situaciones diferentes. Así pues, hemos de aprender y recordar una a una cada una de ellas y la capacidad de adaptación es por lo tanto reducida.

En TCC hay una serie de “principios fundamentales” que surgen del estudio de los diferentes “Clásicos”, textos que importantes maestros dictaron para conservar la esencia de su arte, más allá de lo meramente técnico, que de hecho, apenas está presente en los mismos.

No es tanto la técnica sino si la misma se ciñe o no a los principios del TCC, lo que hace de ella un ejemplo válido en TCC.

Quede claro que lo más importante de una determinada técnica no es si es o no “TCC puro”, sino si funciona. Pero dentro de que funcione, ha de ser compatible con el resto de elementos técnicos, estratégicos y teóricos del sistema si queremos que funcione sin interferencias indeseables.

Así pues, una técnica en la que inclinásemos pronunciadamente el tronco de forma lateral, podría ser útil en un determinado momento, pero incompatible con la necesidad estricta de conservar y conocer en cada momento el estado de nuestro equilibrio. Sin esta condición, el corpus técnico del TCC, no funciona, por mucho que algunas técnicas, ajenas al TCC si puedan hacerlo.

La función de los principios es protegernos. El TCC es fantástico en su aspecto marcial, pero sus técnicas, si no se cumple con ciertas condiciones, no sirven de nada resultando estrepitosamente pobres. Por contra, dentro del ámbito y los márgenes que proporcionan los principios, proporcionan resultados óptimos.

Un traje de buzo, con sus botas de plomo y su pesada escafandra, es ideal para trabajos en la profundidad marina y sin embargo es un equipamiento no sólo inútil sino pernicioso para un soldado de infantería, o para un jinete, o para no salirnos de ámbito marino, de un recolector de percebes… Pero dentro de su ámbito de trabajo, es lo mejor.

Los distintos estilos, hacen una elección sobre como van a enfrentar una situación, en base a esa elección eligen las herramientas a utilizar. Por supuesto toda elección tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Si eliges enfrentarte al rival evadiendo y entrando por los costados, probablemente serás “pobre” en defenderte de lo que entre por tu centro. El propio sistema genera medidas de protección, como ladear el cuerpo, pasos laterales y curvos, etc.

Por otra parte si tu sistema es experto en entrar “por el centro”, sabrá cubrir, controlar y gestionar todo lo que venga o esté por ese centro, pero por contra, tus costados no serán tan “fuertes”. Por ello el sistema te enseñar’a mantenerte “centrado” respecto de tu rival y a no ofrecer costado alguno.

¿Que método es mejor?. Ambos son “buenos” cuando los usas correctamente y con éxito y “malos” cuando fallas. Quizás lo mejor sea evitar la especialización y ser versátil en todos los ámbitos, pero de un modo u otro esto es sencillamente imposible, aunque no sea más que porque nadie es consciente de todos los posibles ámbitos y circunstancias en los que tendremos que usar nuestra habilidad.

Cuando empiezas a estudiar un arte marcial, aprendes técnicas de un modo “lineal”, de forma que conoces, 1, 20, 50, 600… o las técnicas que sean. Pero pronto empiezas a crear categorías (por lo general, en realidad esas categorías ya existen) que permitan “organizar” el conocimiento.

Y más allá de las diferentes categorías aparecen distintos “principios”, ya sea de movimiento, de estrategia, de coordinación… Esto reduce un número elevado de técnicas, del orden de varios centenares o miles a unas pocas decenas de principios, ejemplificados por unas pocas de esas técnicas.

Y lo que es mejor, fruto de la combinación de diferentes modos de esos principios y limitadas técnicas de ejemplo, podemos multiplicar de forma exponencialmente el número de técnicas singulares generables, sin ser necesario recordarlas una a una, sino teniendo un conocimiento pormenorizado de esos principios, “conocerlas todas”.

