3. Relajar la cintura

3. 松腰 (sōng yāo) Relajar la cintura
La cintura es el comandante de todo el cuerpo. Solo cuando se es capaz de relajar la cintura, los pies tendrán fuerza y la parte inferior del cuerpo será estable. La alternancia de lleno y vacío llegan de la rotación de la cintura. Cada vez que hay falta de fuerza en la forma, debemos buscar el origen la debilidad en la cintura y en las piernas.
Ta Hu
Vamos con el tercer punto del decálogo del Maestro Yang Chenfu y que resulta ser uno de los más complicados, entre otras cosas porque los términos, “cadera” (Kua) y “cintura” (Yao), no tienen el mismo significado en el contexto del TCC que en español o inglés. Esto genera errores de comprensión que resultan muy difíciles de corregir, esencialmente, porque lo que se quiere decir y lo que se entiende, son cosas muy diferentes.
Definiciones incorrectas
Yao, se traduce como “cintura”, pero en el contexto del TCC y posiblemente en el idioma chino, se refiere a una considerable sección del tronco, que va desde el suelo pélvico hasta el esternón, o incluso hasta la axilas. Visto de este modo, “Yao” es un cilindro que comprende todo el torso.
YaoYao español

 

Por contra, para nosotros “cintura” es un plano horizontal que divide el cuerpo en dos secciones más o menos a la altura del ombligo.
En nuestro idioma, girar la cintura, implica que el bloque de piernas, caderas y ombligo van en un sentido y el resto del torso, hombros y cabeza, van en otro, apareciendo dos secciones diferentes en el torso. Una idea totalmente contraria a la que se quiere expresar en el original en chino.ejesdelcuerpo
Una vez que entendemos esta idea, debemos también comprender que en la práctica del TCC, la cadera “kua” va indefectiblemente asociada en el movimiento, a la cintura “Yao”.
en todos los movimientos, ambas articulaciones o grupos, “Yao”  y “kua“, trabajarán juntos y aunque aparentemente respecto al suelo, alguna de ellas parezca no moverse, en realidad, una respecto a otra, siempre tendrán desplazamiento y/o acciones compensatorias.
Y volvemos a tener un problema con la concepción de donde se manifiesta el movimiento, aunque en este caso, es simplemente falta de observación.
Supongamos que estamos en pie, con los pies en paralelo y separados a la anchura de nuestros hombros.
Si le pides a alguien que gire la cintura respecto al eje cráneo-caudal , lo más probable es que veas como mueve en un giro horizontal sus caderas respecto al suelo, girando todo el tronco, caderas, muslos…, y en realidad, retorciendo sus rodillas en el más estúpido de los sentidos, justo ese que se opone por completo al movimiento natural de las rodillas.
El giro el respecto al eje cráneo-caudal,  debería hacer trabajar la articulación de la cintura, sin mover en absoluto las caderas (lo que implicaría estar trabajando el giro de cintura), o bien,  ir asociado a un desplazamiento opuesto adelante-atrás de las caderas, (trabajo de hundimiento de cadera o “kua”) sin implicar otro movimiento que flexión-extensión a las rodillas y nunca rotación de las mismas, que es algo antinatural.  La falta de movilidad en cintura y cadera, suele estar motivada por rigidez muscular e incorrecta actitud postural y por un deficiente control de estos grupos y no tanto por un problema en la propia articulación.
Flexion rodilla

Flexión-extensión, único rango de movimiento al que responde adecuadamente el diseño de la rodilla

