Ya vale de concesiones..

Según me dirigía a una de mis clases, pensaba en como explicar a los alumnos lo necesario de estudiar y practicar aplicaciones para poder realizar un buen TCC y una forma correcta.

Y entonces me di cuenta de lo estúpido del comentario que iba a realizar…

Estudiar aplicaciones para hacer bien la forma. Sin darme cuenta he caído en una concesión absurda, la de pensar que el TCC correcto tiene relación con ejecutar bien una forma. Es evidente que conocer, practicar y ejecutar con la máxima corrección posible las formas, es algo imprescindible, pero hemos confundido las prioridades.

Si practicas un arte marcial, lo importante es que seas capaz de utilizarlo de un modo práctico y eficaz.

Las formas son herramientas para conseguirlo, son métodos y no el objetivo.

No hacemos aplicaciones para tener una forma correcta, hacemos formas para poder realizar aplicaciones correctas, para poder usar nuestro TCC cuando queramos.

Las formas nos ayudan a codificar movimientos y aplicaciones, nos adiestran en determinadas mecánicas de movimiento, nos “contagian” criterios de estrategia… Pero es en su función donde esta el objetivo, el logro, no en su apariencia, ni siquiera en su correcta ejecución. Pensar lo contrario es errar por completo el blanco.

Desde ese momento me he dado cuenta que de forma inconsciente, lenta y “sin conflicto” he ido asumiendo cosas con las que en realidad no estoy de acuerdo en absoluto.

Tai Chi Chuan es un arte marcial. Tal y como yo lo aprendí, practico y enseño, este arte marcial tiene tres funciones inseparables e irrenunciables. Salud, Longevidad funcional y Defensa personal.

Perdiendo una, pierdes las tres. El TCC nace en el seno de grupos guerreros, creado por y para guerreros y por lo tanto busca satisfacer las necesidades de los mismos.

Es evidente que un luchador también es una persona y que por lo tanto tendrá las mismas necesidades que el resto de las personas. Necesita salud, necesita (o al menos desea), alcanzar una edad avanzada sin perder su calidad de vida y de modo particular, esta vez si por su condición de guerrero, necesita tener habilidad marcial.

El TCC nace para cubrir de un plumazo esas tres necesidades. Sus métodos son “marciales”, pues son creados por artistas marciales para cubrir sus necesidades al respecto. Son saludables, porque sin salud, un artista marcial no es eficiente, porque sobrevivir a una batalla pero vivir lleno de achaques es sólo algo mejor que no sobrevivir a esa batalla. Y porque pudiendo conjugar marcialidad y salud, es muy tonto hacerlo con marcialidad y lesiones-enfermedades degenerativas por entrenamientos incorrectos.

Es formidable gozar de salud de hierro y una “genética artificial” que te permita vivir con salud muchos años, para caer muerto a la primera batalla o asalto de bandidos, algo habitual en la China rural entre los siglos XVII-XX, momento en el que se desarrolla y expande el TCC. Longevidad no es solo que uno muere de viejo a edad muy avanzada, también lo es que no te matan a los 20 en una batalla o incursión de bandidos.

Es evidente que muchos pensarán (y con razón), que hoy no necesitamos tener el mismo nivel de habilidad marcial que hace doscientos años en China. Estoy de acuerdo y por eso no es preciso someterse a unos niveles de exigencia tan estrictos como entonces. Aunque que algo no sea necesario, no implica que ni se pueda ni se deba realizar de un modo intenso y comprometido. Simplemente ahora podemos permitirnos el lujo de ser menos exigentes porque la necesidad no nos obliga a serlo, pero tampoco se nos prohibe hacerlo. Siendo estrictos, si el TCC no es necesario, ¡pues no lo practiques!. Pero desvirtuarlo para que se adapte a tus gustos, a costa de perder su funcionalidad, no es practicar TCC, sino degenerarlo y desvirtuarlo.

Pondré un símil que he usado muchas veces. Imaginemos un sólido taburete de tres patas, capaz de soportar más de 300kg de peso.

El TCC es ese taburete y sus tres patas la salud, longevidad funcional y habilidad marcial. Podemos tener un taburete más ligero y en ciertos aspectos incluso más funcional, que en lugar de tener tres postes de telégrafos como patas (TCC a la antigua usanza), tenga tres sencillas patas de madera y cuya resistencia no sea ya de varias toneladas sino de 100kg, más que suficiente para la mayoría de las personas.

Hacer el taburete menos resistente, no hace que deje de ser un taburete y mientras cumpla unos mínimos de resistencia, será útil y práctico.

Ahora pensemos en otra forma de aligerar peso y materiales, le quitamos una pata al taburete…

Lo que tenemos es una tabla con dos palos inútiles adosados. Tal vez sirva para algo, como combustible en una chimenea…, pero como taburete, ya no. Un TCC al que se le extirpa una de sus bases fundamentales, ya no es TCC, por la sencilla razón de que no pierde un tercio de su utilidad, la pierde prácticamente toda, del mismo modo que la pierde un taburete con sólo dos patas.

En un jarrón podemos guardar líquidos. Pero si el jarrón está roto, o no tiene base porque se ha roto, servirá de adorno si no se ve el desperfecto, pero como jarrón dejará mucho que desear.

Hoy en día en el TCC prima lo visual y estético sobre la funcionalidad. El TCC bien ejecutado es visualmente agradable a la vista, pero sinceramente, si funciona, como si es feo hasta gritar basta.

Para mi está muy claro. El TCC no es un “regalo de la cultura tradicional china a la humanidad”, no es “un refinado producto de la medicina china para cuidar la salud de las personas”. No es nada de eso. Es un arte marcial, nacido en China, de la mano de grandes expertos luchadores, que además resulta ser un producto de la cultura marcial china y que añade el valor añadido de generar luchadores saludables y longevos, especialmente en el área de la funcionalidad y la independencia personal.

Y lo que se avance en la línea del deporte, del entretenimiento social, de la mera gimnasia, del New Wave, de la “auto-ayuda”, de la espiritualidad abstracta y sin esfuerzo, especialmente si es en detrimento de los elementos y objetivos originales, es una desviación, que no pienso ver con buenos ojos, que no apoyaré, con la que no me siento identificado y a la que no reconozco como TCC, con la que no acepto que me relacionen ni a mi ni al arte que practico y que no voy a justificar sólo porque a muchos les guste. “Mal de muchos consuelo de tontos”. Y opinión de muchos, fundamentada en que es más cómodo (y lucrativo) degenerar, hasta que todo parecido con el original sea meramente casual, que mantener la esencia de las cosas, no es sino otra versión de ese “consuelo de tontos”.

Visión de conjunto.

Hay un episodio de los Simpson, donde Bart recrimina al payaso Krusty varias cosas, entre ellas que su calculadora Krusty no tiene el número 9… Evidentemente hablamos de una calculadora no muy práctica.