Lo fácil, es aprender un determinado número de “trucos” que funcionan. Extraer los principios en que se fundamentan es por supuesto algo mucho más complicado, pero enseguida da frutos, reduciendo el trabajo de memoria y práctica necesaria de diferentes técnicas, pues lo que eran innumerables cosas diferentes, pasan a ser unas pocas cosas diferentes con distintos ajustes puntuales que no precisan mayor consideración ni esfuerzo extra por ser dominados.

Es una cuestión de entendimiento. Hay técnicas “prodigiosas” que por si mismas representan un “truco” sobresaliente. Pero si conoces el principio, tendrás a tu disposición la fuente permanente de ese y muchos otros “trucos prodigiosos”.

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El Chikung (qigong). ¿Efectos, riesgos?.

       Tras una llamada de emergencia de un alumno que ha tenido una desagradable (aunque no grave) experiencia a consecuencia de una práctica de Chikung sin hacer caso a las normas que el mismo conlleva, he decidido hablar un poco del tema.

      ¿Que es el Chikung?. Bien literalmente la traducción es “trabajo del Chi”. Y en la práctica es una denominación extremadamente amplia en la que se recogen entrenamientos de lo mas diverso, desde meras gimnasias suaves, a ejercicios dinámicos de alta dificultad. Desde inocuos trabajos de movimiento corporal acompañados con un ritmo y modalidad respiratoria “natural” a complejos ejercicios en los que movimientos y respiración, se acoplan en intensas y extenuantes series. Desde ejercicios de simple factura y ejecución o trabajos que implican una atención extrema y que “juegan” con procesos que por lo general quedan fuera del ámbito de lo voluntario, como puede ser el control o mejor dicho el “modulado” del metabolismo.

 

                                                       ¿Es efectivo el Chikung?.

        Claro que lo es. pero hay que ser racionales. Más allá de que este tipo de trabajos puedan afectar de modos “incomprensibles”, hay que pensar que todo irá en consonancia con la constancia e intensidad de nuestro trabajo.

        Existen trabajos de Chikung “duro”, que implican un considerable esfuerzo muscular, conjugado con una presión abdominal con o sin retención de aire, o de una respiración extremadamente lenta, o de una máxima inspiración con tensión y relajación muscular perfectamente localizadas. Este tipo de ejercicios son muy “efectivos”, entendiendo por “efectivo” que aportan resultados de forma bastante evidente y rápida. Lo malo es que dichos resultados pueden no ser los esperados si cometemos errores ya sea de técnica o si los realizamos con una intensidad superior a la que permite nuestra condición física y entrenamiento previo.

      Del mismo modo que cualquiera puede levantar su propio peso en “Press de banca” (un ejercicio habitual entre quienes trabajan con pesas), nosotros podemos llevar a cabo “hazañas” equivalentes en el ámbito del Chikung. Pero lo que NO HACEN los que entrenan con pesas, es trabajar de entrada con más peso de que realmente pueden manejar. Y en los inicios ese “peso” puede parecer incluso ridículo.

      Los que piensan “que ellos si que pueden” quemar etapas sin entender que hay que “poder”, pero con seguridad y corrección y actúan por lo tanto “alocadamente”, son esos que enseguida se estancan y que además, lo hacen disfrutando de “placenteras” lesiones que les devuelven de nuevo e  inexorablemente a la cruda realidad.

      Con el Chikung, pasa exactamente lo mismo. Los ejercicios básicos o de “nivel principiante”, son los que por un lado te ponen en el tono adecuado para  poder soportar los que te esperan después, sin lesiones ni sustos y por otro, te familiarizan con lo que viene a continuación en tu entrenamiento.

        Hay que señalar que el Chikung trabaja sobre ciertas áreas y funciones que no son fácilmente cuantificables desde fuera y que visualmente no son ni llamativas ni seguramente apreciables.  Por  ello es que un ejercicio “básico”, puede ser realizado a diferentes niveles, según se hallen implicados o no determinados elementos  y según la intensidad con la que se trabajen los mismos, sin por ello diferenciarse ni visual ni “técnicamente” del mismo ejercicio realizado a un nivel más modesto.

      Igualmente, como pasa con todo en la vida, cada ejercicio de Chikung tiene sus indicaciones y contra indicaciones, efectos secundarios, posología y “normas de uso”. Pondré un ejemplo con medicamentos.

