Ya vale de concesiones..

Según me dirigía a una de mis clases, pensaba en como explicar a los alumnos lo necesario de estudiar y practicar aplicaciones para poder realizar un buen TCC y una forma correcta.

Y entonces me di cuenta de lo estúpido del comentario que iba a realizar…

Estudiar aplicaciones para hacer bien la forma. Sin darme cuenta he caído en una concesión absurda, la de pensar que el TCC correcto tiene relación con ejecutar bien una forma. Es evidente que conocer, practicar y ejecutar con la máxima corrección posible las formas, es algo imprescindible, pero hemos confundido las prioridades.

Si practicas un arte marcial, lo importante es que seas capaz de utilizarlo de un modo práctico y eficaz.

Las formas son herramientas para conseguirlo, son métodos y no el objetivo.

No hacemos aplicaciones para tener una forma correcta, hacemos formas para poder realizar aplicaciones correctas, para poder usar nuestro TCC cuando queramos.

Las formas nos ayudan a codificar movimientos y aplicaciones, nos adiestran en determinadas mecánicas de movimiento, nos “contagian” criterios de estrategia… Pero es en su función donde esta el objetivo, el logro, no en su apariencia, ni siquiera en su correcta ejecución. Pensar lo contrario es errar por completo el blanco.

Desde ese momento me he dado cuenta que de forma inconsciente, lenta y “sin conflicto” he ido asumiendo cosas con las que en realidad no estoy de acuerdo en absoluto.

Tai Chi Chuan es un arte marcial. Tal y como yo lo aprendí, practico y enseño, este arte marcial tiene tres funciones inseparables e irrenunciables. Salud, Longevidad funcional y Defensa personal.

Perdiendo una, pierdes las tres. El TCC nace en el seno de grupos guerreros, creado por y para guerreros y por lo tanto busca satisfacer las necesidades de los mismos.

Es evidente que un luchador también es una persona y que por lo tanto tendrá las mismas necesidades que el resto de las personas. Necesita salud, necesita (o al menos desea), alcanzar una edad avanzada sin perder su calidad de vida y de modo particular, esta vez si por su condición de guerrero, necesita tener habilidad marcial.

El TCC nace para cubrir de un plumazo esas tres necesidades. Sus métodos son “marciales”, pues son creados por artistas marciales para cubrir sus necesidades al respecto. Son saludables, porque sin salud, un artista marcial no es eficiente, porque sobrevivir a una batalla pero vivir lleno de achaques es sólo algo mejor que no sobrevivir a esa batalla. Y porque pudiendo conjugar marcialidad y salud, es muy tonto hacerlo con marcialidad y lesiones-enfermedades degenerativas por entrenamientos incorrectos.

Es formidable gozar de salud de hierro y una “genética artificial” que te permita vivir con salud muchos años, para caer muerto a la primera batalla o asalto de bandidos, algo habitual en la China rural entre los siglos XVII-XX, momento en el que se desarrolla y expande el TCC. Longevidad no es solo que uno muere de viejo a edad muy avanzada, también lo es que no te matan a los 20 en una batalla o incursión de bandidos.

Es evidente que muchos pensarán (y con razón), que hoy no necesitamos tener el mismo nivel de habilidad marcial que hace doscientos años en China. Estoy de acuerdo y por eso no es preciso someterse a unos niveles de exigencia tan estrictos como entonces. Aunque que algo no sea necesario, no implica que ni se pueda ni se deba realizar de un modo intenso y comprometido. Simplemente ahora podemos permitirnos el lujo de ser menos exigentes porque la necesidad no nos obliga a serlo, pero tampoco se nos prohibe hacerlo. Siendo estrictos, si el TCC no es necesario, ¡pues no lo practiques!. Pero desvirtuarlo para que se adapte a tus gustos, a costa de perder su funcionalidad, no es practicar TCC, sino degenerarlo y desvirtuarlo.

Pondré un símil que he usado muchas veces. Imaginemos un sólido taburete de tres patas, capaz de soportar más de 300kg de peso.

El TCC es ese taburete y sus tres patas la salud, longevidad funcional y habilidad marcial. Podemos tener un taburete más ligero y en ciertos aspectos incluso más funcional, que en lugar de tener tres postes de telégrafos como patas (TCC a la antigua usanza), tenga tres sencillas patas de madera y cuya resistencia no sea ya de varias toneladas sino de 100kg, más que suficiente para la mayoría de las personas.

Hacer el taburete menos resistente, no hace que deje de ser un taburete y mientras cumpla unos mínimos de resistencia, será útil y práctico.

Ahora pensemos en otra forma de aligerar peso y materiales, le quitamos una pata al taburete…

Lo que tenemos es una tabla con dos palos inútiles adosados. Tal vez sirva para algo, como combustible en una chimenea…, pero como taburete, ya no. Un TCC al que se le extirpa una de sus bases fundamentales, ya no es TCC, por la sencilla razón de que no pierde un tercio de su utilidad, la pierde prácticamente toda, del mismo modo que la pierde un taburete con sólo dos patas.

En un jarrón podemos guardar líquidos. Pero si el jarrón está roto, o no tiene base porque se ha roto, servirá de adorno si no se ve el desperfecto, pero como jarrón dejará mucho que desear.

Hoy en día en el TCC prima lo visual y estético sobre la funcionalidad. El TCC bien ejecutado es visualmente agradable a la vista, pero sinceramente, si funciona, como si es feo hasta gritar basta.

Para mi está muy claro. El TCC no es un “regalo de la cultura tradicional china a la humanidad”, no es “un refinado producto de la medicina china para cuidar la salud de las personas”. No es nada de eso. Es un arte marcial, nacido en China, de la mano de grandes expertos luchadores, que además resulta ser un producto de la cultura marcial china y que añade el valor añadido de generar luchadores saludables y longevos, especialmente en el área de la funcionalidad y la independencia personal.

Y lo que se avance en la línea del deporte, del entretenimiento social, de la mera gimnasia, del New Wave, de la “auto-ayuda”, de la espiritualidad abstracta y sin esfuerzo, especialmente si es en detrimento de los elementos y objetivos originales, es una desviación, que no pienso ver con buenos ojos, que no apoyaré, con la que no me siento identificado y a la que no reconozco como TCC, con la que no acepto que me relacionen ni a mi ni al arte que practico y que no voy a justificar sólo porque a muchos les guste. “Mal de muchos consuelo de tontos”. Y opinión de muchos, fundamentada en que es más cómodo (y lucrativo) degenerar, hasta que todo parecido con el original sea meramente casual, que mantener la esencia de las cosas, no es sino otra versión de ese “consuelo de tontos”.

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Visión de conjunto.

Hay un episodio de los Simpson, donde Bart recrimina al payaso Krusty varias cosas, entre ellas que su calculadora Krusty no tiene el número 9… Evidentemente hablamos de una calculadora no muy práctica.