En el mundo del TCC y de casi todos los estilos, tiendo a ver ese mismo problema con muchos programas de enseñanza y de entrenamiento. Si nos centramos en el TCC, lo que prima son las formas, tanto de mano vacía como de ciertas armas constatándose que las que exigen un cuerpo entrenado como el sable y sobre todo el palo o la lanza quedan fuera, cediendo su espacio a la espada, (que en realidad precisa de una habilidad extrema para ser funcional, pero se practica de un modo meramente ornamental en demasiados casos),  y sobre todo al abanico, sobre cuya muy reciente inclusión en el curriculum del TCC se podía discutir mucho.

La cuestión es que todas estas “formas” suelen carecer de un estudio simultaneo de su “función”. Parece como si las formas en si mismas tuvieran un sentido “místico”, cuando no son sino el índice de conocimientos a desarrollar por el practicante. Por supuesto que una enciclopedia sin índice se vuelve bastante inútil, pero un índice sin la enciclopedia a que hace referencia lo es aún más.

Hagamos una analogía. Imaginemos el curriculum del TCC como si fuera un mecano o un juego de Lego. Se compone de diversas piezas, que pueden unirse y relacionarse de diversos modos.

Todo el que haya jugado con estos juguetes, sabe que al ponerte a realizar un modelo, vas necesitando diferentes piezas, unas planas, otras en forma de bloque,  largas, cortas, grandes, pequeñas, poliédricas, cilíndricas… Puedes pasarte sin alguna pieza en particular y sustituirla por otra similar, pero definitivamente, una bolsa llena exclusivamente de piezas cuadradas, no da mucho juego.

También es evidente que dependiendo del tipo de construcción que vayamos a realizar, el tipo de piezas necesarias serán diferentes. Es decir, dependiendo de la función, los elementos varían y necesitaremos “modelos específicos-especializados”. Si haces un casa, necesitarás tejas, si haces un tren, raíles… Dependiendo de la función, necesitas ciertos elementos diferenciados.

¿Y cual es la función del TCC?. Debo de reconocer que si observamos la tónica general de práctica en nuestros días, la respuesta a esta pregunta para mi es un misterio. Por supuesto yo tengo claro que busco y razonablemente, que puedo obtener del TCC y cuales son las herramientas de que dispongo para conseguirlo.

Si no tienes un sistema de ejercicios que te entrenen de un modo “sencillo” en los principios de movimiento del sistema y lo has de conseguir sólo a partir del trabajo de forma, o eres un fuera de serie o sólo cosecharás errores. Si no acompañas el trabajo en solitario con el entrenamiento en parejas (tuishou, aplicaciones, san shou…), ¿como vas a comprobar si tu trabajo de forma es o no correcto?.

Pero más allá de contar con los elementos necesarios para desarrollar las habilidades propias del entrenamiento del TCC, se necesita otra cosa más, una visión de conjunto que armonice cada elemento del entrenamiento, cada “asignatura” con el resto.

Si no entendemos que cada movimiento de la forma, es LO MISMO, que cada movimiento en Tuishou, que cada ejercicio no es sino un ejemplo particular de un principio general, nos perderemos en una colección interminable de conocimientos inútiles.

Todo, absolutamente TODO lo que hacemos en TCC puede se analizado un día bajo la perspectiva de un determinado principio y al siguiente, sin variar nada, bajo otro diferente. Es la visión de conjunto que otorga esta manera de trabajar la que te permite llegar a algo mucho más interesante que “saber” TCC, el ENTENDER el TCC.

Cada elemento del curriculum es importante por si mismo y tiene un peso específico en la formación del practicante. Pero al extirparlo de nuestra práctica, no nos privamos sólo de lo que este elemento aporta, perdemos también el conjunto de relaciones que se crean entre ese elemento y el resto. Y eso es mucho más que lo que representa el elemento en si mismo.

Si volvemos al ejemplo de Lego, si perdemos ciertas piezas en nuestro juego, el modelo de la caja ya no podrá ser montado. Ésto, siendo grave, no nos impediría inventar otro modelo que funcionase sin dichas piezas. Pero sin el entendimiento de “qué es un juego de construcción” y de como se pueden relacionar las distintas piezas para formar un conjunto, no tenemos sino un curioso montón de piezas de plástico.

Intentemos poner un poco de visión de conjunto en nuestra práctica, sin olvidar que al final, lo importante es si conseguimos o no nuestro objetivo y si somos capaces de hacer funcionar nuestro TCC según la función que original o modernamente, le demos.

 

¿Pero quien demonios querría ser “maestro”?

Por supuesto, todo depende de como definamos la palabra “maestro”.

Si es simplemente alguien que da clases a cambio de dinero, pues la única cuestión es si se gana lo suficiente.

Pero si hay una vocación de transmitir un determinado legado a una nueva generación…, ¡bufff!, ahí las posibilidades de conseguir resultados satisfactorios se complican mucho.

Hace años escribí un artículo en el que definía como veía yo la figura del maestro, en sus dos variantes más extremas, desde el punto de vista de un alumno más o menos comprometido. Ahora aquel artículo, actualizando simplemente algunos elementos circunstanciales y desde mi actual puesto de “profesor”.

Modelos de escuela

En el caso de mi experiencia dentro de la escuela del maestro Liu, la relación era realmente familiar. Inicialmente, con el maestro Liu, aprendimos que nuestro deber era aprender lo mejor posible y ayudar a los “hermanos pequeños”. También estaba claro que debíamos considerar “familia” a los compañeros. (Hay que entender que este status de “familia” ha de ser de “doble dirección”, es decir, no sólo el maestro y el resto de los compañeros han de considerar a un alumno en particular como “familia”, éste también debe ver así las cosas. En caso contrario este tipo de relación carece de sentido).
La primera vez que el que esto escribe escucho de boca del maestro Liu que “…todos aquí sois hermanos, una familia...”, pensó que el hombre no tenía las ideas muy claras. Realmente yo no quería ser “hermano” de alguno de los elementos que por allí aparecían. Y sin embargo me equivocaba. Primero, por que realmente hoy por hoy, a los compañeros de aquel tiempo, si se les considera “hermanos” y sobre todo, por que gracias a este sentimiento de unidad, la escuela en su conjunto elige una dirección de progreso común que atrae a las personalidades afines y tiende a mantener alejadas a las de características incompatibles. De esta forma, personas de buen carácter recibieron una cordial acogida y las que buscaban seguir una simple moda, el lucro o la fama personal, simplemente no se ven atraídas por nuestro grupo y nuestra dinámica.
Toda escuela tiene un aspecto “piramidal”, en la cúspide el maestro y por debajo, los alumnos más avanzados, luego los de nivel medio y finalmente, los principiantes. Según la escuela, esta estructura piramidal lógica, adopta una de estas dos líneas de actuación:

Algunas escuelas son como una pira, los alumnos nuevos son la “leña” que alimenta la escuela (sobre todo, las arcas de la escuela, con cursos, derechos de examen, cuotas, etc). Según se asciende en la jerarquía, a uno le “queman” menos cada vez, al tiempo que adquiere privilegios y según el caso, beneficios económicos. En la cúspide de la pira, se encuentra el maestro, que brilla en lo mas alto, inalcanzable para las masa de alumnos…
Este tipo de escuela suele reservar “conocimientos secretos” para los alumnos que más avanzan en la jerarquía, (que no necesariamente en su nivel y esfuerzo), con mucha más facilidad cuanto mayor sea su aportación a la caja…, permaneciendo vetados a quienes no adquieren el status de “elite”.