      Las aspirinas, son un medicamento relativamente inocuo. Han de tomarse acompañadas de alimento, para evitar su negativo efecto sobre el estómago y han de ser consumidas con precaución o incluso evitadas en caso de ciertas enfermedades o en interacción con otros medicamentos. Pero una persona con una salud “normal” puede tomarse tres aspirinas de golpe sin acompañarlo de ningún alimento y no por ello sufrir un grave accidente que implique hospitalización.

       Imaginemos ahora que en vez de aspirinas, nos encontramos ante barbitúricos, somníferos, antidepresivos, anti psicóticos… Aquí el mero consumo sin receta o con mayor gravedad el consumo sin atender a las normas de uso, pueden ser fatales ya a la primera ocasión.

      Volviendo al ejemplo de las aspirinas, un error puntual carece de importancia pero un consumo incorrecto prolongado en el tiempo, podría llegar a ser fatal incluso con sustancias en principio relativamente inocuas.

       Bien, el entrenamiento de Chikung comienza con el equivalente a una aspirina infantil. Y eso y no más es lo que la mayoría va a recibir, aprender y entrenar en su vida respecto a sus prácticas de Chikung. No tanto porque su práctica sea errónea, sino porque está repleta de carencias, ausencias y falta de intensidad, constancia y duración. Y es que la mayoría ni tiene acceso a expertos con un conocimiento genuino, ni está dispuesto a someterse a la disciplina que estas prácticas implican, ni tiene capacidad para soportarlas ni la necesaria “fe” inicial para comprometerse a fondo con algo que para muchos “adeptos” no pasa de ser más que una agradable práctica ocasional en un marco social de “terapias de grupo” o simplemente de ocio.

       Si nuestro entrenamiento es serio, completo y progresivo, los resultados y la propia característica de intensidad del  mismo, hacen que pasemos de una “aspirina infantil”  al equivalente en intensidad a una inyección de morfina. Lo que pasa es que para lograr con ejercicios básicos ese nivel, hay que entrenar mucho y muy duramente. En equivalencia, habría  que tomarse tal cantidad de aspirinas infantiles para lograr los efectos anestésicos de la morfina que en la práctica sería inviable.

       Por eso hay ejercicios que parten de la premisa de que uno ya puede “soportar la dosis y el efecto” de un “tazón de aspirinas” para poder iniciarse en la práctica de ejercicios de mayor nivel, dificultad y también de RIESGOS si uno hace tonterías o comete errores.

      Insisto en que el riesgo está en hacer las cosas mal (y en ese caso, el fallo se detecta en los inicios y el efecto es anecdótico), o mucho peor, en hacer “tonterías”, en cuyo caso el riesgo es evidente y ya potencialmente mucho más grave, aunque por suerte es algo poco frecuente ya que se precisa de un “tonto entrenado con mucha seriedad”, algo que en niveles de principiante-enteradillo, no es muy habitual y en niveles más avanzados resulta una conjunción altamente improbable.

      En definitiva, en nuestro ejemplo pasaríamos de las aspirinas a anestésicos más fuertes y habría que ir con ciertas precauciones.

      Por supuesto, cuanto mas nivel tiene un determinado ejercicio, menos margen para el error tenemos y ahí si que las cosas son muy serias.

       Como anécdota, cuando yo me inicié con el maestro Liu, nos hablaba en alguna ocasión de otro practicante chino, según él de muy alto nivel (superior al suyo propio), que no obstante sufrió un grave accidente entrenando Chikung, siendo afectado por una hemiplejia. Esta persona viajó a Taiwan, donde “los suyos” le curaron advirtiéndole que todo era fruto de compaginar ese entrenamiento de tanto nivel, con el estrés que le suponía su labor empresarial y los disgustos asociados a la misma.

      Llegado  España, siguió tanto con su práctica como con su negocio y unos meses después, sufrió una embolia cerebral y murió.