 La rodilla esta diseñada para flexionarse como una bisagra, en la dirección marcada por el eje de los dedos de los pies y el talón. Es le tipo de movimiento que hacemos al andar, dar una patada frontal…, pero por su propia naturaleza, no puede flexionarse lateralmente  en la linea formada por las caderas, ni tampoco rotar respecto al eje del muslo, aunque en todas esas direcciones y variantes, si posee una cierta tolerancia, de la que por desgracia, abusamos con frecuencia y que es el origen de la mayoría de molestias y lesiones que experimentan los practicantes de TCC por una mala práctica.
fastidiarrodillas
En la imagen vemos un ejercicio muy habitual cuya ejecución correcta, para evitar actuar de forma dañina sobre la articulación de la rodilla, resulta muy complicada. Por lo que habitualmente estamos ante un ejercicio que fuerza los rangos de tolerancia de la articulación de la rodilla (sobre la que se supone que no trabaja).
Y por supuesto, este mismo error, es habitual en la práctica de TCC, tanto si hablamos de trabajo en solitario (forma), como de pareja (Tuishou, Sanshou…). Estamos ante un ejemplo de como un movimiento que debería afectar a una zona (cadera/cintura y tobillos), lo hace en realidad en otra (rodillas).
Vemos pues la importancia de adquirir control de cada parte del cuerpo y de saber cual y cómo ha de moverse en cada momento.
Distinguir cintura y cadera
Front view of pelvis, sacrum, and two lumbar vertebrae. Sacroiliac joint is where sacrum meets pelvis. Sacrum is lowest part of spinal column. Ligaments hold sacrum and pelvis together.
 Vamos a empezar por distinguir dos partes fundamentales. Llamaremos “kua” (cadera) al conjunto formado por la pelvis y los fémures, siendo la unión del fémur y la pelvis la articulación que corresponde a este grupo. La columna vertebral, el sacro y el coxis no forman parte de este conjunto.
Podemos asimilar que se trata de una “copa” con dos “pies” que serían nuestras piernas.
Ahora vamos a considerar todo lo que hay “dentro” de nuestra “copa”, todo el paquete abdominal cobre el suelo pélvico, el coxis, el sacro, la columna vertebral y en general todo el segmento del tronco hasta la articulación de los hombros/axilas. Es importante notar, que en TCC, el giro alrededor de lo que habitualmente entendemos por “cintura”, que en realidad implica la torsión de las vertebras lumbares, no está en general contemplado como un movimiento correcto en el TCC, donde ombligo, esternón y garganta deben estar alineados. No obstante, para adquirir ciertas habilidades y consciencia corporal, nos permitiremos ciertas licencias.
Si giramos la “copa”, es decir, la cadera (kua), también lo hará todo su “contenido”, es decir, lo que hemos definido como “Yao“.
Por el contrario, si sólo movemos el “contenido” es decir, yao, piernas, caderas y su articulación, no se moverán respecto al suelo, pero si lo harán, el sacro, coxis, la columna, el ombligo y el resto del torso. Y será la articulación sacro-cocigea con sus ligamentos la que trabaje.
Aunque hablamos de mover ciertas partes y dejar otra inmóviles, lo cierto es que tendremos que trabajar sobre ambas al mismo tiempo, para movilizar unas y “fijar” las otras. Así que en realidad, podemos entender que todo movimiento del cuerpo implica el uso simultaneo y coordinado tanto de la cintura (yao), como la cadera (kua).
Tenemos que aprender a disociar el movimiento de una y otra parte, en aras de adquirir control voluntario sobre ambas.
Este control, cuando estamos en pie, se hace complicado, porque los músculos estabilizadores y fijadores, tienden a anclar nuestro yao y nuestro kua. Hay que aprender a moverlos de forma separada.
Aunque se ha indicado que el giro de cintura a la altura del cinturón, no es lo que entendemos por “cintura” en TCC, en este ejercicio vamos a utilizarlo como método introductorio.
Movilizando la cintura
ZhangzhuangColócate en la postura del jinete y sitúa tus manos como si abrazases un árbol. Deja que tus dedos corazón se toquen entre si suavemente. Ahora intenta girar el torso a izquierda y derecha, sin que se te muevan las caderas.  Si es necesario pide a un compañero que sujete tus caderas e impida su movimiento. Verás que lo habitual es que el giro del torso, tienda a arrastrar en mayor o menor medida a  tus caderas.
Tampoco permitas que tu manos y brazos se muevan de modo independiente respecto al torso. Tus manos deberán estar en todo momento frente a tu esternón y éste es el que se desplazará arrastrando a los brazos. Si te resulta difícil hacerlo (y en cuanto te despistes esto sucederá), abraza una bandeja o un balón (no importa el tamaño,  si es grande no te preocupes por si tus dedos se tocan o no, y si es algo más pequeña, no te preocupes por que tus manos se “crucen”). Lo importante es que el balón o bandeja toquen tu pecho y no “rueden” sobre él, sino que giren en bloque con brazos y pecho.
Analiza la dificultad y la tensión que hay que generar en la zona lumbar y en las caderas, para evitar que se muevan.
Ahora, repite el ejercicio, pero sentado en un taburete, te sorprenderá lo fácil que es moverse girando la cintura sin que afecte a tus caderas. Como se indicó, al ponernos en pie, tienden a tensarse de modo automático e involuntario ciertos músculos estabilizadores y fijadores que anclan cader y torso. Sin embargo, sentados en un taburete, estos músculos se desactivan de modo también automático e involuntario. Realizar el ejercicio ahor será algo extremadamente sencillo.
Levántate de nuevo y repite el ejercicio, intentando ahora relajar toda la tensión innecesaria (esos músculos fijadores y estabilizadores). seguramente lo conseguirás y sin problemas además. El mayor problema aquí es tomar consciencia de la tensión involuntaria en el área de la cintura y cadera cuando estamos en pie.
Identifica la sensación correspondiente al (incorrecto) giro de caderas y al de cintura, pues es muy importante y necesario para todas las prácticas de movimiento.
Movilizando la cadera
Para el siguiente ejercicio, adopta la misma posición. Ahora vamos a movilizar la caderas, que para nosotros es la unión del fémur con la pelvis.
Se traga de realizar el mismo ejercicio de antes, pero ahora coloca tus brazos con los codos pegados  las caderas y los puños hacia delante, como si estuvieras cogiendo dos bastones de esquí. Los lados superiores del rectángulo estarían formados por tu cadera (primera esquina) el fémur (el lado) y la rodilla (segunda esquina).
Rotacion cadera incorrecta
rotación rodilla
Rota en bloque tus caderas como en la figura  (que sería la cadera vista desde arriba). hazlo levemente, pues es perjudicial. Presta atención a como se retuercen tus rodillas. Esto es lo que nunca debes hacer.
Hay que tener en cuenta que existen multitud de ejercicios y movimientos que deberían ser dirigidos  por la cadera (kua) y donde esa articulación debería ser la que soporte todas las torsiones, pero en los que por diversas razones, son las rodillas las que al final reciben este esfuerzo.
Ahora mira la siguiente figura.
cadera correcta
El lado correspondiente a la cadera-fémur-rodilla, no gira, sino que va adelante y atrás. Tus rodillas ya no se retuercen sino que realizan su movimiento natural de extensión-flexión, mientras que tu torso si habrá girado. Al mover las caderas-rodillas adelante y atrás alternativamente, extiende el puño correspondiente hacia el frente, como indica el sentido de las flechas. El movimiento de parece a andar arrastrando los pies, (aunque no los mueves), o a pedalear. Éste es el modo correcto de usar tu cadera, donde mientras una “abre” y la otra “cierra”.
No olvides hacer un pequeño esfuerzo de expansión en tus muslos, de modo que aunque avances o retrocedas, tengas una ligera sensación de estar tirando con la rodilla hacia delante y con la ingle, hacia atrás. Ésto es también un detalle de gran importancia, pues nos otorga una gran capacidad de conexión en el “arco de las piernas” y aumenta notablemente nuestra estabilidad y enraizamiento.
El autentico giro de cintura
No, no poseo la verdad absoluta, pero el ejercicio de giro de cintura que se ha comentado más arriba, solo sirve para adquirir un cierto control y la sensación de giro del torso.
Ahora vamos a ver como podemos y debemos usar “yao”, la cintura entendida como una sección del tronco, que va desde el suelo pélvico hasta el esternón- axilas. Visto de este modo, “Yao” es un cilindro que comprende todo el torso, conjunto del que forma parte la columna, sacro y coxis incluidos.
Así las cosas, al girar la cintura, debe moverse en bloque todo el torso, permaneciendo aliada la zona del pubis, el ombligo, el esternón y la garganta. Se debe girar el sacro, coxis y columna en bloque, sin torsiones de las vertebras entre si. Y todo ello sin que se muevan en absoluto las caderas.
Es posible (y bastante lógico) que pienses que hay un error y que el movimiento que describo es imposible, pero no lo es. Si consigues conectar correctamente todas las partes, notaras como tus caderas permaneces fijas, mientras tu vientre y tus lumbares rotan lateralmente. Esto es posible porque en realidad, el sacro está articulado respecto a la pelvis, aunque es un movimiento limitado y en la mayoría de las personas, por falta de entrenamiento, algo prácticamente inexistente. Pero se puede y se debe desarrollar esta capacidad de movimiento. El giro de la cintura “yao“, del modo que se explica, es una increíble fuente de potencia, acompañada de gran estabilidad.
Por último, voy a recomendar un artículo de Chen Zhonghua, sobre este tema, que puede resultar muy esclarecedor. Aunque no coincido en todos los ejemplos, no me cabe la menor duda de que sabe de lo que habla.

 

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2. Hundir el pecho y elevar la espalda

2. 含胸拔背 (hán xiōng bá bèi) Hundir el pecho y estirar la espalda

Seguimos con la serie dedicada a los diez puntos esenciales para la práctica del TCC según Yang Chenfu.

Este punto sigue en la categoría de los dedicados a la estructura corporal. Es otro de esos requisitos indispensables, entre otras cosas para conseguir poner en práctica con éxito el primer punto.

legionario

 

Al pedirnos que “hundamos el pecho”, lo que nos refieren es que adoptemos una postura relajada a nivel del pecho. Vamos, que podemos dejar de lado la pose “legionaria”.

 

Cuando “sacamos pecho”, suceden varias cosas que no nos convienen. La primera y más obvia, es que tanto nuestro torso como nuestra cara resultan más accesibles a los golpes del rival.

Otro punto negativo es que “sacar pecho” precisa un cierto uso de la fuerza, no mucho, pero si algo que además nos hace más lentos y frena nuestro cuerpo a la hora de movernos, evadir y/o atacar.

Adoptar este tipo de postura nos obliga a utilizar una respiración pectoral, que es de entrada, más llamativa y que nos delata ante el rival. El momento de mayor vulnerabilidad del cuerpo es justo en el momento en que hemos terminado de espirar y vamos a empezar a inspirar. En ese preciso momento, el del cambio entre espiración e inspiración, cuando nuestros reflejos, capacidad de reacción y de movimiento se ven increíblemente reducidos. Darle al rival una pista sobre esto, es una grave negligencia.