En el mundo del TCC y de casi todos los estilos, tiendo a ver ese mismo problema con muchos programas de enseñanza y de entrenamiento. Si nos centramos en el TCC, lo que prima son las formas, tanto de mano vacía como de ciertas armas constatándose que las que exigen un cuerpo entrenado como el sable y sobre todo el palo o la lanza quedan fuera, cediendo su espacio a la espada, (que en realidad precisa de una habilidad extrema para ser funcional, pero se practica de un modo meramente ornamental en demasiados casos),  y sobre todo al abanico, sobre cuya muy reciente inclusión en el curriculum del TCC se podía discutir mucho.

La cuestión es que todas estas “formas” suelen carecer de un estudio simultaneo de su “función”. Parece como si las formas en si mismas tuvieran un sentido “místico”, cuando no son sino el índice de conocimientos a desarrollar por el practicante. Por supuesto que una enciclopedia sin índice se vuelve bastante inútil, pero un índice sin la enciclopedia a que hace referencia lo es aún más.

Hagamos una analogía. Imaginemos el curriculum del TCC como si fuera un mecano o un juego de Lego. Se compone de diversas piezas, que pueden unirse y relacionarse de diversos modos.

Todo el que haya jugado con estos juguetes, sabe que al ponerte a realizar un modelo, vas necesitando diferentes piezas, unas planas, otras en forma de bloque,  largas, cortas, grandes, pequeñas, poliédricas, cilíndricas… Puedes pasarte sin alguna pieza en particular y sustituirla por otra similar, pero definitivamente, una bolsa llena exclusivamente de piezas cuadradas, no da mucho juego.

También es evidente que dependiendo del tipo de construcción que vayamos a realizar, el tipo de piezas necesarias serán diferentes. Es decir, dependiendo de la función, los elementos varían y necesitaremos “modelos específicos-especializados”. Si haces un casa, necesitarás tejas, si haces un tren, raíles… Dependiendo de la función, necesitas ciertos elementos diferenciados.

¿Y cual es la función del TCC?. Debo de reconocer que si observamos la tónica general de práctica en nuestros días, la respuesta a esta pregunta para mi es un misterio. Por supuesto yo tengo claro que busco y razonablemente, que puedo obtener del TCC y cuales son las herramientas de que dispongo para conseguirlo.

Si no tienes un sistema de ejercicios que te entrenen de un modo “sencillo” en los principios de movimiento del sistema y lo has de conseguir sólo a partir del trabajo de forma, o eres un fuera de serie o sólo cosecharás errores. Si no acompañas el trabajo en solitario con el entrenamiento en parejas (tuishou, aplicaciones, san shou…), ¿como vas a comprobar si tu trabajo de forma es o no correcto?.

Pero más allá de contar con los elementos necesarios para desarrollar las habilidades propias del entrenamiento del TCC, se necesita otra cosa más, una visión de conjunto que armonice cada elemento del entrenamiento, cada “asignatura” con el resto.

Si no entendemos que cada movimiento de la forma, es LO MISMO, que cada movimiento en Tuishou, que cada ejercicio no es sino un ejemplo particular de un principio general, nos perderemos en una colección interminable de conocimientos inútiles.

Todo, absolutamente TODO lo que hacemos en TCC puede se analizado un día bajo la perspectiva de un determinado principio y al siguiente, sin variar nada, bajo otro diferente. Es la visión de conjunto que otorga esta manera de trabajar la que te permite llegar a algo mucho más interesante que “saber” TCC, el ENTENDER el TCC.

Cada elemento del curriculum es importante por si mismo y tiene un peso específico en la formación del practicante. Pero al extirparlo de nuestra práctica, no nos privamos sólo de lo que este elemento aporta, perdemos también el conjunto de relaciones que se crean entre ese elemento y el resto. Y eso es mucho más que lo que representa el elemento en si mismo.

Si volvemos al ejemplo de Lego, si perdemos ciertas piezas en nuestro juego, el modelo de la caja ya no podrá ser montado. Ésto, siendo grave, no nos impediría inventar otro modelo que funcionase sin dichas piezas. Pero sin el entendimiento de “qué es un juego de construcción” y de como se pueden relacionar las distintas piezas para formar un conjunto, no tenemos sino un curioso montón de piezas de plástico.

Intentemos poner un poco de visión de conjunto en nuestra práctica, sin olvidar que al final, lo importante es si conseguimos o no nuestro objetivo y si somos capaces de hacer funcionar nuestro TCC según la función que original o modernamente, le demos.

 

Energía interna.

Aquí estamos ante otro de esos temas que siempre resultan complicados y polémicos.

La “energía interna” o más apropiadamente “Chi” cuando hablamos de TCC, son términos propios de a cultura china y en general oriental, que no tienen traducción directa en la actual cultura occidental.

No la tiene, entre otras cosas, porque es un término enormemente genérico, que se usa para denominar a demasiadas cosas, muchas de las cuales si tienen traducción directa a nuestro idioma y además, están claramente diferenciadas entre si.

Las palabras nacen con la necesidad de denominar a todas las cosas y diferenciarlas. El concepto de “chi”, según mi impresión, nace de la necesidad de darle nombre a unas sensaciones subjetivas, fruto de ciertas prácticas y experiencias.

Aunque estas sensaciones son subjetivas, si es cierto que se repiten de un modo bastante similar en todas las personas que experimentan con el mismo tipo de prácticas, lo cual nos lleva a pensar que hay una lógica en creer que existe “algo” que las genera y es común y compartido en todas esas experiencias. De ahí a ponerle un nombre, hay un solo paso y en el idioma chino ese es “Chi” (Qi en Pinyin).

La “energía interna” es algo muy simple, cuando posees un control superior sobre tu cuerpo, empezando por un elevado nivel de consciencia corporal, eres capaz de optimizar todos los recursos que tu cuerpo precisa para realizar una acción. Y me refiero a “algo” que excede al simple control del movimiento y destrezas de equilibrio, elasticidad , velocidad y fuerza, más que nada por que la consciencia corporal que nos ocupa, te permite usar recursos que por lo general no son de carácter “voluntario”.

Esa “energía interna” tiene mucho que ver con el uso de mecánicas corporales y de mecanismos neuro-musculares que no son innatos, sino que deben ser desarrollados, por caminos, además, que muchas veces resultan un tanto desconcertantes.

Pero de momento, de “Chi” no hay nada. Bien, al poner énfasis en formas de entrenamiento introspectivas, uno pasa a darse cuenta que bajo las sensaciones evidentes asociadas a una acción, hay otras, más “apagadas” en principio, pero que nos proveen de la capacidad de reconocer en mayor profundidad la calidad y cualidad de cada movimiento o acción, ya sea física o del plano mental.

Este conjunto de sensaciones, en el ámbito del TCC, se asimilan con una sensación de flujo en el movimiento y de plenitud en otras circunstancias. Y así como se activan en el movimiento y mediante un trabajo intenso de introspección, llegamos a ser conscientes de las mismas, una vez descubiertas y potenciadas, experimentamos que dichas sensaciones no son absolutamente dependientes del movimiento, sino que pueden ser activadas simplemente con la intención.