Luego existe otro tipo de escuela, también con una estructura “piramidal”, aunque sería más correcta la analogía de trineo tirado por perros:

A la cabeza, corriendo al lado de los perros, siempre hay una persona que los anima y dirige. En nuestro caso esa es la figura del maestro, que es quien asume este papel. Por supuesto es el puesto más fatigoso y complicado.
Detrás van los alumnos más avanzados. Su misión es “tirar” del carro, llevar a la escuela, es decir, al resto de los compañeros, a niveles cada vez más altos.
Por último, están los alumnos nuevos, que aunque también tienen su correspondiente dosis de esfuerzo, aun no tienen un alto nivel de compromiso. En nuestra analogía, salvando las distancias, ellos van subidos al trineo.

Como puede verse, el papel de alumno avanzado, no es precisamente el más cómodo (por no hablar del rol del profesor), de hecho, cuanto mayor es el nivel alcanzado, mayor es el esfuerzo que esto conlleva. ¿Por que entonces desear este puesto de “alumno directo“, “alumno interno” , “primer alumno”, etc?. Muy simple, este puesto implica más conocimientos. Esto es lo que anima a continuar, el deseo de saber más cada día. Por otro lado, este tipo de estructura, favorece que entre alumnos se comparta el conocimiento, sin grandes reservas. La razón es muy simple. Cuanto mejor sea nuestro compañero, mejor será nuestro entrenamiento de parejas y más rápido y eficaz nuestro progreso. Sin contar que también las responsabilidades se reparten….

Mención aparte merece el tema de las relaciones personales. Más aun que la enseñanza (que por supuesto es vital), lo que fundamenta la escuela es la posibilidad de compartir experiencias con personas de similares intereses. Es difícil para la mayoría de las personas, entender que uno quiera levantarse con el amanecer en frías mañanas de invierno y ponerse a entrenar, cuando lo sensato parezca quedarse en cama… También resulta reconfortante poder compartir con personas que tienen la mismas sensaciones, los distintos estados por los que se va progresando en el estudio del Taiji Quan. La práctica seria y comprometida de un arte marcial (y sospecho que de cualquier actividad que implique cambios y evolución en tantos aspectos como lo hace el TCC), supone vivir situaciones y sentimientos que sólo pueden ser comprendidos y compartidos con alguien con experiencias similares.

En una ocasión el maestro Liu comparó el aprendizaje del TCC con subir a una montaña atravesando una selva. Uno inicialmente va en coche por una autopista, con mucha gente que va en la misma dirección. Luego pasa a carreteras secundarias, a caminos de tierra. Luego debe de andar y según asciende, el camino y los compañeros van quedando atrás. Al final, uno avanza en soledad abriendo su propio camino entre hierbas y lianas. Pero que duda cabe, ayuda mucho no quedarse solo demasiado pronto en ese viaje, por más que al final uno haya de recorrerlo solo..

Y si el puesto de alumno “aventajado” es ya “complejo”, con tantos atractivos como complicaciones, el de “maestro” se las trae.

Lo siento por quien ambicione el puesto. No son más que quebraderos de cabeza, por supuesto, hablamos de alguien con vocación (y capacidad) real. Si sólo hablamos de “negocio”…, bueno, tampoco soy el mejor para ilustrar a nadie.

Pero como decía, si complejo es evolucionar uno mismo, dirigir el progreso de otros es bastante más difícil. Has de analizar en todo momento  que  necesita cada alumno en cada momento para progresar. Y lo que necesita, no siempre coincide con lo que le apetece o desea. Sería mucho más cómodo plegarse a los “deseos del cliente” , pero, ¿serviría para algo más que “caer bien“?.

Tener alumnos, te supone estar permanentemente atento para ver como están, si reciben lo que necesitan, si de verdad les das lo mejor que tienes y de un modo que les aproveche… Y todo ello de modo personalizado.

Incomprensión, ingratitud, decepción.., esas suelen ser las compañeras del que enseña con vocación y pretende dar al alumno las herramientas que le permiten progresar, por más que él no lo entienda en ese momento. Dedicar tiempo, esfuerzo e ilusión en alguien que luego decide “que esto tampoco le interesa demasiado”, al que su falta de comprensión le lleva a pensar que tú le escondes algo, o que no buscas su mejora… O ver como esa persona simplemente por circunstancias ajenas a su voluntad, no puede seguir ante imperativos laborales, familiares o de cualquier otro tipo.

¿Que te anima a seguir entonces en a brecha de la enseñanza?

Por un lado una rebeldía pertinaz a consentir que lo que te enseñaron termine sólo en ti. Algo que te obliga a seguir, porque aceptar el fracaso hace que no sólo fracases tú, sino también la ilusión que sientes que pusieron en ti tus profesores y maestros.

Y por otro, la esperanza de encontrar a gente, al menos a uno, que sea capaz de tomar el relevo algún día y que quiera hacerlo. Alguien que se te parezca en esa pasión que tu sientes por tu arte y que te haga sentir que al menos, en ti no se ha roto la cadena, y al que la vida le permita cumplir con sus deseos y tus expectativas.

Y si eres afortunado, puede que consigas rodearte de un pequeño número de personas con potencial real de llegar a ser continuadores de lo que les quieres pasar. Y entonces si que todo habrá merecido la pena.

Dedicado a mi maestro, Liu Chenyuan, a mis hermanos de escuela y a ese pequeño puñado de alumnos incondicionales que me animan a seguir cada día.

Comentario:  En este blog escribo siempre según mi punto de vista y no hay nada más que “verdades relativas”. Mis definiciones y criterios surgen de como veo y siento las cosas.

No es “la forma buena”, aunque tampoco creo que sea “la mala” . Si no te ves identificado con mi idea de “maestro”, “alumnos”, etc, ni con las obligaciones y connotaciones que yo le doy, no significa nada. Simplemente pensamos distinto.

 

Visión periférica

Tal vez el título incite a pensar que voy a revelar el uso secreto de la mirada en el TCC.

Lo cierto es que no, el tema es bastante más sutil. Eso, y que tampoco “me sé el secreto”, si es que tal cosa existe.

Cuando enseño a un alumno, es evidente que tengo en mente que aprenda una determinada técnica, pero también que a través de ella, sea consciente de ciertos principios y de como se relacionan teoría y práctica.

La mayoría suelen darse cuenta de esas relaciones en mayor o menor medida y gracias a esa comprensión, mejoran en la calidad de su práctica.

Pero luego hay dos clases de personas. Aquellos de “visión focalizada”, que son incapaces de ver nada más allá de lo evidente y sólo si se les remarca de modo enfático. Son ciegos a todo lo que pasa a su alrededor y tan solo son capaces de percatarse de lo que se les coloca intencionalmente delante de las narices y solo si se les obliga a enterarse. Incapaces de “ver” y absolutamente faltos del deseo de “mirar”.