A nivel anímico, esa postura propicia sentimientos de osadía, valentía y temeridad, a la vez que un cierto grado de agresividad. Cualidades que pueden ser muy valiosas cuando hablamos de valor y disciplina militar, para afrontar el peligro sin miramientos, pero que por el contrario, son muy poco recomendables cuando el objetivo es preservar nuestra integridad física.

Esa postura del torso y la respiración pectoral, generan una cierta elevación del centro de gravedad y una fácilmente perceptible pérdida de estabilidad y de la habilidad para enraizar.

Hundiendo el pecho, que no es otra cosa que “no sacar pecho”, por el contrario, tenemos una sensación de recogimiento corporal, que disminuye la sensación de vulnerabilidad, propiciamos que la respiración se realice de forma abdominal y facilitamos la coordinación de los movimientos, especialmente entre la parte alta y baja del cuerpo. Fomentamos la sensación de ligereza que se buscaba en el primer punto. Mejoramos la coordinación entre las partes alta y baja del cuerpo, facilitando que se produzca una sensación de conexión, que a su vez permite movimientos más coordinados que en su contraparte “osada”, mejorando también la capacidad para enraizar. Quiero insistir en el hecho de que no se trata de hundir el pecho de forma forzada, simplemente, evitamos “sacar pecho”.

“…elevar la espalda“, tiene varios matices. En primer lugar es una consecuencia natural de hundir el pecho. Al hacerlo, sobre todo si lo combinamos con el quinto punto “Hundir hombros y bajar codos” generamos una sensación de expansión en la columna, que asciende hacia arriba, hacia la cabeza, y que se expande a la vez hacia abajo, en la zona del sacro e incluso hasta los pies, surgiendo un par de fuerzas opuestas en nuestro cuerpo que lo conectan con todas sus partes. Podemos decir que este punto es fundamental para conseguir cumplir con el primero de “estirar la columna”.

Por otra parte, tenemos la teoría de los “3/5 arcos”. Esta teoría dice que todo el cuerpo debe estar conectado y para ello se inspira en la figura de un arco. El primer arco sería el formado por los brazos, que según escuelas sería un solo arco o dos, si consideramos cada brazo por separado. El segundo arco sería similar a éste, formado por las pierna, y de nuevo se puede considerar que hablamos de uno o de dos arcos . El tercer arco, que es el que nos interesa en este punto, es el formado por la columna vertebral.arco2

En la parte superior de nuestro “arco” tenemos la cabeza, en la inferior, el sacro y coxis. La parte media de ese arco, estaría formado por la vértebra dorsales.

Un arco sin cuerda, ni tensión, es un simple palo, pero una vez que el arco tiene cuerda y es tensado, acumula una poderosa energía potencial elástica. cunado elevamos la sensación de la coronilla y hundimos el sacro, generamos la tensión en nuestro arco de la espalda. Esto equivale a “colocar la cuerda en nuestro arco”. Al tensar la cuerda, el arco se doble, no en un punto como una bisagra, sino a lo largo de toda su longitud, intensificando la sensación de tensiones opuestas. Estiramos hacia arriba la cabeza, hacia abajo el sacro y al hundir el pecho y “elevar la espalda”, incrementamos la tensión del arco de la espalda, del mismo modo que si tirásemos de la cuerda.

Si volvemos al ejercicio de “colgar del cuello” que vimos en el artículo sobre “estirar la columna” (primer punto de Yang Chenfu) e intentamos “bajar el sacro”, llega un momento en que alcanzas el límite de movilidad. Pero si ahora “hundes el pecho y elevas la espalda” se comprueba que el sacro se puede hundir aun más, extendiéndose ese límite de movilidad de forma notable.

¿Y todo esto para que vale?

Tal y como hemos explicado, este principio afecta directamente a la conexión entre las distintas partes del cuerpo, mejorando por lo tanto la capacidad para utilizar el cuerpo. Pero hay un efecto sorprendente que se da al utilizar simultáneamente los puntos 1,º, 2º y 5º, pero en especial enfatizando en estirar la parte baja de la columna.

Si nos encontramos practicando tuishou con un compañero, pide, mientras colocas tu brazo en la pengposición de “peng, que apriete con sus dos manos sobre tu brazo. Ahora vamos a encontrar su centro y atacarlo. Existe un método simple, fácil y extremadamente eficaz para conseguirlo. Simplemente, mientras aguantas, expande la parte baja de tu columna, (primer punto) y hunde pecho y eleva la espalda (segundo punto). Nada más, solo “espera”. Al hacer esto, de forma inmediata, el compañero siente que su raíz se rompe, pierde el equilibrio y a nosotros se nos revela de forma clara donde está su centro y sobre todo, la dirección en la que ha perdido el equilibrio.

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Es un método que funciona y que simplifica enormemente el saber “donde está el centro del oponente”. Porque en realidad, ya no hace falta “buscarlo, sino que “aparece” por si mismo.

 

 

¿Y como se entrena?

Se entrena en cada momento y con cada elemento de tu práctica. Lo puedes (y debes) entrenar practicando forma, tuishou, posturas fijas, qigong, jibengong…. Pero hay un pequeño “truco”. No intentes practicar todos los puntos a la vez, simplemente, no conseguirás realizar de modo correcto ninguno. Céntrate en un punto solamente cada vez que entrenes. Si vas a practicar tu forma y quieres prestar atención al segundo punto, haz solamente eso, fijar tu atención en cumplir con el 2º punto en cada instante. Ya aviso, que no lo vas a conseguir en todo momento más que en raras ocasiones en que te hayas levantado especialmente inspirado… Pero cada minuto de entrenamiento sobre éste o cualquier otro punto, va sumando “horas de vuelo”, de modo que el cuerpo aprende, y sin necesidad de atención consciente, se termina ciñendo a los mismos de un modo “automático”.

Trabajando de este modo, entrenas de forma activa el punto en el que prestas atenciń y de forma “pasiva” todos los demás, sobre todo si ya los has entrenado activamente en el pasado.

Intenta conscientemente mantener su permanencia mientras practicas con un compañero, aplicaciones, Tuishou, Dalu, Sanshou, aplicaciones…. Haz que sea este el foco de tu práctica y no la técnica en si misma. Que la técnica sea el vehículo, la escusa, que utilizas para entrenar estos puntos y no el elemento principal.

Entrena así por un tiempo y lo más probable es que lo hagas así ya de por vida cuando sientas sus beneficios,

1. 虚灵顶劲 (xū líng dǐng jìn) Energía de la parte superior de la cabeza ligera y sensible

El primero de los 10 puntos dictados por Yang Chenfu fue:

1. 虚灵顶劲 (xū líng dǐng jìn). Energía de la parte superior de la cabeza ligera y sensible

Las explicaciones “clásicas” de este punto, no suelen arrojar demasiada luz sobre su significado.

“La energía en lo alto de la cabeza” es mantener la cabeza bien derecha y erguida para que la energía espiritual (shen) pueda alcanzar el punto más elevado (baihui). No empleéis la fuerza muscular, lo que volvería rígido al cuello y perturbaría la circulación de la sangre y el hálito (Qi). Que vuestro espíritu sea espontáneo y ágil de lo contrario la fuerza vital (jingshen) no puede ponerse en movimiento. 