El siguiente paso es darse cuenta que si bien el movimiento físico fue el que inició este tipo de sensaciones, una vez conscientes de las mismas y adquirido cierto control, pueden ser ellas el motor del movimiento y no una simple consecuencia del mismo. Pasan de ser un efecto, a ser “la causa”.

Por supuesto, todo esto puede ser explicado como una simple alteración de la percepción, que en cualquier caso lo es, pero nos lleva con facilidad a pensar que pueda tratarse de un tipo de “sustancia inmaterial”, puesto que no hay forma de analizarla, o influidos por esa característica, un tipo de “energía” de naturaleza indeterminada pero “innegable”.

¿Innegable?. Lo cierto es que lo que no se puede demostrar, tampoco se puede afirmar. Puesto que que el “Chi” no tiene forma alguna de ser medido y que todos los intentos en esa vía, proporcionan en el mejor de los casos resultados muy parciales que no explican el total de fenómenos y sensaciones que se le adjudica a este concepto, llevan a ser cautos a la hora de afirmar que el “chi” existe como algo material. Del mismo modo, puesto que las sensaciones y experiencias se repiten, no podemos dejar de pensar que “algo debe de haber”.

Mi punto de vista al respecto es muy pragmático. Ni se que es exactamente el “Chi”, ni se si existe o es una mera alteración de la percepción, ni me importa. Lo único que me importa es que utilizando ese concepto, puedo acceder  ciertas habilidades que desde luego si que son “reales”. Fuera de esto, discutir sobre la existencia del “Chi” es una pérdida de tiempo que podrías emplear en algo más útil, pues no es previsible llegar a ninguna conclusión tajante.

Sin embargo, si practicas TCC, es igualmente absurdo negar el concepto del “Chi”, pues es la clave de muchas materias. Lo más simple es usarlo y disfrutarlo. Y resto, se lo dejamos a los filósofos.

El Chikung (qigong). ¿Efectos, riesgos?.

       Tras una llamada de emergencia de un alumno que ha tenido una desagradable (aunque no grave) experiencia a consecuencia de una práctica de Chikung sin hacer caso a las normas que el mismo conlleva, he decidido hablar un poco del tema.

      ¿Que es el Chikung?. Bien literalmente la traducción es “trabajo del Chi”. Y en la práctica es una denominación extremadamente amplia en la que se recogen entrenamientos de lo mas diverso, desde meras gimnasias suaves, a ejercicios dinámicos de alta dificultad. Desde inocuos trabajos de movimiento corporal acompañados con un ritmo y modalidad respiratoria “natural” a complejos ejercicios en los que movimientos y respiración, se acoplan en intensas y extenuantes series. Desde ejercicios de simple factura y ejecución o trabajos que implican una atención extrema y que “juegan” con procesos que por lo general quedan fuera del ámbito de lo voluntario, como puede ser el control o mejor dicho el “modulado” del metabolismo.

 

                                                       ¿Es efectivo el Chikung?.

        Claro que lo es. pero hay que ser racionales. Más allá de que este tipo de trabajos puedan afectar de modos “incomprensibles”, hay que pensar que todo irá en consonancia con la constancia e intensidad de nuestro trabajo.

        Existen trabajos de Chikung “duro”, que implican un considerable esfuerzo muscular, conjugado con una presión abdominal con o sin retención de aire, o de una respiración extremadamente lenta, o de una máxima inspiración con tensión y relajación muscular perfectamente localizadas. Este tipo de ejercicios son muy “efectivos”, entendiendo por “efectivo” que aportan resultados de forma bastante evidente y rápida. Lo malo es que dichos resultados pueden no ser los esperados si cometemos errores ya sea de técnica o si los realizamos con una intensidad superior a la que permite nuestra condición física y entrenamiento previo.

      Del mismo modo que cualquiera puede levantar su propio peso en “Press de banca” (un ejercicio habitual entre quienes trabajan con pesas), nosotros podemos llevar a cabo “hazañas” equivalentes en el ámbito del Chikung. Pero lo que NO HACEN los que entrenan con pesas, es trabajar de entrada con más peso de que realmente pueden manejar. Y en los inicios ese “peso” puede parecer incluso ridículo.

      Los que piensan “que ellos si que pueden” quemar etapas sin entender que hay que “poder”, pero con seguridad y corrección y actúan por lo tanto “alocadamente”, son esos que enseguida se estancan y que además, lo hacen disfrutando de “placenteras” lesiones que les devuelven de nuevo e  inexorablemente a la cruda realidad.

      Con el Chikung, pasa exactamente lo mismo. Los ejercicios básicos o de “nivel principiante”, son los que por un lado te ponen en el tono adecuado para  poder soportar los que te esperan después, sin lesiones ni sustos y por otro, te familiarizan con lo que viene a continuación en tu entrenamiento.

        Hay que señalar que el Chikung trabaja sobre ciertas áreas y funciones que no son fácilmente cuantificables desde fuera y que visualmente no son ni llamativas ni seguramente apreciables.  Por  ello es que un ejercicio “básico”, puede ser realizado a diferentes niveles, según se hallen implicados o no determinados elementos  y según la intensidad con la que se trabajen los mismos, sin por ello diferenciarse ni visual ni “técnicamente” del mismo ejercicio realizado a un nivel más modesto.

      Igualmente, como pasa con todo en la vida, cada ejercicio de Chikung tiene sus indicaciones y contra indicaciones, efectos secundarios, posología y “normas de uso”. Pondré un ejemplo con medicamentos.

      Las aspirinas, son un medicamento relativamente inocuo. Han de tomarse acompañadas de alimento, para evitar su negativo efecto sobre el estómago y han de ser consumidas con precaución o incluso evitadas en caso de ciertas enfermedades o en interacción con otros medicamentos. Pero una persona con una salud “normal” puede tomarse tres aspirinas de golpe sin acompañarlo de ningún alimento y no por ello sufrir un grave accidente que implique hospitalización.

       Imaginemos ahora que en vez de aspirinas, nos encontramos ante barbitúricos, somníferos, antidepresivos, anti psicóticos… Aquí el mero consumo sin receta o con mayor gravedad el consumo sin atender a las normas de uso, pueden ser fatales ya a la primera ocasión.

      Volviendo al ejemplo de las aspirinas, un error puntual carece de importancia pero un consumo incorrecto prolongado en el tiempo, podría llegar a ser fatal incluso con sustancias en principio relativamente inocuas.

       Bien, el entrenamiento de Chikung comienza con el equivalente a una aspirina infantil. Y eso y no más es lo que la mayoría va a recibir, aprender y entrenar en su vida respecto a sus prácticas de Chikung. No tanto porque su práctica sea errónea, sino porque está repleta de carencias, ausencias y falta de intensidad, constancia y duración. Y es que la mayoría ni tiene acceso a expertos con un conocimiento genuino, ni está dispuesto a someterse a la disciplina que estas prácticas implican, ni tiene capacidad para soportarlas ni la necesaria “fe” inicial para comprometerse a fondo con algo que para muchos “adeptos” no pasa de ser más que una agradable práctica ocasional en un marco social de “terapias de grupo” o simplemente de ocio.