Por contra hay otros, que no solo son capaces de ver lo que tienen delante, lo que se les está explicando, sino que ponen su atención en captar detalles que van más allá de lo evidente e inmediato. Personas cuya curiosidad y agudeza son excepcionales y que no se limitan a ser meros espectadores del proceso de aprendizaje, sino que son protagonistas del mismo.

Es evidente que el talento natural es algo que no podemos exigir, (Quod natura non dat, Salmantica non præstat)”, pero la actitud personal es algo muy diferente.

Debemos prestar atención a todos los detalles que se nos señalan de forma explícita, pero también a los que no. Hay que analizar todo lo que nos enseñan, desde diversos puntos de vista y relacionarlo con lo que ya sabemos. Intentar verlo desde puntos de vista diferentes a los indicados en esta ocasión por el profesor, e intentar realizar dicho análisis respecto a otros que ya se han estudiado en el pasado.

En un momento dado, yo puedo explicar la técnica de “la grulla blanca extiende las alas” y al hacerlo, enfatizar sobre la importancia de los cambios de peso durante su ejecución. Puede que la aplicación que utilice para mostrarlo, haga un importante uso de dicha cualidad.

Pero, ¿porqué no vas a poder (sin descuidar por supuesto lo que te quieren enseñar en ese momento), “mirar” como se manifiesta el principio de “hundir codos y hombros”, o “distinguir entre lleno y vacío”?… Como mínimo sería un interesante experimento.

Es imposible que nadie te pueda hacer ver todos y cada uno de los aspectos presentes en un determinado movimiento, sencillamente el número de factores y puntos de vista posibles y desde los que analizar cada cuestión, es virtualmente ilimitado. Lo que si puede hacer un profesor es presentarte razonablemente “todos” los fundamentales y básicos y dejar que tú luego desarrolles por tu cuenta el estudio según tus intereses, capacidad, gustos e inclinaciones.

Por supuesto que estas palabras harán retorcerse de espanto a los “tradicionalistas” y a los “oficialistas”, que argumentarán, (y algo de razón tienen), que así se pierde la pureza de los estilos, o que no habrá criterios homologados para evaluar a los practicantes.

A los primeros, sólo decirles que que esa “pureza” no es en realidad sino pobreza. Todos los fundadores, esos sagrados personajes, se caracterizan por hacer suyo el sistema en vez de ser esclavos del mismo, creando, adaptando, pero sobre todo, utilizando su intelecto y genialidad y no siendo meros repetidores de lo que en su día les enseñaron.

Para los segundos (y también los primeros), decir que siempre podemos evaluar si algo es o no válido y correcto. Si funciona, es bueno, si no funciona, NO. Lo que pasa es que pasar por el filtro de poner a prueba lo que uno sabe, es algo que asusta y que desde la cómoda poltrona de la oficialidad y el “pedigriee” sólo un loco se plantea. Poco que ganar y mucho que perder. Eso si lo que se puede ganar es el auténtico conocimiento y lo que se puede perder es tan solo fachada y apariencia y la seguridad que da ser un mediocre más en medio de la mediocridad.

Cuando aprendas y estudies, procura fijarte en los detalles importantes que se te remarquen, pero también en  los que no se te mencionen de forma expresa en esa ocasión, pero si hayan sido mencionados en otras, sólo por si allí hay algo interesante… Y no pierdas cegado por esta visión “concentrada”, esa otra cualidad que es la “visión de conjunto”, que es la que te permite discernir entre lo que es importante y lo que es circunstancial.

Cuando te tomas el tiempo de “mirar” los aspectos “periféricos”, por lo general te llevas agradables sorpresas. Y éstas suelen generar descubrimientos y campos de estudio nuevos. Novedades que aunque te dan nuevos conocimientos y habilidades, generan también nuevas incertidumbres y te mantienen en la eterna categoría del estudiante, que puede progresar día a día, sin más límite que su tesón y curiosidad. Nunca estarás satisfecho con lo que sabes, siempre estarás persiguiendo más conocimientos y sobre todo más y mejor entendimiento. Pero nunca te sentirás aburrido ni hastiado por tu aprendizaje. Y sospecho que tampoco te sentirás decepcionado ante ti mismo por la actitud con la que estudias y progresas en el TCC.

Fruto de esta actitud, he recibido algunos de los pocos elogios que me han dedicado mis profesores y maestros, siendo el que recuerdo con más satisfacción, el día que ante una pregunta un tanto inquisitiva por mi parte sobre cierto detalle, mi maestro me contestó con un simple “chico listo”  y un guiño. Satisfacción que se queda en nada cuando la comparo con la que como profesor siento cuando ahora soy yo quien utiliza esas mismas palabras ante los comentarios de un alumno de mente inquieta y “vista periférica”, que no solo “lo clava” sino que además verbaliza algún detalle sobre el que yo mismo no había reflexionado.

Paradojas en la historia de estilo Yang

En primer lugar aclarar que yo soy practicante del estilo Yang, con lo que animadversión contra el sistema, muy poca.

Todo lo que sigue viene a colación del uso actual (y posiblemente también en el pasado) del “linaje” como escudo contra las críticas.

Un linaje solo indica que tienes un profesor que desciende de modo directo a través de un cierto número de generaciones, del fundador del estilo. Eso significa que ha tenido acceso a toda la información y conocimientos que atesora un determinado estilo, pero , ¿es eso necesariamente cierto?.

El estilo Yang aparece cuando Yang Luchan que había sido alumno de Chen Chanxing, maestro en la aldea de Chenjiagou, llega a ser instructor de la familia imperial y de su guardia. No existía en su época un reconocimiento mayor al que un artista marcial pudiera optar.

El caso es que el arte que aprendió Yang Luchan (no uso el término Tai Chi Chuan, pues este nombre sería adoptado varios años después en la corte a raíz de un comentario elogioso hacia Yang Luchan por parte un letrado de la época), salió de la familia Chen. Hay una cierta controversia sobre si Chen Changxing le enseñó el sistema de la familia o por contra otro estilo, o una versión propia del mismo influenciado por las enseñanzas de un maestro ajeno a la familia.

Tradicionalmente, se enseñaba sólo a la familia y por lo general, era el hijo varón mayor el que heredaba el estatus de “cabeza del estilo”, siendo el único que recibía sin ninguna reserva todo el conocimiento del anterior “guardián del estilo”. Que se enseñase a alguien ajeno a la familia era algo inusitado y que encima esa persona llegara a ser el referente a nivel nacional de dicho estilo, un fenómeno único.

El estilo Yang en su primera generación (Yang Luchan), genera varios “descendientes”. Los hermanos Wu, de Yongnian, que pronto de “independizan” de la familia Yang creando su propio estilo estilo (Wu-Hao), Quan Yu, cuyo hijo Wu Jian Quan, sería el involuntario fundador del estilo Wu, los propios hijos de Yang Luchan, Yang Panhou y Yang Chienhou…

Tradicionalmente, el estilo debería haber sido heredado por el hijo mayor de Yang Luchan, pero según distintas versiones, a la muerte de su padre prefirió dejar la práctica y vivir como agricultor. Otras versiones apuntan a que murió joven y lo más probable es que antes que su padre.