En primer lugar, me gustaría volver a un tema recurrente, el TCC es un arte marcial, creado por y para artistas marciales. Así que estos puntos deben tener una traducción y aplicación inmediata lo marcial.

Mi experiencia me indica que conseguir este punto tiene mucho que ver con el dominio de todos los que le siguen. Digamos que es el punto de partida y el punto final de tener un cuerpo entrenado y que sigue todos los principios y mecánicas corporales del sistema.

Cuando uno se mantiene erguido, es consciente de su equilibrio. La clave es “consciente”. Cuando estamos perfectamente erguidos,  suceden varias cosas. La primera es que estamos absolutamente alejados del suceso que implica caer y que por definición, implica terminar bastante paralelo al suelo y no perpendicular al mismo.

 

 

 

Cuando nos inclinamos, perdemos en gran medida el control y la percepción de nuestro equilibrio. En la foto de ejemplo,  la torre Eiffel está perfectamente asentada y equilibrada, la de Pisa, corre el riesgo de caer y de hecho puede hacerlo en cualquier momento sin mayor aviso y en la última foto, el hecho se ha consumado.

Es muy fácil diferenciar entre estar perfectamente erguido o ligeramente inclinado, del mismo modo que es fácil diferenciar entre tener la mano vacía o con algunas monedas, pero no tanto entre tener algunas monedas o algunas monedas menos una. Sin embargo, se hace más complejo diferenciar entre estar algo inclinado o “un poco más inclinado”. Diferenciar entre “un poco” y “nada” es muy simple. Hacerlo entre “un poco” y “un poquito más”, no tanto.

Por eso, estar erguido simplifica las cosas a la hora de determinar el estado de nuestro equilibrio.

Por otro lado en TCC deberíamos sentir siempre fuerzas de expansión en nuestro cuerpo, fuerzas que se expanden de un modo más o menos sutil en direcciones opuestas. Notar el propio peso es algo que sucede de forma natural y no requiere explicación alguna. Pero notar una suave sensación de suspensión, que te permite moverte con ligereza y equilibrio, es algo menos evidente.

Se enfatiza la idea de imaginar que colgamos de la parte superior de la cabeza. Pero este ejemplo que es perfecto en si mismo, se puede mal interpretar y llevarnos a una sensación de rigidez opuesta por completo a la de ligereza que buscamos. No debemos pensar que nadie tira ni nos quiere colgar. Eso nos llevaría a intentar estirar con fuerza el cuello “siguiendo” esa fuerza, del mismo modo que lo haríamos si tirasen de una de nuestras orejas, generando rigidez y tensión, que es lo opuesto a lo que buscamos.

Por el contrario, debemos pensar que tenemos un gancho en la cabeza y somos nosotros los que nos colgamos de una barra y colgamos libremente porque queremos. No es lo mismo sentir que te están ahorcando que pensar que tienes un flotador en el cuello y cuelgas de él en el agua flotando libremente. En este segundo y mucho más acertado supuesto, la intención y sensación es la de que nuestro cuerpo cuelga libremente y por el punto de que lo hace, no puede caer ni inclinarse.

Podemos hacer un experimento muy simple con la ayuda de un compañero.

ahorcado

  1. Pide al compañero que te agarre del cuello y tire moderadamente hacia arriba, mientras te resistes. Estudia la sensación que experimentas (que salvo que disfrutes con tu sufrimiento, será desagradable).

 

marioneta2. Ahora pide al compañero que coloque sus manos alrededor de tu cuello y que te sostenga, mientras tú te cuelgas moderadamente. La sensación, debería ser una mezcla de agradable pereza y ligereza.

Compara ambas sensaciones, que parten de un mismo fenómeno (colgar del cuello). La segunda, además de agradable, genera una sensación de equilibrio y ligereza que es lo que buscamos. Generarla a partir de nuestra intención para poder movernos con ligereza, es la clave y objetivo de este punto.

 

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Cabe señalar que no es tanto la idea de verticalidad que aunque si se enfatiza bastante en el estilo Yang, no es una norma absoluta, como lo demuestra el hecho de que en las fotos del Maestro Yang Chenfu se puede ver como éste se inclina en numerosas ocasiones. Más bien se trataría de mantener una expansión en direcciones opuestas cabeza-pies en todo el cuerpo, que es la que otorga esa sensación de ligereza, conexión y estabilidad que debería caracterizar a toda práctica de TCC que se precie.

No es casual que éste sea el primer punto de la lista, se puede considerar que es la condición imprescindible para poder hablar de TCC. Si este punto no está presente, el resto simplemente no serán factibles.

Como se puede ver, poca o ninguna referencia a “energía” o “espŕitu” hago en mis explicaciones. Sencillamente, ni son necesarias ni aportan luz sobre la comprensión del punto en cuestión. Más bien al contrario, el uso de términos abstractos, nos impide llegar a  experimentos y resultados prácticos.

Por el contrario, las sensaciones que se alcanzan siguiendo los consejos que se han aportado, te llevarán a entender por que hablan de “energía ligera y sensible” o de “despertar el espíritu de vitalidad”. Porque no tendrás que imaginar nada al respecto, sino limitarte a sentirlo, disfrutarlo y usarlo.

Serás beneficiario de sensaciones sutiles pero a la vez evidentes, que te permitirán, puesto que son el punto de partida, desarrollar habilidades superiores. Y a la vez, comprenderás porque esta sensación generó las descripciones que se hacen en los clásicos, pero también que elucubrar sobre ellas sin sentirlas, es un alarde de presunción, ignorancia y estupidez. Y por supuesto el origen de absurdas interpretaciones, basadas en deseos y no en realidades.

Los diez puntos para la práctica del TCC

Hoy inicio una serie de artículos sobre mi interpretación los diez principios para la práctica del TCC dictados por el maestro Yang Chenfu.

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Pero antes de empezar con el primero, me gustaría hacer una (amarga) reflexión. Es tristemente común encontrar gente con bastante tiempo de práctica, que desconoce estos puntos. Pero más frecuente aun es encontrar quien los puede repetir de memoria pero es incapaz de entender su significado y lo que es peor, perpetúan esa ignorancia haciendo referencia a términos abstractos y difusos o que no admiten demostración ni uso práctico alguno.

 

Ver a un practicante, haciendo referencias a la “energía”, el “espíritu”, pero que es incapaz de percibir que sus hombros elevados y rígidos le impiden moverse, o que una postura “legionaria” con el “pecho fuera”, afecta negativamente a su capacidad para enraizar y moverse con fluidez…, son cosas que me superan, niveles de prepotencia acompañados de ignorancia, que producen vergüenza ajena y reducen al arte que practico a una absurda colección de tópicos y tonterías.

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Algunas comparaciones, pueden ser odiosas…

 

 

 

 

 

Estos puntos los dictó el maestro Yang Chenfu, famoso por su tremenda habilidad marcial. Pero eran un conocimiento reservado de la familia Yang. Principios que dirigían su entrenamiento y explican su habilidad marcial y que además, poco o nada tiene que ver con aspectos esotéricos. Eran las claves por las que se regían artistas marcial de primer nivel para obtener su excelente habilidad, y no un decálogo para chalados que en su vida se han planteado la posibilidad de usar de un modo práctico la habilidad que (y es mucho suponer) se les supone.