       Si nuestro entrenamiento es serio, completo y progresivo, los resultados y la propia característica de intensidad del  mismo, hacen que pasemos de una “aspirina infantil”  al equivalente en intensidad a una inyección de morfina. Lo que pasa es que para lograr con ejercicios básicos ese nivel, hay que entrenar mucho y muy duramente. En equivalencia, habría  que tomarse tal cantidad de aspirinas infantiles para lograr los efectos anestésicos de la morfina que en la práctica sería inviable.

       Por eso hay ejercicios que parten de la premisa de que uno ya puede “soportar la dosis y el efecto” de un “tazón de aspirinas” para poder iniciarse en la práctica de ejercicios de mayor nivel, dificultad y también de RIESGOS si uno hace tonterías o comete errores.

      Insisto en que el riesgo está en hacer las cosas mal (y en ese caso, el fallo se detecta en los inicios y el efecto es anecdótico), o mucho peor, en hacer “tonterías”, en cuyo caso el riesgo es evidente y ya potencialmente mucho más grave, aunque por suerte es algo poco frecuente ya que se precisa de un “tonto entrenado con mucha seriedad”, algo que en niveles de principiante-enteradillo, no es muy habitual y en niveles más avanzados resulta una conjunción altamente improbable.

      En definitiva, en nuestro ejemplo pasaríamos de las aspirinas a anestésicos más fuertes y habría que ir con ciertas precauciones.

      Por supuesto, cuanto mas nivel tiene un determinado ejercicio, menos margen para el error tenemos y ahí si que las cosas son muy serias.

       Como anécdota, cuando yo me inicié con el maestro Liu, nos hablaba en alguna ocasión de otro practicante chino, según él de muy alto nivel (superior al suyo propio), que no obstante sufrió un grave accidente entrenando Chikung, siendo afectado por una hemiplejia. Esta persona viajó a Taiwan, donde “los suyos” le curaron advirtiéndole que todo era fruto de compaginar ese entrenamiento de tanto nivel, con el estrés que le suponía su labor empresarial y los disgustos asociados a la misma.

      Llegado  España, siguió tanto con su práctica como con su negocio y unos meses después, sufrió una embolia cerebral y murió.

      Por supuesto, podemos o no creer que hay alguna relación entre ambos fenómenos, o simplemente pensar que estaba enfermo y se murió como nos pasará antes o después a todos…, pero aunque no sea más que “por si acaso”, conviene tener en cuenta las recomendaciones de quienes idearon estos ejercicios, que algo sabrían.

      Por mi parte, yo sufrí un “accidente” de baja gravedad a causa de practicar un ejercicio de forma “correcta” pero con una intensidad muy superior a la que debía. El ejercicio en cuestión implica mantener seis posturas de forma consecutiva, en apnea continua durante todas ellas, con ritmos de unos 21 segundos en cada una de ellas, acompañada con tensión muscular máxima. Esto resulta en apneas mantenidas ininterrumpidamente de más de dos minutos con tensión muscular muy intensa. Como esas eran las instrucciones, lo intenté en casa por una semana, sin lograr alcanzar estos tiempos evidentemente, pero “luchando” por conseguir esas marcas con tesón.

        Fruto de la tensión física y de la “angustia respiratoria”, la respiración que debía de ser abdominal acompañada de una intensa “presión abdominal”, fruto de la misma, se trasformó en pectoral, con “cierre” en la garganta  para evitar que se escape el aire, en vez de controlar el con el diafragma, que es lo correcto. Esto conlleva generar una fuerte presión en la zona alta del pecho y en el cuello. Como efecto secundario, a la semana de práctica empecé a sufrir unas altamente dolorosas y muy preocupantes punzadas en el corazón, que llegaban ya fuera en reposo ya en actividad.

      Enseguida consulté a mi maestro que un tanto horrorizado me dijo que esas marcas que me había dicho, eran el objetivo, una meta  a logar en un plazo de cinco o diez años (o veinte o nunca) y sobre todo FRUTO DE UNA PRÁCTICA REGULAR Y GRADUAL. Desde luego no para mi, que en base a mi nivel. debía de retener el aire entre cinco y diez segundos en cada postura y tomando y soltando aire en cada una de ellas. O sea, seis apneas de diez segundos frente a una apnea mantenida y global de más de dos minutos….

Abandoné el ejercicio por una temporada y los efectos desaparecieron de inmediato. Y cuando lo retomé, lo hice ya con un criterio más lógico, alcanzando un nivel “aceptable” en poco más de un año.

       En esta anécdota, no hay lugar a dudas, pues fue confirmada por repetición. Mi maestro hablaba en una jerga basada en el inglés que solo él y sus alumnos podíamos entender y fue a razón de mi “error”. Pero al año de la historia que cuento, mi hermano pequeño se había incorporado a los entrenamientos y sufrió exactamente los mismos problemas, a causa de una muy mal entendida prisa por obtener resultados. Y los obtuvo, por supuesto, pero no los que buscaba, sino que conoció a mis viejas amigas, las punzadas cardíacas.

       Gracias a los maestros Mantak Chia y Yang Jwing Ming entre otros, hay dos categorías de ejercicios, las basadas en la circulación del “chi” por ciertos canales y el de potenciación y reutilización de la energía sexual, que se han hecho accesibles al gran público a través de sus libros. Y eso es bueno, pues se trata de información que por diversas razones siempre a permanecido oculta o al menos de complicado acceso.

Lo “malo” es que se trata de métodos, que para evitar problemas necesitan constancia, seriedad y sobre todo realizarse de forma gradual y sensata, siempre sobre la base de trabajos previos bien consolidados, éstos si mucho más divulgados y accesibles al público y de hecho de fácil aprendizaje, aunque no tan “fascinantes”.

      Y aunque este punto es remarcado siempre por los expertos, es el que sistemáticamente ignoran los que se acercan a estos trabajo de nivel avanzado, sin la preparación previa necesaria, sin guía y sobre todo sin la cordura necesaria para entender que no es lo mismo hacer gimnasia en el parque respirando suavemente, poniendo caras bucólicas y acompañados de de mucha “tontería energética” sólo imaginada y nunca sentida, que hacer cosas más serias, del mismo modo que no es lo mismo tocar los bornes de una batería doméstica de 5 voltios, que meter los dedos en un enchufe a 220V…

        Para que no quede todo en contar cosas que no valgan para nada, voy a citar algunas “reglas”, que han de respetarse para que la práctica de Chikung sea no sólo efectiva, sino también “segura”.

1. No practiques en situaciones de máxima agitación emocional.

2. Tras practicar evita mojarte o beber, especialmente evita hacerlo con sustancias frías.

3. No entrenes bajo la lluvia, o con mucho viento. Evidentemente esto es más importante si entrenamos al aire libre que en una sala, pero a altos niveles, se hace extensivo a cualquier circunstancia. Y añado una de mi cosecha personal, no entrenes entre la niebla.