El siguiente “heredero” del estilo Yang sería el segundo hijo de Yang Luchan, el maestro Yang Pan Hou. Se sabe que a diferencia de su padre (Yang Luchan era analfabeto), recibió una esmerada educación, entre otros del alumno de su padre Wu Yuxian. Era sin duda el candidato idóneo para heredar el cargo de patriarca del  estilo, pero…

En primer lugar está la “molesta” figura del Quan Yu, un alumno de Yang Luchan, que por motivos protocolarios y para evitar que un simple guardia tuviera por “hermanos de práctica” a nobles miembros de la familia imperial, fue conminado a hacerse formalmente alumno del hijo de su maestro, Yang Panhou. Lo curioso es que está documentado que el propio Yang Panhou le recriminó a su padre haber enseñado demasiado a Quan Yu, pues enfrentados, éste le superaba en la práctica de tuishou. Sabiendo del irascible carácter de Panhou, es de imaginar que no se trataba de simples y amables empujoncitos…

Otra historia cuenta que a la muerte de Yang Luchan, uno de sus alumnos, continuador de la línea “Tai Chi Chuan Yang Imperial”  puso en duda el nivel de Yang Panhou, venciéndole.  Yang  Panhou habría pedido la tradicional revancha a los tres años, preguntándole entonces su adversario si había aprovechado el tiempo para entrenar y mejorar. Ante la respuesta enfadada y afirmativa de Yang Panhou, su rival simplemente habría saludado y declinado el combate llamando a Yang Panhou “maestro” aceptando con ello el estatus de patriarca del estilo para Panhou.

Al final, y pese a todas las circunstancias, el segundo hijo de Yang Luchan, Yang Panhou, habría sido el “cabeza del estilo” en la segunda generación de la familia Yang. Por ese entonces habrían surgido ya los estilos Wu-Hao (Wu Yuxiang, sus hermanos y sobrinos), el estilo Yang Imperial, ambos independizados por completo del estilo Yang y Quan Yu, como maestro del estilo Yang, bajo la autoridad de Yang Panhou.

En la historia de la segunda generación del estilo Yang hay otro personaje de vital importancia, Yang Chienhou, hermano pequeño de Panhou y también consumado maestro.

Al parecer el carácter de ambos hermanos era muy diferente. Panhou era brutal con sus alumnos, gustaba de pelear y en general, poco “amigable”. Tuvo un hijo y una hija de los que no hay demasiada información. Si sabemos que la hija fue gravemente herida (o muerta según versiones) por su propio padre durante un entrenamiento con lanza… Del hijo sabemos que murió relativamente joven. Con ésto el linaje y enseñanza de Yang Pan Hou habría pasado a alumnos ajenos a la familia o a sus sobrinos, en especial Yang Shaohou.

Por su parte, Yang Chienhou, tuvo bastantes alumnos, dado su carácter más abierto y amable. Se sabe que tenía tres hijos, falleciendo el mayor en vida de su padre, aunque casado y con dos hijas. De este modo, además de los alumnos ajenos a la familia, el estilo quedaría en manos de sus dos hijos, el segundo, Yang Shaohou y el tercero, Yang Chenfu.

De nuevo, y de modo “irregular” y contrario a la costumbre china, en la tercera generación se “salta” al hijo mayor Yang Shaohou, el cual habría sido  por lógica quien debía dirigir el estilo, sobe todo si tenemos en cuenta que era 21 años mayor que su hermano pequeño, que había tenido oportunidad de ser entrenado por su padre, por su tío y muy probablemente por su abuelo en su infancia.

Se sabe que Yang Shouhou no era una persona simpática. No aceptaba alumnos que previamente no hubieran sido instruidos por Wu Jian Quan o por su hermano Yang Chenfu. Era contrario a enseñar de forma abierta a cualquiera y tuvo pocos (y escogidos) alumnos, a los que enseñaba con rigor y dureza.

Sin embargo, no es el “cabeza de estilo” , el referente de la familia Yang en la tercera generación. ¿Por qué?. La primera razón es que no deja hijos, aunque si alumnos. La familia Yang entonces queda en manos de Yang Chenfu. Yang Chenfu, al contrario que su hermano, era una persona mucho más abierta y amable. Tuvo muchos alumnos y a la muerte de su hermano, todos le reconocían como el “mejor” del momento dentro de la familia y el estilo, aunque entre ambos había notables diferencias técnicas.

Para complicar aun más las cosas, cada uno del los maestros citados, creo sus propias versiones del estilo.

Yang Luchan practicaba la vieja forma, de la que hay pocos datos fiables. Yang Pan Hou desarrolló la “forma pequeña”, de posturas más altas y presumiblemente velocidad “rápida”. Yang Chienhou, desarrolló la “forma media”. De sus hijos, Yang Shaouhou, se especializó en la “forma pequeña”, influenciado por el trabajo de su tío Pan Hou, desarrollando una forma de entrenar “dura y corta”. Yang Chenfu se especializó en la “forma larga”, desarrollando un estilo suave y poderoso, aunque se sabe que practicaba otra forma “cerrada”, a velocidad rápida, es de suponer que similar a la de su hermano mayor.

Y pasamos a la cuarta generación. Y como es “tradición” en la familia Yang, al primer hijo nos lo saltamos.

Yang Shouzhong fue el hijo mayor de Yang Chenfu, su asistente y por lógica “heredero”. Vivió sus últimos años en Hong Kong donde enseñó su estilo a un pequeño grupo de alumnos. Sin embargo, a efectos “de linaje”, por razones no muy comprensibles, es su hermano pequeño y tercer hijo de Yang Chenfu, Yang Zhenduo quien dirige el estilo familiar en la quinta generación…, salvo porque un alumno de su padre (y también miembro de la familia, sobrino nieto de Yang Chenfu), el maestro Fu Zhonwen, también habría sido “heredero” del cargo de guardián del estilo, pasando el título a su hijo Fu Shenyuan.

Lo cierto es que Yang Zhengduo, apenas conoció a su padre (murió cuando tenía seis años), por lo que fue entrenado por su hermano mayor y por su “tío” Fu Zhonwen entre otros. En el caso de ambos, sus modos de ejecutar las formas y el resto de trabajos son muy similares. No sucede lo mismo con Yang Shouzhong, cuyo modo de practicar TCC sería notablemente diferente…

En todos los casos, las distintas formas de cada linaje, forma grande, pequeña y media, forma antigua…, son prácticamente la misma, aunque con modos de ejecución muy diferentes. Es más que probable que en realidad sean variaciones personales de cada uno de estos maestros al “especializarse” en un determinado modo o método de trabajo y entrenamiento y que aunque cada uno tuviera su especialidad, en realidad todos supieran y practicasen las otras variantes de sus familiares.

Estilo Yang auténtico…

El estilo Yang auténtico debería ser por lógica, en segunda generación el de Yang Panhou y continuar en la tradición de sus estudiantes. Es de suponer que eso sucede con sus sobrinos Shaouhou y Chenfu, aunque no deja de ser eso, una suposición ante la figura tanto del abuelo Yang Luchan, como de su padre Yang Chien Hou que habría desarrollado el “estilo medio” y que se supone habría influenciado también en mayor o menor medida a sus hijos.