Estos puntos, cada uno de ellos, requieren una larga reflexión para empezar a entender todo su significado y potencial (personalmente creo que estoy muy lejos de su dominio). En mi práctica, he dedicado periodos que van de los tres meses a los dos años al estudio de un único punto, que he dedicado en cada ocasión, a reflexionar y a relacionar cada punto en particular con cada elemento de la práctica, con cada movimiento, con cada aplicación, con las conclusiones obtenidas en el estudio del resto de puntos…

Es además una práctica recurrente, de forma periódica vuelvo al repaso de un único punto, de nuevo durante unos meses. Este método de estudio genera nuevos “descubrimientos” sobre matices que antes podían estar presentes, pero no de forma consciente.

Sin este estudio y reflexión, estos puntos se vuelven abstractos, rodeados de un esoterismo, que en general no tiene nada que ver con ellos y que eliminan cualquier posibilidad de uso práctico de los mismos.

Hay que apuntar, que la propia redacción de esos puntos, suele ser bastante incomprensible, a menos que previamente ya entiendas su significado, momento en que ves que esa forma de enunciarlos resulta bastante acertada. La razón es que en muchos casos, esos puntos hacen referencia a las sensaciones que producen una práctica correcta. Los puntos dan una clave técnica en algunas ocasiones, pero hacen referencia sobre todo a las sensaciones subjetivas que se producen durante una práctica correcta. De modo que sólo cuando tu práctica se acerca a lo correcto, puedes atisbar de que hablan en realidad estos puntos.

Y por supuesto, que la traducciones no suelen ser muy afortunadas. En chino hay palabras que no tienen traducción a nuestro idioma. Y se dá el caso e que además, otorgamos la misma palabra comodín para muchas de ellas (la eterna “energía”, que nadie define y de la que se da por hecho que todo el mundo comprende su significado, aunque no sea claramente el caso del traductor, o “espíritu“, “mente“…).

Si, es todo un poco retorcido.

Todos estos puntos, hacen referencia a tres aspectos diferenciados:

a. El cuerpo y la correcta estructura corporal (conexión).

b. El uso de ese cuerpo conectado durante el movimiento.

c. El uso de la intención durante el movimiento del cuerpo conectado.

 

Y ahora vamos por el primero de los puntos.

 

 

 

El tuishou en sus vertientes deportiva y tradicional

Recientemente he participado en un debate en las redes sobre el tuishou deportivo vs tuishou tradicional. Fruto de ese debate, surge este artículo intentando explicar que entiendo por tuishou tradicional, que por deportivo, sus puntos en común, sus cualidades antagónicas, las ventajas y desventajas de la práctica de cada modalidad.

Antes que nada, he de advertir que a mi el tuishou competitivo no me atrae en absoluto. Pero es una herramienta, que bien utilizada, puede ser realmente útil.

Arte marcial tradicional

En primer lugar me gustaría definir que entiendo por un arte marcial tradicional.

No tiene relación en principio con la antigüedad del sistema, sino con sus características. Para mi, un arte marcial tradicional, está enfocado en su aspecto más práctico, a la mera supervivencia. Por supuesto que un estilo tradicional, que ha perdurado en el tiempo, es en si mismo un tesoro cultural de incalculable valor, que ha de ser protegido y preservado. Por supuesto que suele venir acompañado de una serie de valores éticos, que han de ser respetados y preservados. Por supuesto que en su bagaje técnico, se incluyen muchos conocimientos que exceden de lo estrictamente marcial, constituyéndose en si mismos como excelentes sistemas de preservación y mejora de la salud, de progreso personal y por último, un camino de longevidad, que además hace que dicha longevidad, merezca la pena. Todo eso, es estrictamente cierto.

Pero el TCC, es un arte marcial, creado por y para guerreros, que con dicho sistema intentan dar respuesta a sus necesidades más pragmáticas, donde destaca con especial intensidad la de volver vivo a casa cada noche.

carga vikingos

Si un arte marcial, cualquiera, pierde de vista este objetivo, a mi humilde entender, ya no es un arte marcial y por lo tanto, deja de ser un arte marcial tradicional.

Tuishou deportivo

El tuishou deportivo, es un deporte de combate, que consiste según la modalidad, en hacer que el rival mueva los pies sin que se muevan los nuestros, o en sacar al oponente de un círculo o hacerle caer, mediante empujes, tirones y maniobras similares. Puede ser algo extremadamente sutil o una simple lucha de toros, a ver quien forcejea más. Aunque se supone que esto no debe suceder, lo cierto es que termina siendo algo muy frecuente y aquí características como la fuerza propia, la velocidad, en fin la condición física más primaria toman gran valor, como en la mayoría de los deportes de competición.

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Sus fines, sus métodos y sus principios, pueden o no coincidir con los del TCC tradicional según quien sea el practicante, pero por lo general, podemos afirmar que son distintos y no sería descabellado entablar una distinción entre “tuishou deportivo”, y el TCC tradicional/original.

Tuishou en el ámbito de un arte marcial tradicional

TCC ha un arte marcial desde su origen y durante su periodo inicial de difusión, hasta bien entrado el siglo XX. Es sólo ya bien iniciado el siglo XX y sobre todo a partir de sus últimos 30-35 años cuando su imagen cambia (personalmente, creo que la expresión  “se deteriora” es más acertada), para pasar a verse como un método de salud, “crecimiento espiritual” o cualquier otra forma en la que actualmente se le defina.

En definitiva, hablamos de un arte marcial en su origen, como puedan ser Xinyi Quan, Bagua zhang, Hung gar kuen… y que como tal, carece de aspecto deportivo definido.

 

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Shuaijiao

 

El único arte marcial chino al que se le contempla un importante sesgo deportivo desde sus orígenes, es el Shuai jiao (literalmente “camino de proyectar/proyección”), que de siempre, ha tenido competiciones.

El resto de estilos, lo que tenían, eran duelos y desafíos, que se podían pactar de un modo más o menos amistoso.
O competiciones abiertas leitai, cuyas normas eran más bien laxas, como la definición de tiempos de asaltos, prohibición de uso de armas, o su regulación, convenios sobre la no judicialización de secuelas médicas y/o muertes y poco mas…leitai2

El último leitai tradicional (competición a contacto pleno y con normas muy poco restrictivas, donde los combates se celebraban sobre una plataforma elevada) del que yo tengo conocimiento, fue organizado por la Escuela Central de Kuoshu de Nanking allá por los años 30 del siglo XX y termino con bastantes heridos graves y varias muertes. De hecho, fue suspendido al segundo día por este motivo.

O sea, “deporte”, tal vez no sea la palabra que mejor define esa clase de competiciones,

El TCC, como arte marcial que es. tiene múltiples herramientas para lograr enseñar sus habilidades y conocimientos al alumno:

forma

Forma

Forma, ejercicios específicos y de acondicionamiento (jibengong), Tuishou (patrones y trabajo libre), Sanshou (incluyendo trabajos pautados y libres hasta llegar al combate sin restricciones y de modo extremo, al leitai frente a cualquier luchador 

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Jibengon

cualquier estilo). Y todo ello, como preparación para lo que no admite preparación alguna, un enfrentamiento real, en un asalto, una batalla, o la participación en un desafío sin reglas, donde el principal premio es seguir vivo.