4. Descansa. Duerme correctamente, lo que implica acostarse en cuanto tienes sueño y despertarse cuando no. La práctica de Chikung reduce las horas de sueño necesarias para recuperarse del cansancio del día, lo que es bueno, pero no debe utilizarse de forma habitual, para ir más allá de los límites del propio cuerpo.

5. Come de forma adecuada. Sin excesos y sin defectos, dieta variada y sin comer hasta hartarse. según e maestro Liu, los más altos niveles están vedados a quienes no son vegetarianos, aunque él comía de todo…

6. Evita vicios como el tabaco, alcohol, ruidos, etc. No es que debas llevar una vida recluida, pero esta clase de prácticas no casan bien con un “animal de fiesta”.

7. Se moderado con el sexo. Y la moderación pasa en el caso de ciertos ejercicios por guardar periodos prolongados de castidad absoluta y en otros simplemente por dejar alardes y proezas de lado. y vivir con una cierta moderación.

8. Al terminar de entrenar, muévete un poco. No te tumbes sin más, a menos que exista una indicación expresa en la normas del ejercicio.

9. Entrena TODOS LOS DÍAS. Ser constante es lo único que te permitirá incrementar la intensidad de tus ejercicios y obtener resultados.

10. ¡HAZ CASO DE LAS ADVERTENCIAS DE QUIEN TE ENSEÑA!

       En fin, que todo se resume en que esta clase de prácticas deben acompañarse de una forma de vida tranquila, seguir las normas y hacer uso del menos común de los sentidos, el SENTIDO COMÚN.

Tai Chi Chuan, ¿beneficios a largo plazo?.

      Otra de las frases que con más frecuencia se escucha en el mundillo del TCC es la que hace referencia a ciertos logros sensacionales que lamentablemente, sólo se alcanzan a un plazo largo o muy largo.

      Y claro, es verdad. Ciertos logros implican una madurez y experiencia que no se pueden adquirir sino tras largos años de entrenamiento diligente. Esperar obtenerlos en un plazo inmediato es de ilusos. Pero aquí es donde está la verdadera trampa, el TCC no es un arte marcial (o sistema de salud, longevidad o cualquiera que sea el objetivo que nos marquemos) con resultados EXCLUSIVAMENTE a largo plazo. Como todo método, posee beneficios a corto plazo, a medio plazo y a largo plazo. Quizás el porcentaje de cada uno de ellos sea sensiblemente diferente a frente los que se producen en actividades “similares” como otros estilos de artes marciales, deportes o artes de desarrollo personal, pero invariablemente hay logros a corto, medio y largo plazo.

       Como es lógico aventurar, una vez que se superan esos logros a alcanzar a corto plazo, se va avanzando en los que se desarrollan a medio plazo y finalmente con el tiempo, vamos alcanzando logros de la última categoría. Y es en ese orden, pues todo logro está relacionado con nuestro nivel y si no están consolidados ciertos logros básicos alcanzables a corto plazo, es de ilusos pensar en obtener logros de mayor dificultad .

      Al iniciarnos en el TCC, vamos alcanzando logros “modestos” en periodos de tiempo razonables, que a su vez son el sustento de logros más “elaborados” que llegan como fruto de la maduración de los primeros.

      ¿Cuales son esos logros ” a corto plazo” que uno debe alcanzar con relativa facilidad con la sola condición de entrenar de un modo correcto y diligente?. Los desgranaré en tres aspectos. Salud, Longevidad y Habilidad marcial.

      En el campo de la salud, me remito a la entrada anterior, pero pasan por alcanzar una resistencia ante factores externos como fatiga, calor, frío, hambre, dolor, etc, así como al equilibrio metabólico del cuerpo, con mejoras graduales en problemas de insomnio, digestivos, circulatorios, respiratorios, etc y en general, a alcanzar un razonable estado de bienestar y de salud general.

      Lamentablemente, en este ámbito de a salud, hay poco margen a pruebas y comprobaciones más allá del control estadístico. Será imposible demostrar que si no nos contagiamos de gripe, es por nuestra práctica y no “por que somos inmunes de forma natural”. Lo único a lo que podemos referirnos es al hecho de gozar de mejor salud por falta de enfermedades y al hecho subjetivo de encontrarnos “siempre” bien. Por supuesto siempre podemos intentar poner a prueba el efecto de la práctica sobre nuestra la salud, “atentando” voluntariamente contra la misma, pero sería de idiotas siquiera el plantearse hacerlo.

       En el marco de la longevidad, es evidente que de todos los logros del TCC, éste es que para quedar demostrado exige el paso de mucho tiempo, cuanto más mejor. Pero ya a corto plazo, hay varios “logros” que deben ser alcanzados. El primero es la adquisición de mecánicas corporales que eviten lesiones ya sean de carácter “activo” como caídas, lesiones tendinosas o musculares, etc, fruto de accidentes provocados por una técnica incorrecta o por carecer de los atributos que conlleva una buena práctica (fuerza, elasticidad…), así como la ausencia de lesiones “pasivas” como las causadas por malos hábitos de todo tipo, como son los posturales, alimenticios, de ocio o adicciones diversas. El deseo y la voluntad de abandonar costumbres y hábitos nocivos, son también logros a corto y medio plazo relacionados tanto con la longevidad en si misma, como con la longevidad funcional, que implica el ser independientes y capaces hasta el último momento de nuestra vida y que para mi sería la mejor definición de “Longevidad” inseparable del término “Funcional”.

      En el ámbito marcial es donde la frase de “eso es algo que llega después de muchos años” se escucha con más frecuencia. Y hay una “lógica perversa” en esta clase de afirmaciones, pues al ser la dimensión del TCC más susceptible de poder ser sometida a pruebas y comprobaciones, da poco margen al fraude y la subjetividad, por lo que genera la evidente desazón y reticencia a tratar el tema entre aquellos que carecen de toda habilidad al respecto, pero que no por ello renuncian al efecto de “aura de superioridad y misticismo” que otorgan fantásticas habilidades marciales a ser transmitidas al alumno, por supuesto en un futuro muuuuy lejano…

       Cuando una persona te dice que la habilidad marcial llega con los años, no te miente, es cierto que cuanto más entrenas y más sabes, mejor eres y que el alto nivel llega con el tiempo, pero sólo tras haber superado logros de bajo nivel e inmediato plazo de adquisición así como los de medio plazo y nivel. Pero en demasiadas ocasiones esa frase implica que quien la dice no posee ni a menor habilidad marcial, ni siquiera en los niveles más básicos e inmediatos.

    Toda persona que entrena el TCC en su dimensión marcial, esto es, forma, tuishou y aplicaciones, así como las habilidades propias de la práctica de Chikung aplicables a este ámbito, ve incrementada desde el primen momento su habilidad en la misma, del mismo modo que un niño que aprende a leer y escribir, inicialmente no sabe “nada”, en “poco tiempo” conoce las letras, luego aprende a leer palabras sueltas y asociarlas con el sonido correspondiente. Luego aprender a leer y escribir frases, a leer cuentos y libros y por último, pueden llegar a escribir sus propios textos. Y algunos llegarán a ganar el premio Nóvel de Literatura, pero sólo podemos esperarlo de aquellos que aprendieron a leer desde los estadios más “humildes” de conocimiento hasta llegar al más alto dominio de la escritura y la creatividad. En definitiva, los niveles más altos dependen de la consolidación de otros mucho más humildes y también en gran medida de la genialidad personal. 