En tercera generación, deberá ser Yang Shouhou el referente y su linaje continuado por sus alumnos, incluídos sus sobrinos…, aunque la familia en principio reniega de este dato, tomando a Yang Chenfu como único referente del estilo familiar.

En cuarta generación, tendríamos a Yang Shouzhong, cuyo estilo, según algunos estaría muy influenciado por el método de su tío Yang Pan Hou e incluía la forma forma rápida de su padre, y que era muy diferente del de su hermano Yang Zhenduo. Su curriculum sería en gran parte considerado como ajeno al de la familia por su hermano y “primo”. Quedan pues Yang Zhenduo y Fu Zhongwen, que una vez fallecido, dejaría el puesto a su hijo Fu Shenyuan.

Existen además otros miembros de la familia Yang que no llevan el apellido, por ser descendientes de las hijas de miembros de la familia y por lo tanto heredar el apellido de sus padres (Fu Shenyuan es uno de estos casos, pero no el único).

Determinar qué es y que no es “auténtico estilo Yang”, es como vemos algo complejo y problemático. Poseer un linaje es una primera garantía, pero no es para nada improbable que linajes “secundarios” puedan generar practicantes tan o más diestros en el TCC del estilo Yang que el de los linajes “oficiales” y desde luego igual de “puros” que éstos aunque tal vez no igualmente reconocidos.

Y por último recordar, que el linaje no te va a solucionar las papeletas que te mande la vida. Lo importante no es saber como te “apellidas”, sino si eres digno de ese apellido y si estás a la altura del mismo.

 

Trucos, técnicas y principios.

Un “truco”.

Al empujar a un rival, pisa su pie adelantado. No solo es que vaya a caer, también sufrirá al menos una dolorosa distensión en su tobillo.

Este “truco” se basa en un principio general que consiste en mantener “hipotecada” una parte del cuerpo de tu rival, que no necesita en el mismo momento del ataque para defenderse, sino que lo precisará después. Es decir, obramos con premeditación.

De este principio general pueden generarse multitud de técnicas altamente eficaces, y lo que es más importante, el número que puede surgir de éstas a partir de un determinado principio estás sólo limitado por nuestra genialidad. Hay por ejemplo una forma “genial” de enfrentarse a un agarre doble de muñecas. Con una de tus manos agarras la otra muñeca del rival y liberas la mano que te tiene cogida con la suya, procediendo a golpearle con a mano liberada. El resultado es que “no tiene manos para defenderse”, puesto que una mano se la agarras tú y la otra…, ¡la mantiene estúpidamente cerrada con fuerza sin darse cuenta que la puede soltar para defenderse. Sólo pasados unos segundos suele uno darse cuenta que agarra con mucha fuerza cuando la impresión que se tiene es que somos agarrados. Ni que decir tiene que se te queda una cara de tonto… Lo que en este caso te “hipotecan” no es tanto tu mano, como tu capacidad de percepción, pero la idea fundamental, sigue siendo la misma.

Sin embargo, considerada cada una de estas técnicas por si sola y ajena a principio común, no admiten extrapolación alguna ni generan variantes, o lo que es más importante, técnicas claramente diferentes, frente a situaciones diferentes. Así pues, hemos de aprender y recordar una a una cada una de ellas y la capacidad de adaptación es por lo tanto reducida.

En TCC hay una serie de “principios fundamentales” que surgen del estudio de los diferentes “Clásicos”, textos que importantes maestros dictaron para conservar la esencia de su arte, más allá de lo meramente técnico, que de hecho, apenas está presente en los mismos.

No es tanto la técnica sino si la misma se ciñe o no a los principios del TCC, lo que hace de ella un ejemplo válido en TCC.

Quede claro que lo más importante de una determinada técnica no es si es o no “TCC puro”, sino si funciona. Pero dentro de que funcione, ha de ser compatible con el resto de elementos técnicos, estratégicos y teóricos del sistema si queremos que funcione sin interferencias indeseables.

Así pues, una técnica en la que inclinásemos pronunciadamente el tronco de forma lateral, podría ser útil en un determinado momento, pero incompatible con la necesidad estricta de conservar y conocer en cada momento el estado de nuestro equilibrio. Sin esta condición, el corpus técnico del TCC, no funciona, por mucho que algunas técnicas, ajenas al TCC si puedan hacerlo.

La función de los principios es protegernos. El TCC es fantástico en su aspecto marcial, pero sus técnicas, si no se cumple con ciertas condiciones, no sirven de nada resultando estrepitosamente pobres. Por contra, dentro del ámbito y los márgenes que proporcionan los principios, proporcionan resultados óptimos.

Un traje de buzo, con sus botas de plomo y su pesada escafandra, es ideal para trabajos en la profundidad marina y sin embargo es un equipamiento no sólo inútil sino pernicioso para un soldado de infantería, o para un jinete, o para no salirnos de ámbito marino, de un recolector de percebes… Pero dentro de su ámbito de trabajo, es lo mejor.

Los distintos estilos, hacen una elección sobre como van a enfrentar una situación, en base a esa elección eligen las herramientas a utilizar. Por supuesto toda elección tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Si eliges enfrentarte al rival evadiendo y entrando por los costados, probablemente serás “pobre” en defenderte de lo que entre por tu centro. El propio sistema genera medidas de protección, como ladear el cuerpo, pasos laterales y curvos, etc.

Por otra parte si tu sistema es experto en entrar “por el centro”, sabrá cubrir, controlar y gestionar todo lo que venga o esté por ese centro, pero por contra, tus costados no serán tan “fuertes”. Por ello el sistema te enseñar’a mantenerte “centrado” respecto de tu rival y a no ofrecer costado alguno.

¿Que método es mejor?. Ambos son “buenos” cuando los usas correctamente y con éxito y “malos” cuando fallas. Quizás lo mejor sea evitar la especialización y ser versátil en todos los ámbitos, pero de un modo u otro esto es sencillamente imposible, aunque no sea más que porque nadie es consciente de todos los posibles ámbitos y circunstancias en los que tendremos que usar nuestra habilidad.

Cuando empiezas a estudiar un arte marcial, aprendes técnicas de un modo “lineal”, de forma que conoces, 1, 20, 50, 600… o las técnicas que sean. Pero pronto empiezas a crear categorías (por lo general, en realidad esas categorías ya existen) que permitan “organizar” el conocimiento.

Y más allá de las diferentes categorías aparecen distintos “principios”, ya sea de movimiento, de estrategia, de coordinación… Esto reduce un número elevado de técnicas, del orden de varios centenares o miles a unas pocas decenas de principios, ejemplificados por unas pocas de esas técnicas.

Y lo que es mejor, fruto de la combinación de diferentes modos de esos principios y limitadas técnicas de ejemplo, podemos multiplicar de forma exponencialmente el número de técnicas singulares generables, sin ser necesario recordarlas una a una, sino teniendo un conocimiento pormenorizado de esos principios, “conocerlas todas”.