 Bien, ahora veamos cual es la función del tuishou en un arte marcial enfocado la supervivencia.

Todo sistema de combate realista, busca lo primero, evitar que nos hagan daño y hacérselo al enemigo, lo segundo, pero eso si, sin olvidar en ningún momento permanecer “muy apegado al primer punto”. Vencer es importante, pero más lo es no hacerlo a un precio inasumible, como es vencer y quedar con secuelas de por vida. 

Imaginemos que nuestro sistema es muy simple y sólo tiene una técnica de ataque, que es una patada a la entrepierna. Para poder aplicarla con muy altas garantías de éxito, hay que conseguir que el enemigo se encuentre en una posición vulnerable, que nosotros estemos a la vez en un posición de ventaja y entonces y solo entonces, lanzar nuestra patada.ventaja

En este contexto, es donde aparece el tuishou en el seno de un arte marcial tradicional.

El tuishou nos enseña a ganar esa ventaja, mantenerla y evitar que el rival se recupere y que pueda a su vez tomar ventaja. En el ámbito del TCC, además, deseamos reservar toda nuestra capacidad ofensiva y descargarla sólo cuando la indefensión del enemigo es máxima. Esto implica que no gastamos nuestra fuerza, postura, equilibrio, etc, en lograr que el rival llegue a ese punto de indefensión, sino que utilizamospatada las habilidades de adherirnos, escuchar, interpretar y neutralizar/transformar, para aceptar el movimiento del rival, sin oposición directa y “gestionarlo”, de modo que su mismo movimiento sea el que le lleva a él a una posición y estado de desventaja y que simultáneamente mi me lleve a una de ventaja. Y todo ello, reservando al máximo todos mis recursos para poder aplicarlos en un movimiento final definitivo y devastador. En el caso del sistema que he presentado, en cuanto consigues colocar a tu rival en posición vulnerable, las habilidades adquiridas a través del entrenamiento del tuishou ya han cumplido su función y lanzas tu patada. Y si el rival, de entrada, se coloca en una posición vulnerable, no necesitas usar tus habilidades de tuishou, no usas el tuishou, ¡le pateas sin más!, agradeciéndole, eso si, que todo el trabajo lo haga él amablemente por ti…

El tuishou, en un estilo tradicional, es una herramienta, un juego, que nos enseña a adquirir la habilidad necesaria para ver y aprovechar la ventaja en el preciso instante en que interceptamos el movimiento del rival, sin chocar ni hacer uso de la fuerza bruta ni la oposición, permitiendo que su movimiento se ejecute, pero sin que logre su objetivo, que es perjudicarnos.

Esto, lleva una ínfima fracción de segundo que suceda para bien o para mal. El rival lanza un golpe y yo defiendo. En el preciso instante del contacto, yo debería adherirme a su movimiento, evadir mi cuerpo de su “punto de mira” y permitir que su propia inercia le lleve a un punto de desventaja, neutralizando su ataque y trasformándolo en algo que a mi me sea útil y ventajoso.

Puesto que esto que contamos, sucede en un instante y como tal tiene un carácter binario, lo has hecho bien/lo has hecho mal, su entrenamiento resulta complejo. En la práctica, suele ser cuestión de suerte “acertar”, aunque hay factores que permiten suponer con ciertas garantías que es lo que va a hacer el rival y por lo tanto, abordarlo con éxito. Pero la certeza exacta de que es lo que está pasando en cada preciso instante, es algo que se consigue sólo a través del tacto, y ahí, el tuishou es la herramienta que nos permite desarrollar y afinar sus capacidades.

El tuishou sería entonces un método de entrenamiento que de un modo” artificial” busca prolongar en el tiempo de forma indefinida esa fase de decisión “izquierda/derecha”, “arriba/abajo”, “dentro/fuera”…., de tal modo, que nos de tiempo a ser conscientes de sus diversas componentes y a gestionarlas adecuadamente de un modo consciente.tuishou

Quede claro entonces, tuishou es un método de entrenamiento, arbitrario y artificial, cuyo objetivo es desarrollar una serie de cualidades, donde uso función es adquirir la habilidad de interceptar y transformar el peligroso ataque de un rival, en una situación de ventaja. Todo eso, pero sólo eso.

El tuishou, como tal, no te enseña a atacar de un modo contundente al compañero (nótese que en el ámbito del tuishou, se habla de compañero y solo en el del enfrentamiento real, de adversario rival o enemigo), sino exclusivamente a generar las circunstancias en que tal ataque contaría con más probabilidades de éxito. En la práctica, se limita a mostrar tal ventaja con un leve toque que debe hacer perder el equilibrio al compañero y así indicarle “como están las cosas”. Otra característica es que su función es esencialmente “educativa” y por lo tanto, la actitud entre los dos practicantes es bastante colaborativa. La función primordial de este tipo de entrenamientos no es la de ganar o perder durante los mismos, sino la de adquirir habilidad y por lo tanto, sus técnicas y estrategias no son de transferencia directa directo e inmediata a una situación de combate real, sino que se centra en l adquisición de habilidades genéricas, que si son relevantes en un enfrentamiento.

 El objetivo de nuestra práctica es bajo estas premisas, ayudar a progresar al compañero y de rebote, nosotros mismos, pero la idea de “ganar o perder”, queda bastante fuera de lugar y carece de sentido en el marco del entrenamiento tradicional del Tuishou.


En el ámbito de una práctica tradicional, el moderno trabajo de competición de tuishou, no es más que un método muy restrictivo de sparring, interesante para trabajar de forma libre como un método para comprobar el propio nivel.

Es un tipo de combate de HABILIDAD, donde de modo arbitrario se eliminan ciertas técnicas y recursos, para potenciar otros, pero sin por ello pensar que el resto no tenga importancia, simplemente se acota el temario de estudio en ese momento. Y donde se minimiza el riesgo de sufrir lesiones y otros percances, lo que lo convierte en un excelente modo de trabajo seguro de bajo nivel de riesgo.


tuishoujuegoVisto de este modo, este trabajo de sparring “libre”, pero con una definida normativa que lo centre en la obtención de determinados logros, es algo “obligatorio” en nuestro entrenamiento y en nuestro proceso de aprendizaje, aunque no es imprescindible que se desarrolle en el seno de una competición deportiva. Simplemente es un modo de trabajar “combate”, pero centrando el mismo en ciertas habilidades y dejando otras de lado de un modo arbitrario. Y donde el factor de “contacto” y “riesgo físico” prácticamente desaparece.

codazoEn una situación “real”, cuando mi enemigo se mueve, me adhiero a él, recibo su fuerza, la neutralizo, consigo la ventaja (haciendo hasta aquí uso sobre todo de la fuerza de su movimiento, mientras reservo la mía), haciendo uso hasta aquí de las habilidades propias de la práctica del tuishou y sólo una vez llegados a este punto terminar con el rival de un modo expeditivo, ahora si, pudiendo hacer uso de toda la fuerza que he reservado y sin más restricción que las que impongan nuestra capacidad por un lado y nuestra moral por el otro.

Evidentemente, se trata de algo muy diferente y alejado de los objetivos del tuishou deportivo.