       Cuando una persona se inicia en un arte marcial, el que sea, lo primero es aprender las técnicas y movimientos básicos. Esto puede llevar más o menos tiempo, pero un año es mucho más que suficiente para que una persona conozca una forma corta y tenga ya un cierto dominio del uso de los movimientos que ésta incluye. Es radicalmente FALSO que hasta que uno no domina la forma en toda su complejidad y detalles no puede ni debe atreverse a efectuar un estudio de las aplicaciones así como del Tuishou (empuje de manos). Y en todo caso, si las cosas fueran así, NADIE debería osar enseñar si sigue ese criterio, antes de haber alcanzado ese nivel.

     La realidad es que el estudio de las aplicaciones, así como del empuje de manos constituyen parte fundamental del entrenamiento y aprendizaje de las formas y que sin ello, dicho aprendizaje se realiza a ciegas, sin método, sin objetivo y sobre todos sin elementos de control sobre los cuales corregir nuestros INEVITABLES errores de entendimiento y apreciación del TCC y sus principios.

      En ese tiempo prudencial de uno o dos años, el estudiante debería haber practicado con compañeros aplicaciones basadas en los movimientos que ha estudiado en forma y conocer un número variable de aplicaciones diferentes para cada uno de ellos. Y dicha práctica debería empezar siendo absolutamente colaborativa por parte del compañero para GRADUALMENTE ir transformándose en una actividad cada vez más libre y sujeta a variaciones imprevistas en las acciones del compañero que habrán de ser “ajustadas” por el practicante.

      ¿Debería ser capaz el alumno de usar estos movimientos y técnicas en combate o en una situación de enfrentamiento real?. Bueno, capaz si, el que tenga buenos resultados ya es otro cantar. Aquí si que hay que admitir que el TCC es un estilo “difícil” que implica para ser eficaz estar en posesión de ciertos atributos así como un entendimiento de los sutiles principios técnicos y de estrategia del sistema que evidentemente requieren tiempo para consolidarse. Posiblemente enfrentado a un rival que tenga un tiempo de entrenamiento similar en otros estilos más “prácticos”, en los inicios la balanza se incline en nuestra contra. Pero con el paso del tiempo, los resultados se equilibran  debiendo incluso llegar a decantarse significativamente a favor del practicante de TCC, por el hecho de que hablamos de un estilo que concede gran valor  a los logros a largo plazo en relativo detrimento de los logros a corto plazo.

      Así pues, a corto plazo, un practicante serio debería de lograr mejorar su estado general de salud, siendo una persona más vital que la media, debería de aprender conductas que mejoran su capacidad de longevidad funcional y abandonar las que no. Y a nivel marcial, debería conocer y ser capaz de aplicar en entornos controlados las técnicas del estilo, así como haber alcanzado unas habilidades mínimas de adherencia, escucha y neutralización gracias a la práctica del tuishou.

      A medio plazo, las enfermedades “ocasionales” deberían haber sido prácticamente erradicadas y “contenidas” al menos las de índole crónica. A nivel de longevidad, debería notarse una evidente diferencia a nuestro favor respecto a la gente de la misma edad (aplicable esto evidentemente a adultos) y a nivel marcial, ser razonablemente capaces de hacer frente a una agresión sin armas por parte de una sola persona.

      A largo plazo, la salud ha de ser inquebrantable, con valores de analítica impropios de la edad avanzada, con unos niveles de autonomía y lucidez que no decaen con los años, así como prolongados hasta edades superiores a los 80-90 o incluso más años. Y a nivel marcial, ser capaces de enfrentarnos sin armas contra varios individuos armados y vencerles, incluso sin necesidad de hacerles daño.

      Por supuesto que los niveles a corto plazo no son sólo deseables sino razonablemente fáciles de alcanzar. Los logros a medio plazo, implican también un “medio plazo” de actividad diligente y con esa premisa, se deben alcanzar sin otra dificultad que el tiempo necesario para hacerlo.

      El “largo plazo y alto nivel”, son para muy pocos. No es muy realista basar nuestros deseos de entrenar y aprender en lograrlos, porque aunque posibles, no son de evidente consecución y precisan la unión de factores como conocimientos, constancia y diligencia, pero también a otros sobre los que no tenemos forma alguna de actuar, como es la propia genialidad personal.

       Y una última reflexión. Si a corto plazo no has obtenido resultados evidentes de mejora en los tres aspectos antes mencionados, o practicas poco, o practicas mal o no te enseñan correctamente.

      Si a medio plazo un practicante se ha estancado en logros alcanzables a corto plazo, o peor aun, no ha alcanzado ninguno de ellos, entonces ha recibido una pésima enseñanza o es que él es un pésimo estudiante y desde luego no está ni capacitado ni destinado a enseñar ni transmitir un arte que desconoce.

       Si a largo plazo, el practicante no es una persona con habilidades y características “fuera de lo normal”, estamos ante un fracaso ya de aprendizaje, ya de enseñanza o de ambos. Sin necesidad de entrar en lo “mágico” ni mucho menos, en este nivel no cabe ya el refugiarse en “eso se logra, se ve o se estudia a largo plazo” y debería haber ya muchos logros consolidados susceptibles de ser puestos a prueba a solicitud de los alumnos a los que se les promete un futuro “de espléndidos logros”.

        Ya que el TCC es un arte con miras al “largo plazo”, podemos considerar que los niveles y “grados” se alargan en el tiempo por encima de lo que pudiera parecer razonable para los términos corto, medio y largo plazo, pero desde luego, el plazo de uno a cinco años puede ser considerado “corto plazo”, entre cinco y quince años como mucho hablamos de nivel intermedio y de veinte en adelante, ya deberíamos hablar de “largo plazo” y niveles acordes con el mismo.

¿Cuales son los beneficios de practicar Tai Chi Chuan?

      Esta es una pregunta que surge con frecuencia a cerca del TCC y sobre la que hay una gran leyenda a cerca de sus milagrosas propiedades.

     Lo primero es intentar centrar en que campos es razonable esperar mejoras y en cuales no tanto. Mi maestro siempre decía que los beneficios de nuestro Tai Chi Chuan giraban entorno a tres pilares, la Salud, la Longevidad y la Habilidad Marcial.

       En esta ocasión me voy a centrar en la salud, que es donde el TCC ha logrado una mayor fama y difusión.