      Por supuesto, podemos o no creer que hay alguna relación entre ambos fenómenos, o simplemente pensar que estaba enfermo y se murió como nos pasará antes o después a todos…, pero aunque no sea más que “por si acaso”, conviene tener en cuenta las recomendaciones de quienes idearon estos ejercicios, que algo sabrían.

      Por mi parte, yo sufrí un “accidente” de baja gravedad a causa de practicar un ejercicio de forma “correcta” pero con una intensidad muy superior a la que debía. El ejercicio en cuestión implica mantener seis posturas de forma consecutiva, en apnea continua durante todas ellas, con ritmos de unos 21 segundos en cada una de ellas, acompañada con tensión muscular máxima. Esto resulta en apneas mantenidas ininterrumpidamente de más de dos minutos con tensión muscular muy intensa. Como esas eran las instrucciones, lo intenté en casa por una semana, sin lograr alcanzar estos tiempos evidentemente, pero “luchando” por conseguir esas marcas con tesón.

        Fruto de la tensión física y de la “angustia respiratoria”, la respiración que debía de ser abdominal acompañada de una intensa “presión abdominal”, fruto de la misma, se trasformó en pectoral, con “cierre” en la garganta  para evitar que se escape el aire, en vez de controlar el con el diafragma, que es lo correcto. Esto conlleva generar una fuerte presión en la zona alta del pecho y en el cuello. Como efecto secundario, a la semana de práctica empecé a sufrir unas altamente dolorosas y muy preocupantes punzadas en el corazón, que llegaban ya fuera en reposo ya en actividad.

      Enseguida consulté a mi maestro que un tanto horrorizado me dijo que esas marcas que me había dicho, eran el objetivo, una meta  a logar en un plazo de cinco o diez años (o veinte o nunca) y sobre todo FRUTO DE UNA PRÁCTICA REGULAR Y GRADUAL. Desde luego no para mi, que en base a mi nivel. debía de retener el aire entre cinco y diez segundos en cada postura y tomando y soltando aire en cada una de ellas. O sea, seis apneas de diez segundos frente a una apnea mantenida y global de más de dos minutos….

Abandoné el ejercicio por una temporada y los efectos desaparecieron de inmediato. Y cuando lo retomé, lo hice ya con un criterio más lógico, alcanzando un nivel “aceptable” en poco más de un año.

       En esta anécdota, no hay lugar a dudas, pues fue confirmada por repetición. Mi maestro hablaba en una jerga basada en el inglés que solo él y sus alumnos podíamos entender y fue a razón de mi “error”. Pero al año de la historia que cuento, mi hermano pequeño se había incorporado a los entrenamientos y sufrió exactamente los mismos problemas, a causa de una muy mal entendida prisa por obtener resultados. Y los obtuvo, por supuesto, pero no los que buscaba, sino que conoció a mis viejas amigas, las punzadas cardíacas.

       Gracias a los maestros Mantak Chia y Yang Jwing Ming entre otros, hay dos categorías de ejercicios, las basadas en la circulación del “chi” por ciertos canales y el de potenciación y reutilización de la energía sexual, que se han hecho accesibles al gran público a través de sus libros. Y eso es bueno, pues se trata de información que por diversas razones siempre a permanecido oculta o al menos de complicado acceso.

Lo “malo” es que se trata de métodos, que para evitar problemas necesitan constancia, seriedad y sobre todo realizarse de forma gradual y sensata, siempre sobre la base de trabajos previos bien consolidados, éstos si mucho más divulgados y accesibles al público y de hecho de fácil aprendizaje, aunque no tan “fascinantes”.

      Y aunque este punto es remarcado siempre por los expertos, es el que sistemáticamente ignoran los que se acercan a estos trabajo de nivel avanzado, sin la preparación previa necesaria, sin guía y sobre todo sin la cordura necesaria para entender que no es lo mismo hacer gimnasia en el parque respirando suavemente, poniendo caras bucólicas y acompañados de de mucha “tontería energética” sólo imaginada y nunca sentida, que hacer cosas más serias, del mismo modo que no es lo mismo tocar los bornes de una batería doméstica de 5 voltios, que meter los dedos en un enchufe a 220V…

        Para que no quede todo en contar cosas que no valgan para nada, voy a citar algunas “reglas”, que han de respetarse para que la práctica de Chikung sea no sólo efectiva, sino también “segura”.