Insisto, no es imprescindible pasar por competiciones públicas, pero si entrenar de forma libre con compañeros muy variados y con pocas restricciones, y una competición deportiva puede ser un buen lugar para hacerlo. Y se percibe como un elemento más de los disponibles, para mejorar la habilidad general del practicante en vistas a un posible enfrentamiento real, donde lo que te juegas es la vida. Renunciar a cualquier cosa que te prepare, por mínimo que sea su peso en el total, para salir indemne de una situación así, es simplemente una actitud absurda y poco inteligente.


Aspectos negativos de la competición

Cuando ganar en un determinado juego, deja de ser un método para adquirir habilidad marcial en general y pasa a ser un fin en sí mismo, la técnica del tuishou cambia, apareciendo nuevas estrategias, perfectas para ganar en esa competición, pero suicidas y/o incompatibles, con la estrategia y técnica usuales/propias/características del TCC para un enfrentamiento “real”.

Un buen practicante de TCC, debería poder competir con razonable solvencia en estos eventos, pero no debería caer en ciertos “vicios”, que permiten ganar gracias a las reglas, aunque destruyen su trabajo general en TCC, QUE DEBERÍA IR POR LA VÍA DE CUMPLIR CON CIERTOS PRINCIPIOS Y ESTRATEGIAS, que son los que te dan más recursos y aumentan tus posibilidades de salir indemne y sobre todo vivo, en una situación “real”.

Este enfoque tradicional y de “supervivencia”, es sin embargo una estupidez, si lo que queremos es vencer a nuestro ponente en una competición reglada.

No tiene sentido esforzarse por no dar la espalda o vigilar los movimientos de nadie en particular que no sea el rival con el que luchamos, pues nadie va a salir a ayudarle en nuestra contra.

No tienes que proteger tus genitales, ojos, garganta, dedos, rodillas…, etc del ataque de tu rival, porque sencillamente, en el contexto de esta competición, no puede atacar esos puntos. Eso te permite inclinarte, y forcejear contra él, para evitar que te haga mover los pies (regla más habitual, el que mueve un pie, pierde). No tienes que preocuparte porque el rival , viendo tu postura encorvada, inclinada y “espatarrada” te lance una patada a la entrepierna. Porque si se le ocurre, el juez lo sancionará y te dará a ti como ganador… Todo esto, que absolutamente cierto en un contexto deportivo, es sin embargo lo que debe preocuparnos y ser considerado en un enfrentamiento que no es deportivo.

Práctica actual del TCC y sus derivados


Respecto a la práctica habitual en la actualidad, donde los deportistas se especializan, existiendo pruebas y competiciones aisladas de tuishou/combate y formas por otro lado… Los exponentes “puros” del primer grupo, no hacen TCC, sólo luchan, puesto que carecen de acceso al conocimiento técnico del estilo, que se encuentra precisamente en las formas. También hay que decir que en el ámbito del TCC, son casos excepcionales, pues simplemente, apenas hay un puñado de practicantes así en el mundo del TCC.

Si el competidor de “tuishou deportivo” lo hace bien, y sigue las normas de la competición, no hay nada que objetar, salvo el uso del nombre “TCC”, porque lo que se hace entonces es en realidad “tuishou de competición”, cuyas características, objetivos y ejecución, resultan muy diferentes de los que busca el TCC.

Y si un practicante de TCC tradicional, participa y consigue ceñirse a los principios de su estilo, independientemente del resultado final, habrá “vencido” en su objetivo. Y seguramente, perdido en la competición, que es lo que les pasa a todos los competidores salvo al ganador en cada ocasión en que se participa en un evento deportivo y lo habitual, uno es el ganador y el resto no.


Quien solo hace formas y determinados trabajos en solitario y no conoce ni entrena el resto del temario, ni es capaz de usar su estilo en una confrontación, no hace TCC, sino un entrenamiento especializado (y muy mermado), confeccionado a su medida. Si está confeccionado a la medida de sus necesidad o la de su incapacidad, es algo que habría que determinar en cada caso. Pero algo está muy claro, quien así obra, no sabe TCC, porque le faltan todos los elementos que le dan vida a sus formas Y NO DEBERÍA ENSEÑAR en ningún caso, vistas sus carencias.

Una cosa es que sepas repetir una rutina de memoria y otra que la entiendas y domines si no has trabajado el resto del temario.
No se puede saber Física sin saber Matemáticas, y por más que te sepas la fórmula del movimiento rectilíneo uniforme e incluso seas capaz de usarla correctamente, no tienes ni idea de Física y tu forma de entender el movimiento, desde el punto de vista de la Física, es un cúmulo de simplificaciones, si no de errores. Y esto es así, aunque no lo entiendas. Sólo si sabes Física (Matemáticas incluidas), podrás entender porqué esto es así. Solo si sabes TCC de modo razonablemente completo, podrás entender porqué esta forma parcial de aprender y entrenar, no es TCC. Y hasta entonces, deberías escuchar, no a mi, que en ello ando, sino a los que de verdad saben (y en esto, me dan la razón).

Y el último varapalo, el más gordo, para los practicantes “tradicionales”, que no cruzan manos con nadie, en ninguna ocasión ni circunstancia. El estilo tradicional, está pensado para la lucha real, sin reglas. Enfrentarse con reglas no es “anti-tradicional”, es arriesgado especialmente para la propia imagen, sobre todo si perdemos. Seguramente aquí podemos ver la razón de la renuencia, no tanto a no participar en eventos deportivos (muy respetable), sino a confrontar habilidades con otros practicantes. 

Es lógico pensar que un deportista entrenado exclusivamente con criterios “deportivos” tenga mejores resultados en el seno de una competición deportiva, que un practicante cuyo entrenamiento se dirige “a otra cosa”. Pero hay que entender que esa “otra cosa” debería ser el ser capaz de luchar por tu vida.

Si tu método de entrenamiento no está dirigido en esa línea, NO HACES TRADICIONAL. Evidentemente, tampoco es que tengas que tener un número mínimo de “bajas confirmadas” para poder ser considerado un practicante de TCC tradicional, pero si tu método de entrenamiento no recoge los elementos necesarios para poder hacerlo, NO HACES TRADICIONAL.

La mayoría de practicantes de TCC “tradicional”, con mentalidad tradicionalista, suelen estar mucho más alejados y perdidos de la vía tradicional “real” que los practicantes de “taichi/tuishou deportivo. Por mucho que estos últimos “apunten” a otro sitio, los tradicionalistas, ni siquiera “apuntan”. Y así nos va.

 

He de aclarar a mi, NO ME GUSTA el trabajo deportivo en su aspecto de competición, premios, títulos, etc y que en el ámbito de mi práctica y de mi concepción de la práctica de un arte marcial, es algo carente de sentido. Pero es que a mi hay muchas cosas que no me gustan y no significa que no sean buenas. No me gusta nada el Jazz, pero si el Rock. No significa que el Jazz no sea música y en ocasiones, incluso sublime. Ambas son música, pero no me gusta “toda” la música.

El TCC tradicional para mi es auténtico Rock, mientras que el tuishou deportivo, es Pop. No me gusta en general, pero hay canciones que me encantan.

El Taichi “tradicional(ista)” que en realidad es simple repetición muerta de formas, es algo que en mi alegoría comparo con el Tecno o el Reggetón (géneros que detesto). No son cosas comparables, y que se comparen o confundan es una ofensa, antes que nada, al buen gusto. Y ahora no hablo de música, sino de TCC y sus sucedáneos.