       En primer lugar hay que entender que el dedicar una hora a la semana a realizar una forma, como si de un lento baile de tratara, proporcionará unos beneficios muy reducidos y equivalentes a realizar un paseo de duración equivalente. Para que la práctica de una forma posea las virtudes que se le atribuyen, son muchos los factores que ha de contener en su interior y que sólo se pueden entrenar de forma efectiva tras una práctica y entendimiento prolongado en el tiempo y que suelen ser fruto de una variada colección de entrenamientos básicos y no tanto de la mera repetición de una determinada secuencia. Eso es algo que implica un trabajo muy duro y por supuesto muy alejado de la imagen de “relax” y “disfrute  perezoso” normalmente asociado a la práctica del TCC.

     El entrenamiento global pasa por la práctica de ejercicios básicos, chikung, formas y entrenamiento por parejas. La suma de todos ellos es lo que proporciona los beneficios esperados.

      ¿Que es razonable esperar del Tai Chi Chuan en el ámbito de la salud?. Lo primero que uno nota al empezar a entrenar en muchas ocasiones es un agravamiento leve de todas sus dolencias. La razón es doble, por un lado nuestra capacidad para “escuchar” al propio cuerpo aumenta notablemente y adquirimos “dolorosa consciencia” de todo lo que no va bien. La segunda es que el proceso de autocuración, suele “despertar” dolencias latentes. No obstante, esto es algo que cuando se da, resulta pasajero.

       En poco tiempo, la salud general empieza a mejorar, reduciendo y eliminando ciertos síntomas y enfermedades “menores”, como el estreñimiento, malas digestiones, trastornos del sueño, pies y manos fríos, etc. La eliminación de todas estas dolencias que en su estado más leve padece prácticamente toda la población, nos hace ser conscientes de que nuestro estado de salud “normal” es en realidad un tanto precario y una vez que uno recupera una salud “real” de normalidad se da cuenta de lo mala que era su salud y de la poca calidad de vida que tenía antes de iniciarse en el TCC.

      Personalmente, creo que nunca había podido respirar por la nariz de forma normal hasta que no llevaba ya unos meses entrenando. Eso supone que te despiertas con a garganta y la boca seca y la posibilidad de sufrir catarros, ronqueras, afonías, etc, crece de forma notable sobre quienes respiran por la nariz. No fui consciente de lo mucho que se reducía mi calidad de vida con esa forma “normal” de respirar en mi, hasta que una vez recuperado, mi alergia de primavera me taponó la nariz y me vi obligado a respirar de nuevo según los antiguos y altamente molestos patrones anteriores. Otra “dolencia menor” pero muy molesta que pasó a ser un triste recuerdo del pasado, son los pies  manos fríos, sobre todo en invierno. Los que me conocen pueden dar fe de que salvo ocasiones muy puntuales y generalmente asociadas a la falta de sueño, mis manos están siempre extremadamente calientes en invierno.

      Según uno recupera su “salud normal”, el entrenamiento continúa haciendo efecto y dolencias más graves se van mitigando o incuso desapareciendo. Así hay documentados casos de recuperación completa de migrañas, úlceras gástricas, asmas y alergias y otras dolencias de moderada gravedad. Estos logros ya implican una práctica de una duración e intensidad considerables. Es decir, esa recuperación no resulta “gratuita” sino que es fruto de un considerable esfuerzo personal.

      Simultáneamente, la “salud normal” se ve fortalecida de modo que nuestra resistencia a agentes externos se ve notablemente incrementada. Resistencia al frío, calor, sueño, hambre, sed, cansancio, etc. Y también a enfermedades “leves” como catarros, gripes, que pasan a ser recuerdos del pasado, pues no te afectan o en el peor de los casos, ponen de relieve otro beneficio del entrenamiento que es el aumento de la velocidad de recuperación, de modo que una gripe se pasa en dos o tres días y lesiones como cortes, golpes, torceduras, etc, se recuperan en tiempos más cortos de lo habitual y con menos molestias.

      ¿Es razonable esperar curaciones milagrosas por la práctica del TCC?. Pues más bien no. Todo lo que sea “milagroso” por lo general no casa bien con “razonable”. Es cierto que casi cualquier enfermedad puede curarse si el cuerpo pone en marcha sus defensas, pero el hecho de sufrir una enfermedad implica que esas defensas no han funcionado hasta ese momento y por supuesto mediante la práctica podemos fortalecerlas, pero partiendo de una situación de debilidad. Así pues los beneficios reales del TCC en el campo de la salud van más de la mano de la prevención que el de la curación.,que no negaremos, pero en la que tampoco podemos poner una fe ciega.

       Es ese estado de buena salud a prueba de bombas, lo que ha de ser objetivo del practicante y que en todo momento ha de regir la pautas de entrenamiento.

      En el argot técnico de TCC hay un término “chingshen” o “Espíritu de vitalidad”, que es nuestro objetivo último en lo que se refiere a la salud. Es un estado de vitalidad y dinamismo que en si mismo implica gozar de una excelente salud a la vez que la alegría de disfrutarla.

      ¿Como se logra alcanzar un espíritu de vitalidad intenso?. La respuesta es simple, practicando de forma constante y razonablemente intensa. De la colección de prácticas que practico habitualmente, son dos las que considero más necesarias a la vez que efectivas. La primera es la práctica constante y comprometida del  Zhangzhuang o posturas estáticas.

      Al respecto, me recuperé de forma completa y radical de un esguince de tobillo que se repetía con frecuencia dada la debilidad residual en la zona tras la lesión (una accidente corriendo en el parque). Desde entonces, en 20 años me habré “torcido el tobillo” por un traspiés tres o cuatro veces y NUNCA más ha supuesto lesión alguna. De hecho una de las primeras sensaciones que recuerdo de mis inicios es “sentir” un enorme fortalecimiento de los tendones de todo el cuerpo.

       “Chingshen” es el resultado último de una buena salud y afecta tanto a a salud física propiamente dicha como a la salud anímica, al estado de ánimo con el que te enfrentas al día a día.

      ¿Y como funciona?.

      En la teoría clásica del TCC y de la medicina china, hay complejas teorías para explicar todos los procesos, fundamentados en los conceptos de Ching (esencia), Chi (energía) y Shen (espíritu). El problema de estos conceptos es que no tienen correspondencias directa con términos de nuestro idioma y cultura.

      “Ching” o “esencia” está relacionado con la fuente de energía básica del cuerpo en su dimensión más orgánica. Dicho de otro modo, tiene que ver con el metabolismo en todas sus dimensiones. La práctica correcta, aumenta la actividad metabólica, pero manteniéndola equilibrada, que es tanto o más importante que activarlo cuando esta “adormilado”.

      El metabolismo está controlado por el sistema hormonal, que en adultos sigue este proceso básico. Las hormonas sexuales (estrógenos y testosterona), entre otros efectos, activan o reducen la actividad de las glándulas suprarrenales, cuyas hormonas, entre otras funciones, regulan la actividad del tiroides, que es quien en definitiva controla el metabolismo asociado con la nutrición. Por supuesto, todo esto es extremadamente esquemático y simplificado, pero nos da las claves de como funciona el entrenamiento de chikung (qigong) en la dimensión de la salud.