1. No practiques en situaciones de máxima agitación emocional.

2. Tras practicar evita mojarte o beber, especialmente evita hacerlo con sustancias frías.

3. No entrenes bajo la lluvia, o con mucho viento. Evidentemente esto es más importante si entrenamos al aire libre que en una sala, pero a altos niveles, se hace extensivo a cualquier circunstancia. Y añado una de mi cosecha personal, no entrenes entre la niebla.

4. Descansa. Duerme correctamente, lo que implica acostarse en cuanto tienes sueño y despertarse cuando no. La práctica de Chikung reduce las horas de sueño necesarias para recuperarse del cansancio del día, lo que es bueno, pero no debe utilizarse de forma habitual, para ir más allá de los límites del propio cuerpo.

5. Come de forma adecuada. Sin excesos y sin defectos, dieta variada y sin comer hasta hartarse. según e maestro Liu, los más altos niveles están vedados a quienes no son vegetarianos, aunque él comía de todo…

6. Evita vicios como el tabaco, alcohol, ruidos, etc. No es que debas llevar una vida recluida, pero esta clase de prácticas no casan bien con un “animal de fiesta”.

7. Se moderado con el sexo. Y la moderación pasa en el caso de ciertos ejercicios por guardar periodos prolongados de castidad absoluta y en otros simplemente por dejar alardes y proezas de lado. y vivir con una cierta moderación.

8. Al terminar de entrenar, muévete un poco. No te tumbes sin más, a menos que exista una indicación expresa en la normas del ejercicio.

9. Entrena TODOS LOS DÍAS. Ser constante es lo único que te permitirá incrementar la intensidad de tus ejercicios y obtener resultados.

10. ¡HAZ CASO DE LAS ADVERTENCIAS DE QUIEN TE ENSEÑA!

       En fin, que todo se resume en que esta clase de prácticas deben acompañarse de una forma de vida tranquila, seguir las normas y hacer uso del menos común de los sentidos, el SENTIDO COMÚN.

Agresividad

      Hoy he recibido la visita de un buen amigo y alumno que desde hace ya un tiempo reside fuera de España.

        Al “cruzar manos” he comprobado con orgullo que ha mejorado en su habilidad general, pero que aun mantiene un error genérico y es ser muy “pasivo” a la hora de afrontar un ataque “arrugándose” ante el mismo. Sin embargo, cuando las cosas empiezan a ponerse “feas”, hace gala de recursos y reflejos convertidos ya en automáticos que delatan una mejora de sus habilidades marciales muy evidente.

       A raíz de ésto, hemos reflexionado sobre su falta de agresividad inicial y como ha de suplirlo después recurriendo a la velocidad, fuerza y agresividad desatada y descontrolada.

      Analizando el problema, he conseguido acotarlo e identificarlo, lo que además, me permite “afinar” a un más mi habilidad, pues me he hecho consciente de los principios que uso de forma intuitiva y que desde ahora podré aplicar en su justa o al menos razonada medida.

 

                                                               Apuntar.

       Apuntar es algo fundamental. La mayoría al defender un ataque, utilizamos un modelo de pensamiento dual, en el que me defiendo de mi adversario (fase uno)  y luego contraataco una vez anulado su ataque (fase dos). El problema es que hay una separación entre ambas acciones de forma que cuando termino de defender, he de cambiar mi actitud para pasar a atacar y cambiar mi técnica de “huida” (defensa) por una de “acercamiento” (ataque).