Vuelvo a la carga

Tras casi tres años sin escribir en este blog, retomo la actividad.

Aunque ando inmerso en otro proyecto “literario”, que se leva parte de mi tiempo y mi inspiración, espero poder compaginar ambos de un modo razonable.

Así que empiezo con un artículo sobre el Tuishou, en sus vertientes tradicional y competitiva.

Si conoces ya el blog, sabrá que me encantan los comentarios y críticas y que en general, siempre son bienvenidas.

Así que gracias por estar ahí y espero que os guste, interese o al menos os suscite nuevas inquietudes lo que escriba.

Muchas gracias por leerme y ¡al ataque!

Ya vale de concesiones..

Según me dirigía a una de mis clases, pensaba en como explicar a los alumnos lo necesario de estudiar y practicar aplicaciones para poder realizar un buen TCC y una forma correcta.

Y entonces me di cuenta de lo estúpido del comentario que iba a realizar…

Estudiar aplicaciones para hacer bien la forma. Sin darme cuenta he caído en una concesión absurda, la de pensar que el TCC correcto tiene relación con ejecutar bien una forma. Es evidente que conocer, practicar y ejecutar con la máxima corrección posible las formas, es algo imprescindible, pero hemos confundido las prioridades.

Si practicas un arte marcial, lo importante es que seas capaz de utilizarlo de un modo práctico y eficaz.

Las formas son herramientas para conseguirlo, son métodos y no el objetivo.

No hacemos aplicaciones para tener una forma correcta, hacemos formas para poder realizar aplicaciones correctas, para poder usar nuestro TCC cuando queramos.

Las formas nos ayudan a codificar movimientos y aplicaciones, nos adiestran en determinadas mecánicas de movimiento, nos “contagian” criterios de estrategia… Pero es en su función donde esta el objetivo, el logro, no en su apariencia, ni siquiera en su correcta ejecución. Pensar lo contrario es errar por completo el blanco.

Desde ese momento me he dado cuenta que de forma inconsciente, lenta y “sin conflicto” he ido asumiendo cosas con las que en realidad no estoy de acuerdo en absoluto.

Tai Chi Chuan es un arte marcial. Tal y como yo lo aprendí, practico y enseño, este arte marcial tiene tres funciones inseparables e irrenunciables. Salud, Longevidad funcional y Defensa personal.

Perdiendo una, pierdes las tres. El TCC nace en el seno de grupos guerreros, creado por y para guerreros y por lo tanto busca satisfacer las necesidades de los mismos.

Es evidente que un luchador también es una persona y que por lo tanto tendrá las mismas necesidades que el resto de las personas. Necesita salud, necesita (o al menos desea), alcanzar una edad avanzada sin perder su calidad de vida y de modo particular, esta vez si por su condición de guerrero, necesita tener habilidad marcial.

El TCC nace para cubrir de un plumazo esas tres necesidades. Sus métodos son “marciales”, pues son creados por artistas marciales para cubrir sus necesidades al respecto. Son saludables, porque sin salud, un artista marcial no es eficiente, porque sobrevivir a una batalla pero vivir lleno de achaques es sólo algo mejor que no sobrevivir a esa batalla. Y porque pudiendo conjugar marcialidad y salud, es muy tonto hacerlo con marcialidad y lesiones-enfermedades degenerativas por entrenamientos incorrectos.

Es formidable gozar de salud de hierro y una “genética artificial” que te permita vivir con salud muchos años, para caer muerto a la primera batalla o asalto de bandidos, algo habitual en la China rural entre los siglos XVII-XX, momento en el que se desarrolla y expande el TCC. Longevidad no es solo que uno muere de viejo a edad muy avanzada, también lo es que no te matan a los 20 en una batalla o incursión de bandidos.

Es evidente que muchos pensarán (y con razón), que hoy no necesitamos tener el mismo nivel de habilidad marcial que hace doscientos años en China. Estoy de acuerdo y por eso no es preciso someterse a unos niveles de exigencia tan estrictos como entonces. Aunque que algo no sea necesario, no implica que ni se pueda ni se deba realizar de un modo intenso y comprometido. Simplemente ahora podemos permitirnos el lujo de ser menos exigentes porque la necesidad no nos obliga a serlo, pero tampoco se nos prohibe hacerlo. Siendo estrictos, si el TCC no es necesario, ¡pues no lo practiques!. Pero desvirtuarlo para que se adapte a tus gustos, a costa de perder su funcionalidad, no es practicar TCC, sino degenerarlo y desvirtuarlo.

Pondré un símil que he usado muchas veces. Imaginemos un sólido taburete de tres patas, capaz de soportar más de 300kg de peso.

El TCC es ese taburete y sus tres patas la salud, longevidad funcional y habilidad marcial. Podemos tener un taburete más ligero y en ciertos aspectos incluso más funcional, que en lugar de tener tres postes de telégrafos como patas (TCC a la antigua usanza), tenga tres sencillas patas de madera y cuya resistencia no sea ya de varias toneladas sino de 100kg, más que suficiente para la mayoría de las personas.

Hacer el taburete menos resistente, no hace que deje de ser un taburete y mientras cumpla unos mínimos de resistencia, será útil y práctico.

Ahora pensemos en otra forma de aligerar peso y materiales, le quitamos una pata al taburete…

Lo que tenemos es una tabla con dos palos inútiles adosados. Tal vez sirva para algo, como combustible en una chimenea…, pero como taburete, ya no. Un TCC al que se le extirpa una de sus bases fundamentales, ya no es TCC, por la sencilla razón de que no pierde un tercio de su utilidad, la pierde prácticamente toda, del mismo modo que la pierde un taburete con sólo dos patas.

En un jarrón podemos guardar líquidos. Pero si el jarrón está roto, o no tiene base porque se ha roto, servirá de adorno si no se ve el desperfecto, pero como jarrón dejará mucho que desear.

Hoy en día en el TCC prima lo visual y estético sobre la funcionalidad. El TCC bien ejecutado es visualmente agradable a la vista, pero sinceramente, si funciona, como si es feo hasta gritar basta.

Para mi está muy claro. El TCC no es un “regalo de la cultura tradicional china a la humanidad”, no es “un refinado producto de la medicina china para cuidar la salud de las personas”. No es nada de eso. Es un arte marcial, nacido en China, de la mano de grandes expertos luchadores, que además resulta ser un producto de la cultura marcial china y que añade el valor añadido de generar luchadores saludables y longevos, especialmente en el área de la funcionalidad y la independencia personal.

Y lo que se avance en la línea del deporte, del entretenimiento social, de la mera gimnasia, del New Wave, de la “auto-ayuda”, de la espiritualidad abstracta y sin esfuerzo, especialmente si es en detrimento de los elementos y objetivos originales, es una desviación, que no pienso ver con buenos ojos, que no apoyaré, con la que no me siento identificado y a la que no reconozco como TCC, con la que no acepto que me relacionen ni a mi ni al arte que practico y que no voy a justificar sólo porque a muchos les guste. “Mal de muchos consuelo de tontos”. Y opinión de muchos, fundamentada en que es más cómodo (y lucrativo) degenerar, hasta que todo parecido con el original sea meramente casual, que mantener la esencia de las cosas, no es sino otra versión de ese “consuelo de tontos”.