      El ejercicio físico, siempre aumenta la producción hormonal y como resultado de ello se incrementa la intensidad de los procesos metabólicos. Basta con comparar a una persona activa con una sedentaria. Sin embargo, la práctica de Chikung o de TCC en su faceta de salud, lo hacen de modo más armónico, en tanto y cuanto por un lado, está diseñado para evitar excesos durante la práctica que puedan resultar perjudiciales, como sucede en la nada saludable práctica del deporte de élite y por otro enfatiza en su acción sobre órganos y glándulas, frente a músculos en la metodología del deporte occidental.

       Sobre el Chi en este ámbito. Digamos que se trata de la herramienta que nos permite actuar sobre el “Ching” y que de forma muy simplificada, se relaciona con la respiración y la intención.

       El Shen o “espíritu”, en este ámbito de la salud, quedan en el manejo de las intenciones y actitudes. Aunque hay mucho más, podemos decir que se trata de la voluntad y actitud con la que dirigimos nuestra práctica.

       Así como relacionar Ching con el metabolismo es algo relativamente simple, no sucede lo mismo con Chi y Shen, que entra en relación con aspectos mucho menos evidentes y no fácilmente relacionables. Tan complicado que aquí termina esta entrada al respecto.

Agresividad

      Hoy he recibido la visita de un buen amigo y alumno que desde hace ya un tiempo reside fuera de España.

        Al “cruzar manos” he comprobado con orgullo que ha mejorado en su habilidad general, pero que aun mantiene un error genérico y es ser muy “pasivo” a la hora de afrontar un ataque “arrugándose” ante el mismo. Sin embargo, cuando las cosas empiezan a ponerse “feas”, hace gala de recursos y reflejos convertidos ya en automáticos que delatan una mejora de sus habilidades marciales muy evidente.

       A raíz de ésto, hemos reflexionado sobre su falta de agresividad inicial y como ha de suplirlo después recurriendo a la velocidad, fuerza y agresividad desatada y descontrolada.

      Analizando el problema, he conseguido acotarlo e identificarlo, lo que además, me permite “afinar” a un más mi habilidad, pues me he hecho consciente de los principios que uso de forma intuitiva y que desde ahora podré aplicar en su justa o al menos razonada medida.

 

                                                               Apuntar.

       Apuntar es algo fundamental. La mayoría al defender un ataque, utilizamos un modelo de pensamiento dual, en el que me defiendo de mi adversario (fase uno)  y luego contraataco una vez anulado su ataque (fase dos). El problema es que hay una separación entre ambas acciones de forma que cuando termino de defender, he de cambiar mi actitud para pasar a atacar y cambiar mi técnica de “huida” (defensa) por una de “acercamiento” (ataque).

       Por contra, lo ideal es que cuando defiendo, intento “anular” su ataque, apuntando en todo momento donde quiero contraatacar yo. Para ser más claro, cuando estoy en guardia, en todo momento vigilo como atacar sus ojos. Aunque me esté defendiendo, mi objetivo es atacar, de forma que durante la defensa vigilo un fallo en la guardia o la atención de mi rival, para entrar como continuación y parte indisoluble de mi defensa con un ataque.  Mi defensa consiste en atacar rodeando o evitando el ataque del rival, mientras persigo mi objetivo. Lo que me lleva a que para atacar, necesito antes conseguir una ventaja clara de posición, conseguir que mi rival no me esté “apuntando” con lo que no preciso estar defendiéndome, y por contra si estar yo apuntando y listo para actuar. Para conseguirlo, me baso en la habilidad de adherirme e interpretar la fuerza del rival, lo que se desarrolla gracias a la práctica del tuishou, así como a la de posicionarme, que fundamentalmente se desarrolla gracias a la práctíca del Sanshou o forma por parejas.

       Aquí hablo de actitudes al usar la palabra “apuntar”. En los clásicos hablan de tener “la actitud de un gato acechando a una rata”, tranquilo y relajado pero listo para saltar. Yo prefiero un ejemplo más de nuestros días, pero similar en su fondo, la de un francotirador que está tranquilo, apuntando al objetivo y que de forma “relajada y tranquila” dispara cuando el mismo es más vulnerable, pero sin haber dejado de apuntar incluso cuando aun no lo era. Repito que la clave en todo esto es la actitud de “fijar un blanco y evadirse de serlo”.

      En ésto, hay implícita una importante carga de agresividad, pero no de violencia o de movimiento. En esencia, te apunto todo el tiempo, si tú me apuntas a mi, me evado de tu área de puntería, pero lo hago sin dejar de apuntar y listo para “disparar” cuando yo no esté en tu punto de mira, pero tú si en el mío. Yo llevo la iniciativa en la actitud de “tenerte en mi punto de mira” y nunca cejo en ello. De ese modo yo llevo la ventaja en el tiempo, pues la confrontación la he empezado a nivel de actitud mucho antes que mi rival.

     La agresividad “explota” cuando una amenaza se hace visible. Para la mayoría, ésto significa que el rival ataca pero para mi, actuar así significa que no has estado atento y que empiezas a reaccionar demasiado tarde. La agresión no comienza con el ataque “físico” del rival, sino con el hecho de que te apunte y se posicione de forma que tú no le apuntes a él.

     No debes permitir a un rival tomar ventaja de su posición y que lo intente debe ser el detonante de tu acción y no el hecho de que él que lance su ataque. Si el rival lo ha hecho bien, defenderse en este punto será complicado y lo harás más en base  reflejos de pánico que a una técnica y estrategia superiores al mero forcejeo.    Porque además, llegados a ese punto del “pánico”, tu agresividad se dispara de modo que ya no la controlas y te obliga a ser “dual” en tus acciones, diferenciando la defensa del ataque, obligándote a ser muy rápido a nivel físico para compensar tu lentitud mental en ese estado. En este estado, recurrir a las habilidades del TCC, es cuando menos complicado y en la mayoría de los casos, un fracaso anunciado.

       Si haces bien las cosas, el resultado es que siempre partes en ventaja sobre el rival y éste ha de poseer habilidades claramente superiores a las tuyas en los ámbitos de velocidad, explosividad y reflejos para compensarlo y superarte.

       Resumiendo, toma la iniciativa de “actitud”, apuntando y tomando ventaja de la posición, impidiendo que el rival te punte y considera como una agresión, iniciando tu defensa-ataque, cualquier intento del rival por posicionarse en una situación de ventaja. Sé agresivo desde el primer momento, con un nivel de agresividad “bajo” que no te ciegue, sino que te permita centrarte en el ataque mientas te defiendes sin dejar de apuntar ni mientras evades ni mientras llevas a cabo tu ataque.

     Evidentemente, necesitarás desarrollar la tanto la actitud de “perseguir y apuntar” como las habilidades de adherencia, escucha y neutralización, así como el conocimiento y destreza en el uso de las técnicas de tu estilo para llevarlo a cabo.

     Todo lo que he comentado se apoya en poseer una técnica con lo que llevarlo a cabo, pero lo importante es la actitud y la estrategia con la que usas esa técnica. Eso es lo que he intentado plasmar hoy…