       Por contra, lo ideal es que cuando defiendo, intento “anular” su ataque, apuntando en todo momento donde quiero contraatacar yo. Para ser más claro, cuando estoy en guardia, en todo momento vigilo como atacar sus ojos. Aunque me esté defendiendo, mi objetivo es atacar, de forma que durante la defensa vigilo un fallo en la guardia o la atención de mi rival, para entrar como continuación y parte indisoluble de mi defensa con un ataque.  Mi defensa consiste en atacar rodeando o evitando el ataque del rival, mientras persigo mi objetivo. Lo que me lleva a que para atacar, necesito antes conseguir una ventaja clara de posición, conseguir que mi rival no me esté “apuntando” con lo que no preciso estar defendiéndome, y por contra si estar yo apuntando y listo para actuar. Para conseguirlo, me baso en la habilidad de adherirme e interpretar la fuerza del rival, lo que se desarrolla gracias a la práctica del tuishou, así como a la de posicionarme, que fundamentalmente se desarrolla gracias a la práctíca del Sanshou o forma por parejas.

       Aquí hablo de actitudes al usar la palabra “apuntar”. En los clásicos hablan de tener “la actitud de un gato acechando a una rata”, tranquilo y relajado pero listo para saltar. Yo prefiero un ejemplo más de nuestros días, pero similar en su fondo, la de un francotirador que está tranquilo, apuntando al objetivo y que de forma “relajada y tranquila” dispara cuando el mismo es más vulnerable, pero sin haber dejado de apuntar incluso cuando aun no lo era. Repito que la clave en todo esto es la actitud de “fijar un blanco y evadirse de serlo”.

      En ésto, hay implícita una importante carga de agresividad, pero no de violencia o de movimiento. En esencia, te apunto todo el tiempo, si tú me apuntas a mi, me evado de tu área de puntería, pero lo hago sin dejar de apuntar y listo para “disparar” cuando yo no esté en tu punto de mira, pero tú si en el mío. Yo llevo la iniciativa en la actitud de “tenerte en mi punto de mira” y nunca cejo en ello. De ese modo yo llevo la ventaja en el tiempo, pues la confrontación la he empezado a nivel de actitud mucho antes que mi rival.

     La agresividad “explota” cuando una amenaza se hace visible. Para la mayoría, ésto significa que el rival ataca pero para mi, actuar así significa que no has estado atento y que empiezas a reaccionar demasiado tarde. La agresión no comienza con el ataque “físico” del rival, sino con el hecho de que te apunte y se posicione de forma que tú no le apuntes a él.

     No debes permitir a un rival tomar ventaja de su posición y que lo intente debe ser el detonante de tu acción y no el hecho de que él que lance su ataque. Si el rival lo ha hecho bien, defenderse en este punto será complicado y lo harás más en base  reflejos de pánico que a una técnica y estrategia superiores al mero forcejeo.    Porque además, llegados a ese punto del “pánico”, tu agresividad se dispara de modo que ya no la controlas y te obliga a ser “dual” en tus acciones, diferenciando la defensa del ataque, obligándote a ser muy rápido a nivel físico para compensar tu lentitud mental en ese estado. En este estado, recurrir a las habilidades del TCC, es cuando menos complicado y en la mayoría de los casos, un fracaso anunciado.

       Si haces bien las cosas, el resultado es que siempre partes en ventaja sobre el rival y éste ha de poseer habilidades claramente superiores a las tuyas en los ámbitos de velocidad, explosividad y reflejos para compensarlo y superarte.

       Resumiendo, toma la iniciativa de “actitud”, apuntando y tomando ventaja de la posición, impidiendo que el rival te punte y considera como una agresión, iniciando tu defensa-ataque, cualquier intento del rival por posicionarse en una situación de ventaja. Sé agresivo desde el primer momento, con un nivel de agresividad “bajo” que no te ciegue, sino que te permita centrarte en el ataque mientas te defiendes sin dejar de apuntar ni mientras evades ni mientras llevas a cabo tu ataque.

     Evidentemente, necesitarás desarrollar la tanto la actitud de “perseguir y apuntar” como las habilidades de adherencia, escucha y neutralización, así como el conocimiento y destreza en el uso de las técnicas de tu estilo para llevarlo a cabo.

     Todo lo que he comentado se apoya en poseer una técnica con lo que llevarlo a cabo, pero lo importante es la actitud y la estrategia con la que usas esa técnica. Eso es lo que he intentado plasmar hoy…