Lo fácil, es aprender un determinado número de “trucos” que funcionan. Extraer los principios en que se fundamentan es por supuesto algo mucho más complicado, pero enseguida da frutos, reduciendo el trabajo de memoria y práctica necesaria de diferentes técnicas, pues lo que eran innumerables cosas diferentes, pasan a ser unas pocas cosas diferentes con distintos ajustes puntuales que no precisan mayor consideración ni esfuerzo extra por ser dominados.

Es una cuestión de entendimiento. Hay técnicas “prodigiosas” que por si mismas representan un “truco” sobresaliente. Pero si conoces el principio, tendrás a tu disposición la fuente permanente de ese y muchos otros “trucos prodigiosos”.

Invertir en pérdidas. El I+D del TCC

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El maestro Zheng Manqing (Chen Man Ching) insistía mucho en el concepto de “invertir en pérdidas“, animando a sus alumnos a no ganar a cualquier precio y perder con gusto antes que utilizar recursos ajenos a los que se utilizan en TCC.

Esta idea de invertir en pérdidas, me temo que se entiende muy mal.

Por un lado está el instinto de supervivencia que nos hace reacios a aceptar de buen grado la idea de derrota. Y para ser sinceros, si hablamos de un enfrentamiento real, lo de “invertir en perdidas” es una idiotez. En un enfrentamiento uno ha de intentar lo primero resultar indemne y justo detrás, no perder, al precio que sea, si es necesario contraviniendo los principios de sistema, pues los contravenimos. Entiéndase que hablamos de una situación real en la que nuestra integridad física está seriamente amenazada.

Por otro lado, en el entendimiento de “invertir en pérdidas”, se da con frecuencia una nefasta influencia ya sea del concepto cristiano de “ofrecer la otra mejilla” y “los justos serán recompensados en la otra vida“, o del concepto budista de “Karma“.

Demasiados piensan que uno “se deja ganar”, “no se resiste a la derrota” y de un modo místico, esotérico y sobre natural, se produce una manifestación de “justicia cósmica” y somos recompensados con la victoria, en respuesta a nuestra actitud resignada y no violenta.

Lamento tener que indicar a los “creyentes” que este salto esotérico es una necedad y “así” no se va a dar. No hay “recompensas divinas” en función de nuestra ciega adhesión a ideologías morales, que por otro lado poco o nada tiene que ver con el TCC.

Sin embargo, hay una serie de elementos físicos, reales y mundanos, ajenos a influencias celestiales, que si hacen uso del concepto de “invertir en pérdidas” y que de hecho son en el TCC la base estratégica de aprendizaje primero y de respuesta después, en una confrontación física.

Se suele decir que “no hay secretos” en el aprendizaje de un arte marcial, más allá de “entrenar mucho”. Bueno, si le añadimos “entrenar bien, siguiendo correctamente ciertos principios”, estaremos mucho más cerca de la verdad.

Si que hay “secretos”, aunque la mayoría de ellos es nuestra propia necedad quien nos impide descubrirlos. “Invertir en perdidas” es uno de ellos y la mayor dificultad que tenemos es entender que en TCC, SI debemos invertir en pérdidas para aprender a ganar primero y para GANAR en general. Y lo segundo que hay que entender es que no hay nada de espiritual, ético, divino o sobre natural en ello. Simplemente es UNA TÉCNICA  de aprendizaje y una estrategia de combate.

Entremos en materia práctica. Nuestro rival nos empuja (usaremos un ejemplo muy simple y de fácil repetición) en el pecho con sus manos. Pretende evidentemente desplazarnos y seguramente hacernos caer. Para ello nos empuja, nos mueve y simultáneamente, aunque no es objeto de su atención ni intención, él TAMBIÉN se mueve.

La primera respuesta que de forma innata todos usamos es resistirnos a su empuje, a su intención de movernos. Es mejor que permitir que logre su objetivo, que simplificando es hacernos daño, pero no es el modo más inteligente de conseguirlo.

Analicemos en fenómeno desde un punto de vista “no dual”. Frente a “TÚ me empujas YO intento impedirlo“, adopto otra actitud de “Tú te mueves y Yo dejo que NOS muevas“. Aquí la primera clave.

No impedimos que el rival nos mueva, pero si que nos unimos a su movimiento, de forma que pasamos de ser dos cuerpos que se oponen, a dos cuerpos en el que uno de ellos aporta la energía cinética necesaria para generar el movimiento de ambos.

Además, esta falta de oposición, genera con facilidad el que el rival se encuentre con que su cuerpo no ha recibido la esperada resistencia y por lo tanto se mueve de un modo que no responde totalmente a lo esperado.

Sólo ésto, ya genera una serie importante de oportunidades de respuesta. Además, no habremos invertido una significativa parte de nuestros recursos en anular los del rival.

Segunda clave, no impedimos su movimiento, pero si su objetivo. Al permitir que el rival nos empuje, debemos tener una actitud que diga algo así como “¿quieres avanzar en mi dirección?, pues pasa, pero sin que yo caiga“. Es decir, no le impedimos avanzar, no le impedimos que nos mueva, pero si evitamos que nos desequilibre. Para ello dejamos que nos desplace, pero trasformando por ejemplo traslaciones en giros, de modo que nuestro equilibrio y posición en el espacio no sea perjudicial para nosotros, pero si permitiendo que su energía cinética se invierta en movernos de un modo inocuo para nosotros. Es evidente que ésto no es fácil de hacer, pero la primera condición para lograrlo es tener una actitud poco beligerante con el movimiento y la fuerza del rival, ciñendo esta beligerancia a no permitir que dicha fuerza nos haga daño, pero si favoreciendo que nos mueva  A AMBOS.

Esta es la clave del “Hua Jing” o la habilidad de “neutralizar“.

Visto así, “invertir en perdidas” consiste en no esforzarse en impedir el movimiento del rival, sino muy al contrario, favorecerlo, con la salvedad de que mientras que el movimiento de su cuerpo en principio no será alterado por nuestra fuerza, el que la suya imprima al nuestro, si será modulado para hacerlo inocuo.

Es la actitud no beligerante lo más difícil de conseguir y en lo que debemos invertir considerable tiempo y esfuerzo para llegue a ser nuestra respuesta primaria y refleja ante cualquier fuerza que nos sea aplicada, ya venga en forma de empuje, intento de proyección, luxación, golpe… Aunque más que “invertir en pérdidas” tal vez el nombre correcto hubiera sido “invertir en la aceptación y la no beligerancia“. Sin embargo queda otro aspecto, altamente “secreto” porque depende de que el practicante acepte este primer aspecto de no beligerancia para poder ser utilizado y que justifica plenamente el nombre de “invertir en pérdidas“.

Volvamos a nuestro ejemplo del empujón. El compañero (ahora hablaremos del aprendizaje) nos empuja y debemos contrarrestar su técnica, partiendo de la no resistencia. Salvo por pura suerte, lo que va a suceder es que al no resistirnos, seremos duramente empujados.

Si caemos en la auto-trampa que nuestro ego nos tiene preparado, nos resistiremos en la siguiente ocasión y unido a esta resistencia, utilizaremos nuestra habilidad para intentar  generar una contra a su empuje. Y lo malo es que además, progresaremos bastante y lo lograremos en una más que razonable medida. ¿Malo?. Si, “malo” porque ésto nos cierra la puerta a conseguir un tipo de repuesta aun mucho más eficiente, que eso si, parte de la cesión y la actitud no beligerante frente a la fuerza del rival. Sin esa actitud, simplemente, no hay materia prima para  poder realizarla.

I+D

En una empresa, el dinero está en el departamento de contabilidad, pero desde luego, no es allí donde se genera, aunque sean ellos los que lo tienen y a quien se les pide cuando hace falta hacer frente a un gasto.

El departamento de ventas es el responsable de que el dinero llegue a la empresa, pero tampoco es en ese departamento donde se general la riqueza.

En producción se genera el producto y aunque es un departamento que “gasta”, evidentemente es el que “produce”.

No obstante hay otro departamento, que sólo genera “gastos” y es el de I+D. Ellos no producen, solo “piensan” y realizan caros prototipos que además, no son aptos para la venta directa. Y sin embargo son sus ideas y proyectos los que dan trabajo a producción, a ventas y finamente al departamento contable.

I+D no es rentable de forma inmediata, es una inversión que solo a medio y largo plazo devuelve (o no) la inversión los correspondientes intereses.

Invertir en pérdidas” es exactamente lo mismo. No es algo que puedas usar o que de rendimiento inmediato, pero es la base de de una gran riqueza técnica y de un profundo entendimiento del sistema.

Volvamos al punto en que nos han empujado y hemos sido desplazados de un modo “incómodo y no deseado” hasta un punto del espacio en que que no deseamos estar.

Una vez que ya me han desequilibrado y he empezado a volar, es cuando debo de ser inteligente y “estudiar” que ha hecho mi cuerpo en esas fases iniciales de su empuje. Por lo general, mi torso se inclina hacia detrás, arrastrando a mi cadera y salvo contadas excepciones, a una de nuestras piernas, que dependiendo de la intensidad, será seguida o no por la otra.

Ésto es “invertir en pérdidas”. Dejaremos que el compañero nos empuje muchas veces, pero nos centraremos en que está pasando en NUESTRO  cuerpo mientras somos empujados. El primer paso sería no permitir que nuestro torso se inclinase. Para ello hay que mantenerse derecho y permitir que su empuje nos mueva “en bloque” (con amplias matizaciones que son precisamente el objetivo del estudio), sin por ello resistirse. Eso genera que es ahora nuestra cadera y no nuestro torso quien recibe el grueso del impulso. Y aunque seguiremos siendo desplazados, ahora nuestro equilibrio ya no será tan afectado, pues al ser aplicado de forma final el empuje del rival, sin importar donde nos toque, cerca de nuestro centro de gravedad, el equilibrio se conserva con más facilidad.

Bien, nos empujan en el pecho, no nos ponemos rígidos y el esfuerzo se traslada  la cadera. Ahora lo usual es que una de nuestras piernas se ve arrastrada por la cadera. Podremos utilizar esa energía cinética aplicada para dar un paso en el que nuestro único esfuerzo es controlar donde y como queremos que caiga el pie. O incluso antes, sin dejar que se llegue a mover el pie, permitir que el empuje nos gire la cadera, cintura, torso…

Es el estudio del como perdemos, el que nos indica por donde la fuerza del rival puede y debe ser anulada. Si su empuje me lanza por los aires y mi pie derecho fue el primero en despegarse del suelo, debería haber cedido en mi cadera derecha, permitiendo que el empuje del rival la mueva (no anticipándome sino adhiriéndome a su empuje) o dejando que ese empuje me inicie el paso correspondiente con el pie derecho.

En definitiva, recibo un montón de empujes y permito que me “ganen” porque es en el estudio de la correspondiente derrota donde puedo encontrar la respuesta más económica y demoledora de la técnica del rival. Por el mismo sitio que “entra” su técnica, el rival abre una puerta a nuestra contra, pero si nos enfrentamos a la misma, esa puerta como tal, no llega a abrirse.

Sobre las “puertas”, cada vez que atacamos, nos descubrimos. E incluso aunque no ataquemos y estemos en guardia, siempre hay “puertas” por las que el rival puede atacar. Uno intenta mantener “cerradas” las que el rival quiere utilizar a su favor y deja “abiertas” aquellas que cree no son vulnerables en un determinado momento, porque no es posible cerrar todas simultáneamente.

Pero hay algo que yo al menos no he conseguido y es cerrar la puerta que implica mi ataque. Cuando atacas, creas una “puerta”, en un sentido más amplio que el simple “hueco por donde te pueden pegar” y que permanece abierta hasta que terminas tu técnica o el rival te cierra al tratar de impedir tu ataque.

“Invertir en pérdidas” te enseña a estudiar el como anular la técnica del rival, a como dejarle abierta esa “puerta” que corresponde a su ataque durante más tiempo y a como utilizarla. Y al no “resistirte”, la “puerta” asociada a tal resistencia, que tu rival espera y conoce, no la “abres”.

Pasa algo muy curioso. Al poco de empezar a actuar “invirtiendo en pérdidas”, ya no pierdes (no tanto como si te resistes y desde luego mucho menos que al iniciarse en el método). Por el contrario y sin casi esfuerzo, es el rival el que va cayendo en su propia trampa. En muchas ocasiones parece que el rival colabora para perder y en cierto modo nuestra falta de resistencia activa a su movimiento, hace que eso sea lo que sucede. Y da la impresión de que sin fuera, sin esfuerzo, sin intención y sin beligerancia, tú ganas y él pierde.

Es evidente que “la justicia del universo” no te defiende. Eres tú con tu técnica y estrategia lo que explica la victoria o la derrota, pero admito que la aparente “desgana” con la que se enfrenta uno a la técnica del rival, puede dar esa impresión, no sólo a quien lo ve, sino a los los rivales y al propio practicante.

Yo siempre animo a mis alumnos a que ante una técnica del rival que en un momento dado les supere, sin importar si era una buena o mala técnica, pierdan “a gusto” y estudien el proceso de pérdida, que “inviertan en ello” y le encuentren la salida. De ese modo la técnica “pobre” del rival la reconocemos y aprendemos a tratarla con mayor facilidad y por contra, ante una técnica de superior calidad, por un lado y mediante el ingenioso método de perder contra ella muchas veces, se la “robamos” al rival que ya sea de buen grado o sin darse cuenta “nos la enseña” y por otro, gracias al mecanismo de “invertir en pérdidas”, aprendemos a neutralizarla. Doble ganancia por una misma “inversión”.

Al igual que el I+D es una actitud empresarial que a corto plazo implica inversión y que sólo da beneficios a medio o largo plazo, despreciada por los amigos del “pelotazo”, pero por contra, el foco de las grandes y más pujantes empresas, “invertir en pérdidas” es una actitud de practicantes inteligentes que saben sacrificar el ego y sus puntuales victorias de hoy en aras de las victorias y el progreso de larga duración y permanencia, del constante desarrollo para mañana.